18 mayo 2019
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Errores y horrores

02 may 2018 / 04:45 H.

¿Fue el único escritor sensato Virgilio, que antes de morir ordenó quemar sus obras? Afortunadamente sus deudos no hicieron caso y tenemos "La Eneida". Hubo un poetastro local al que una administración compasiva le ofreció editar una pequeña antología. Exigió, fatuo, que editaran sus ripios en Obra Completa —varios volúmenes—, porque no debía ser mutilada. Afortunadamente no se publicó ni la antología. Entre ambas actitudes navegamos los juntapalabras, unos más inclinados a la destrucción, y otros creyendo neciamente en la posteridad. No olvidemos que esto es un peregrinar hacia el anonimato, al que decía Borges que los mediocres —y yo añado que los idiotas—, llegan un poco antes.
El mismo esquinado, ciego, y genial argentino, advirtió que habría enemigos de sus opiniones, pero que si esperaban un rato él mismo podía ser enemigo de ellas. Confieso que me pasa lo mismo con inusitada frecuencia cuando acudo a mi modesto archivo y releo alguna columna, para intentar no contradecirme en exceso. El bochorno se apodera de mi, porque he escrito demasiado y advierto muchas erratas, demasiados errores y sufro los horrores que me provocan algunos juicios temerarios que emití, publiqué, y están incólumes en la vengativa hemeroteca. Me sobran dedos de una mano para seleccionar las columnas que no quemaría.

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