03 diciembre 2020
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Un cura 'perdona' a unos ladrones que le atracaron pero les reprocha que fueran de putas con su tarjeta

Asegura que no tuvieron "ni una mala palabra, ni un mal gesto" cuando le asaltaron en su casa y que incluso uno le besó la frente

El párroco de Pazos de Borbén (Pontevedra), víctima de un asalto a su casa en enero de 2013, destacó ayer el "trato exquisito" de los tres ladrones, pero les reprochó que le mintieran diciendo que necesitaban el dinero cuando en realidad "se fueron de putas" a un club en el que pagaron con su tarjeta.

El cura Jaime González, citado como testigo para el juicio que se iba a celebrar este martes en la Audiencia Provincial de Pontevedra y que se ha resuelto con un acuerdo de conformidad, detalló a la prensa que los asaltantes no tuvieron "una mala palabra" ni "un mal gesto" con él, e incluso uno de ellos, al despedirse, le besó la frente.

El sacerdote abundó en que no guarda "ningún trauma" del momento en el que estuvieron en su casa -incluso ironizó con el deseo de "que todos los ladrones fueran así"-, y comentó que la única amenaza que le hicieron fue relativa a si no les daba el PIN correcto de su tarjeta de crédito, ya que si tenían que volver, "a lo mejor la cosa variaba".

Tampoco se sintió intimidado por el cuchillo que exhibió uno de los asaltantes porque lo llevaba "como jugando con un molinillo de viento".

Lo peor llegó luego, durante la "noche negra, espantosa" que pasó, ya que cuando se marcharon lo dejaron maniatado con cables de teléfono y de un tensiómetro, lo que le produjo una gran hinchazón en las manos, hasta que al día siguiente lo encontró "medio grogui" su asistenta. "Eso sí que me dio miedo, pero el trato personal con ellos, exquisito. Lo firmo", aseveró.

Lo que no le perdona el cura de Pazos a sus asaltantes es que no pagaran con su tarjeta una compra o un juguete para un hijo, que le dijeron que tenían alguno, sino que se fueran a un club de alterne de Porriño (Pontevedra) y se gastaran cerca de 700 euros, además de otras cantidades en una gasolinera y de retirar 600 euros en un cajero.

En el primer caso, añadió, "no los disculpo ni justifico, pero sí me lo explico", pero cuando se enteró de que anduvieron de fiesta mientras él sufría maniatado le "dolió en el corazón" porque lo "pillaron allí para mentir".

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