15 diciembre 2019
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Criminales al volante

06 may 2013 / 04:45 H.

Por mucho que en los últimos años haya bajado notablemente el número de fallecidos en las carreteras españolas, este país sigue teniendo un problema a la hora de mentalizarse de que se deben cumplir estrictamente las normas de tráfico. Con la excusa del "afán recaudatorio" de las administraciones, algunos justifican que se puede ir a 160 kilómetros por hora en las autovías, que no hace falta ponerse el cinturón de seguridad o que no pasa nada por tomarse unos vinos antes de conducir. Nada de eso. El primer paso para exigir mayor flexibilidad es cumplir las normas establecidas y asumir que no tenemos las autopistas que posee Alemania ni gozamos de la filosofía de los ciudadanos del norte de Europa donde se impone la responsabilidad.

Con estos mimbres los españoles sólo entendemos el castigo para enmendar nuestros errores. Uno de los pocos aciertos del Gobierno de ZP, el carné por puntos, fue clave en la disminución del número de víctimas. Ahora el Ejecutivo del PP no puede quedarse de brazos cruzados y optar por su histórico "pasotismo" con todo lo relacionado con la educación y la seguridad vial. Aunque suene impopular se deben tomar medias como la colocación de radares fijos sin previo aviso, el aumento significativo de los controles de alcoholemia, la reducción de la velocidad máxima en ciudad a 30 kilómetros por hora, el endurecimiento de las penas para los criminales que no respetan una línea continua o no guardan la distancia de seguridad y el marcaje a todos los extranjeros que piensan que la carreteras españolas son el circuito del Jarama.

Pero nada de esto tiene efecto si cada cierto tiempo vemos que algunos personajes públicos son noticia por comentar infracciones de tráfico. Tenemos recientes los casos del expresidente de Nuevas Generaciones, Ignacio Uriarte, el torero José Ortega Cano y los futbolistas Benzema y Ballack, pero todos recordamos las temeridades protagonizadas por el fallecido Fernando Martín, Farruquito y el profesor Jesús Neira. Todos ellos hacen un flaco favor a la lucha contra los accidentes y merecen toda nuestra repulsa porque nos invitan a pensar una cosa: hemos conocido su historia porque una vez les "pillaron", pero imaginamos que otras muchas veces cometieron otras tantas infracciones aunque por desgracia nadie les vio.

El último en sumarse a esta lista negra es Miguel Ángel Rodríguez, periodista y secretario de Estado de Comunicación con José María Aznar. Este personaje, que partir de ahora no merece ni el más mínimo respeto, fue "cazado" en Madrid por cuadriplicar la tasa de alcoholemia. Una indecencia injustificable por mucho que haya pedido perdón. La sociedad debe empezar a ver a estos energúmenos como al hombre que mata a su mujer o al ladrón que asalta una casa y se "carga" a sus dueños. Son criminales con mayúsculas que en lugar de una pistola usan su coche como arma.