05 diciembre 2019
  • Hola

Desconcierto e indignación

10 dic 2013 / 13:27 H.

La gente no es tonta y sabe perfectamente que hay innumerables partidas en las que se debería meter la tijera antes que mermar aún más el estado del bienestar y aniquilar a unas clases medias que dan sus últimos coletazos. Pocos dudan a estas alturas de que el Gobierno no tiene la valentía de revisar a fondo "vacas sagradas" como el Estado autonómico, el Senado, las empresas públicas deficitarias o las dietas de nuestros políticos. Parece más fácil que los españoles tengamos que "repagar" la sanidad, sufrir subidas de impuestos o pasar por caja antes de circular por nuestras decrépitas autovías al mismo tiempo que se permite que las empresas privadas que gestionan las autopistas naden en dinero a pesar de no gastarse ni en euro en su mantenimiento.

Este cúmulo de sinsentidos está socavando la confianza en un Gobierno que lleva poco más de cien días manejando los hilos de este país. Es cierto que esto no se arregla de la noche a la mañana, pero la sensación que se transmite a la ciudadanía no es nada halagüeña. Primero porque Rajoy está tomando unas medias que, no sólo no llevaba en su programa, sino que incluso había negado que llevaría a cabo. Y segundo, porque nos dan las malas noticias "por fascículos" ofreciendo una imagen de improvisación que hasta ahora había sido patrimonio del infausto Rodríguez Zapatero. Muchos compañeros periodistas han dicho por activa y por pasiva que es mejor anunciar todas las medidas y recortes de golpe que no darlos a sorbitos. Creo que si todos estamos de acuerdo en eso, Rajoy debería plantearse muy seriamente la opción de salir al estrado y anunciar en una comparecencia pública, y con derecho a preguntas de los periodistas, todas las medidas de ajuste que le quedan por tomar. No es de recibo que, por ejemplo, nos enteráramos de la intención de subir el IVA casi de tapadillo y por boca de Luis de Guindos, que además usó un vocabulario que previamente había que descifrar para entenderlo.

Y no nos olvidemos del paro, el principal problema de este país que parece relegado en pos de una reducción del déficit impuesta desde Bruselas. Los ciudadanos aplaudiríamos un golpe sobre la mesa del Gobierno ante la UE para dejarles claro que el objetivo de déficit debe quedar aparcado porque nuestra prioridad es crear empleo. Y esto va íntimamente ligado con que se acometa al fin una profunda reforma financiera que haga fluir el crédito para que los emprendedores puedan poner en marcha sus proyectos y así generar puestos de trabajo. Me repugna la idea de dar dinero a los bancos, pero nos guste o no dependemos de ellos y son los que tienen una de las llaves para que recobremos una relativa normalidad.

Si hay dos palabras que definen el sentir de los españoles en este momento esas son desconcierto e indignación. Desconcierto porque cada semana nos sorprenden con nuevas medidas que lo único que provocan es indignación, ya que sólo van en un sentido: exprimir aún más al ciudadano.