21 abril 2019
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Cristales blindados en el mirador de Ieronimus para que los turistas hagan fotos

Mantendrá las vallas anti-palomas en la zona superior, aunque muchos turistas las rompían para hacerse instantáneas

06 feb 2019 / 13:11 H.

Hace ocho años se instalaron 36 mallas en la Torre de las Campanas para evitar el efecto dañino de las palomas sobre el interior del monumento catedralicio. La musealización del segundo tramo de Ieronimus llevó a los turistas hasta la parte superior de la basílica constituyéndose en el principal mirador de la ciudad.

Sin embargo, la acción de algunos turistas rompiendo las rejas para poder hacer fotografías sin barreras ha provocado que las aves hayan vuelto a entrar al interior del templo. Para evitarlo, la Catedral ha iniciado esta semana la colocación de varios cristales blindados en la parte inferior de los vanos de las campanas con un doble objetivo: mantener las mallas en la parte superior —a 80 centímetros del suelo— para detener la acción de las palomas y la colocación de un cristal blindado transparente para que los visitantes puedan hacer sus instantáneas sin dañar las rejas.

Para trasladar los cristales, ha sido necesaria la instalación de una grúa de grandes dimensiones, ya que la estrechez de las escaleras del interior del recorrido turístico de Ieronimus hacía imposible la subida de estos elementos de construcción de forma natural. Dada la magnitud, se optó por elevar los cristales necesarios e introducirlos por las ventanas para garantizar que se pudiera ejecutar la obra. Los operarios ya han procedido a instalar los primeros elementos sobre los vanos respetando los principios de protección del patrimonio y garantía de una necesaria visibilidad para los turistas. Por el momento, ya se ha procedido a la instalación de ocho cristales.

La estancia superior de la Torre de las Campanas es accesible para el turismo desde el año 2013 dentro del recorrido de Ieronimus. El Ayuntamiento financió la restauración de la obra con la que se permitió la entrada a los visitantes cuatro décadas después de que se cerrara al público por el mal estado en que estaban las instalaciones de la basílica salmantina.