20 abril 2019
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Una cuestión de solidaridad

11 feb 2019 / 04:45 H.

España nos une. Nadie puede dudarlo. Un país con sus luces y sus sombras. Exagerado para algunas cosas y timorato para otras. Con sus pros y sus contras, es el nuestro. Criticar lo que se hace mal no te convierte en menos patriota. Pero amparar a un presidente que negocia con golpistas, sí. Hay una línea roja que no se puede pasar. La unidad. La integridad territorial. Pero no por un mero capricho. No para seguir dibujando la piel de toro sin un agujero en el noreste. No por la idea rancia de "una, grande y libre". Simplemente por solidaridad. Porque todos debemos ser iguales. Porque no es justo que Cataluña, por el mero hecho de desafiar y tensar la cuerda, reciba más fondos en los Presupuestos Generales del Estado. Eso es inaceptable. Es ceder al chantaje. Claudicar ante unos parásitos que llevan años contaminando a todo un pueblo. Ese es el trasfondo de todo. Que Castilla y León, callada, acobardada y sumisa, es castigada. Que Cataluña, golpista, insultante y 'choriza', es premiada. Eso no es solidario.
A la izquierda nunca le ha gustado que la derecha salga a la calle. En cambio, la derecha siempre ha dado por sentado que la izquierda es la dueña de la vía pública. Por eso ayer "fumaban en pipa". Había que desacreditar la manifestación a toda costa. Que si PP y Cs se alían con la extrema derecha. Que si había menos gente de la esperada. Que si pululaban banderas preconstitucionales. Que si patatín, que si patatán. Se podrían criticar muchas cosas de la concentración, pero no el espíritu de su convocatoria. El mismo que acompañó a las miles de personas que salieron a las calles de toda España tras el golpe de Estado del 1 de octubre de 2017. El mismo con el que Barcelona se convirtió en un clamor el 29 de octubre de ese año con discurso de Borrell incluido. (¿Qué pensará el hoy ministro de Exteriores de todo esto?). Es el espíritu de la solidaridad. Y eso es más grande que el amor a una patria o a una bandera. Algunos decían ayer: "¿Por qué no se manifiesta toda esa gente por las pensiones, la sanidad, la educación y los sueldos congelados?". Aunque les parezca mentira, todo está relacionado. Si por algo Pedro Sánchez es un felón es por rebozar de millones a los que dilapidan los fondos públicos en su guerra contra España. Los que les importa un comino la sanidad, la educación y las pensiones. Y mientras el dinero llueve a cántaros sobre el palacio de la Generalitat, la España rural se desangra. Esa es la mayor felonía. Esa es la mayor traición. No nos engañemos. No es ningún juego de banderitas ni de quien es el que canta el himno más alto. Es cuestión de la pasta que nos están robando a los pobres para dársela a los golpistas.
Porque por encima del relator, la indecencia de una Carmen Calvo enloquecida y el diálogo frustrado, están los Presupuestos. Unas cuentas que aplaudí en este mismo espacio por su carácter social, pero que guardan una suculenta bolsa de billetes para intentar comprar al golpismo catalán. Qué pena que no tengamos un Gobierno socialista responsable que cerrara el grifo a semejante escoria y realizara las políticas sociales que tanto necesita este país. El problema es que las cuentas sólo pueden salir con el apoyo de los independentistas. Pero ni con esas. Los secesionistas ya han dejado claro que no lo harán, salvo que siga habiendo concesiones. Y antes de que lleguen, la única solución son las elecciones.
Por todas estas razones, en el PSOE están revueltos. Porque un socialista salmantino, cacereño, toledano o sevillano no puede apoyar semejante afrenta. La actitud de Sánchez va en contra de los pilares básicos de un partido que ha sido fundamental para España. Pero como siempre la maldita disciplina de partido coarta la libertad. Y eso que los ciudadanos agrad ecen esa rebeldía. Premian a los versos sueltos. Y más aún cuando estos socialistas quieren ser alcaldes o presidentes de comunidades autónomas cuyos ciudadanos se sienten robados. Despojados de la túnica de la dignidad. Porque saben que todo esto es una cuestión de solidaridad.