05 diciembre 2019
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¿Corruptos por naturaleza?

18 feb 2013 / 17:08 H.

Si los que manejan nuestros impuestos meten la mano en la caja, nos dará igual pagar más, controlar el déficit y hacer recortes porque solo servirán para maquillar un problema que es mucho más profundo.

No quiero decir con esto que los españoles llevemos la corrupción en la sangre y perdamos la honradez que se supone al nacer en cuanto vemos mucho dinero a nuestro alrededor. Pero sí tenemos un componente de picaresca y de trampa que va con nuestra cultura (la del Lazarillo de Tormes) y que tiene distintos grados. Nos encontramos el que simplemente se aprovecha de su cargo para enchufar a un conocido (algo que se diga lo que se diga haríamos todos) hasta el que trinca a manos llenas sin ningún pudor. Entre estos dos extremos hay un sinfín de prácticas ilegales que ahora están saliendo más a relucir que nunca por la grave situación económica que atravesamos.

Como digo, esa cultura de la trampa no es propiedad de los cargos públicos, porque también la tiene gran parte de la sociedad. Si nos surge la opción de no pagar el IVA, la mayoría no lo pagamos; si hay algún resquicio para no cumplir con Hacienda, algunos se arriesgan, y si se puede cobrar una ayuda por un familiar que ya ha muerto, los jetas de turno lo hacen. Y esto es consecuencia de lo primero. Es decir, si intentamos evadirnos de nuestras obligaciones con el fisco es porque pensamos que ese dinero se va a malgastar o va a acabar en los bolsillos de algún político corrupto. Es la pescadilla que se muerde la cola.

La solución a este círculo vicioso es compleja porque insisto que está muy metido en la cultura mediterránea. Si algo bueno ha traído la crisis es que la ciudadanía se ha vuelto mucho más sensible a los casos de corrupción. Nos escandalizamos con más facilidad cuando vemos que un político o un empresario no se han comportado conforme a la ley y se ha conseguido que, en cuanto eso sucede, la palabra dimisión ha empezado a aparecer y esos personajes sufren el escarnio público. Es un pequeño paso, pero aún queda mucho por hacer. Los partidos políticos juegan un papel fundamental en cambiar esta cultura ya que, hasta la fecha, han sido muy pusilánimes con los corruptos que han tenido en sus filas. El PSOE defendió apasionadamente a la larga lista de delincuentes que nacieron al abrigo del "felipismo", Rajoy no ha sido nunca contundente con los ladrones de la trama Gürtel y sindicatos e IU han mirado para otro lado en el caso de Bankia porque tenían a algunos de los suyos saqueando la antigua Caja Madrid. Esto demuestra que algunos de los que tocan poder, en un momento u otro, se corrompen y encima manchan la imagen de las personas honradas (que aún quedan) que trabajan en los bases de los partidos políticos de manera encomiable, con unos ideales sólidos y que no tienen aspiraciones de llegar a la cima.

Entre todos tenemos que intentar darle la vuelta a la tortilla intentando ser más honrados en nuestro día a día, promulgando una educación en valores para que las nuevas generaciones no vean la trampa como el camino más fácil y denunciando cualquier situación anómala que se produce en nuestras instituciones. Es la única manera de que poco a poco se cambie una mentalidad que es, sin duda alguna, la que nos ha arrastrado a esta situación tan dramática.

España tiene muchos problemas y por eso estamos como estamos, pero uno de los más graves es sin duda el de la corrupción. En general los países mediterráneos padecen este mal desde casi el principio de sus días y por este motivo jamás alcanzaremos la calidad de vida de los nórdicos por mucho que nos vayamos más de fiesta que nadie, tengamos bares a cada metro y nos acostemos los días de diario a las doce de la noche.