22 marzo 2019
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Conrado: el torero asceta de Ciudad Rodrigo que defiende su libertad a capa y espada

La historia de uno de los ciudadanos más ilustres de la localidad

14 ene 2019 / 12:04 H.

Ya han pasado dos años desde que Conrado aceptó ser protagonista de mi blog, una entrada triunfal, pues caminandoyrelatando no había recibido hasta entonces semejante aluvión de visitas. 
 
Desde entonces, nos hemos seguido viendo a menudo, por la calle, camino de su alojamiento-refugio y especialmente en el hogar de Unicaja. La tarde de ayer, era  de esos días que los medios anunciaban fríos polares para quedarse en casa viendo el comecocos, que luego no era para tanto, solo el frío normal de un mes de enero normal, lo elegí para conversar un buen rato con él, siendo la libertad el toro que nos salió por el chiquero.
 
Al terminar de leer el artículo de Yuval Noah Harari sobre la piratería del cerebro humano, de cómo intentan por todos los medios que nuestras decisiones y sentimientos sean manipuladas para conseguir unos fines a todas luces interesados, anulando por completo uno de los bienes más preciados que tenemos como sentenció D. Quijote a Sancho: LA LIBERTAD, pensé en Conrado. Pues tan solo viendo cómo se mueve, cómo interactúa entre la gente que llega a ese local que dirige de forma magistral David, uno pronto percibe que nuestro torero asceta no es de este mundo, por lo que está a salvo de que le hackeen su cerebro.
 
Es lo primero que me dice este maestro zamorano con profundas raíces en nuestro pueblo, es libre, pero el precio de la libertad conlleva un alto impuesto que has de ir pagando a lo largo de tu vida. Él lo ha pagado con creces, reconoce que a veces ha sido demasiado duro, pero al final ha merecido la pena, pues con ello ha conseguido alcanzar “su felicidad”. 
 
Insiste una y otra vez Conrado en utilizar el posesivo a la hora de hablar de personas, de emociones, de sentimientos, de circunstancias, que hacen que cada persona sea única y no comparable a las demás. Me encantó escucharle en este punto, disfrutaba hablando, cómo si hubiera comenzado su faena con el capote, herramienta que no prodigó demasiado.
 
 Ahí radica uno de los grandes problemas a los que se enfrenta la sociedad según él, tener siempre en el ojo de mira al vecino, al familiar, al que sale en la tele, para comparar, cultivando la envidia, limitando enormemente el disfrute personal. Le pregunto qué filosofía personal utiliza para afrontar esa lucha en  defensa de su libertad. Toda libertad tiene un precio y el suyo ha sido mantenerse al margen, sin ataduras, ejerciendo de monje rural y urbano, según las circunstancias, con el fin de no ser rehén de comentarios o personas.
 
Ello le ha llevado a veces a aislarse, una contradicción en una persona que cuando lo tienes enfrente en el trato directo es un gran conversador, pero él insiste que su libertad está por encima de todo. Muy reacio a participar en conversaciones de grupos donde cada uno intenta llevar el toro a su terreno, sin tener en cuenta la faena en conjunto. Pero no es Conrado una persona que pase desapercibido, por lo que cuando recorre las calles del pueblo recibe cantidad de muestras de cariño, son los nuevos “likes” de la era digital, a la que ve como un enemigo con mucho más peligro que los toros.
 
Cambiamos de tercio, llegamos al momento más interesante de la faena, lidiamos la ilusión, un motor de muchos caballos de potencia, que le ha llevado a recorrer una vida totalmente diferente a la que vivimos la mayoría. 
 
Un día me dijo que su ilusión iba cuesta abajo, ello me dejó un tanto descolocado. Ayer me lo explicó gráficamente. A sus 92 años, a pesar de que física y mentalmente está genial, su cuerpo y espíritu notan los estragos del tiempo. Persona, como no podía ser de otra forma, enormemente disciplinada, le cuesta cada vez más echar a arrancar su cuerpo por las mañanas y su espíritu echa en falta al toro y su público, especialmente en estas fechas que ya van oliendo a carnaval. Mi cuerpo es como un árbol, que poco a poco ha ido perdiendo flexibilidad y a la vez ganado rigidez. Para que la cosa no vaya a más sigue cada mañana cogiendo su inseparable muleta para torear de salón pegando pases al viento, arrimando la tela a su cadera, sintiendo la respiración del toro, es ahí donde está el arte, algo que echa en falta en muchos de los toreros actuales. Me mira fijamente, sus ojos chisporrotean, parece mirar al tendido, esperando el estruendo de los aplausos. Su libertad, le permite ejercer la crítica sin ataduras, critica el toreo actual,  no se casa con nadie, ni con Juan del Álamo con quien por lo que me cuenta le une una gran amistad.
 
La vida no perdona, los años quizás le hayan llevado a dejar el centro del ruedo, donde él era feliz, escuchando a toda la plaza cómo lo jaleaban, recuerda cómo al final cuando no lo conocían no confiaban en él y luego se entregaban, lo que hace evidente, que muchas veces juzgamos a las personas por su apariencia no por lo valiosas que son en sí.
 
Prefiere Conrado los caminos de tierra a los asfaltados, dan mucho más juego para lucirse como artista, también cómo persona, para charlar o simplemente saludar a personas abandonadas, que no han querido entrar como él en el chiquero convencional que a veces es la vida.
 
Hoy Conrado camina más por caminos asfaltados, urbanos, pero es bueno que este asceta, nos recuerde de vez en cuando que otra vida es posible, que vivir sin ataduras de “likes”, de consumo innecesario, de disfrutar de un partido de fútbol sin depender de qué equipo eres,  se puede vivir.  Esta es la clase que me dio sobre su filosofía de la vida en la plaza que ahora lidia sus días.
 
Es curioso que él que nunca fue a la escuela, imparta clases magistrales a los que tenemos la suerte de conversar con él, son las grandes contradicciones que tiene la pedagogía, ¿por qué a veces nos empeñaremos que la escuela esté alejada de la vida? Recuerda con gran cariño las  clases que impartía en los colegios de Ciudad Rodrigo, cuando lo llamaban los maestros por carnavales, a pesar de que a veces no veía a los niños con mucho sentimiento. Es que este Conrado asceta y torero es muy exigente.
 
Antes de rematar la faena, topamos con los problemas, auténticas cornadas de la vida. El que diga que no tiene problemas miente, me señala a todos los clientes que en ese momento echaban su partida de cartas. Hay que utilizar mucho temple para saber lidiarlos e intentar que no dejen secuelas, como las cornadas que ha recibido que lo han hecho mejor asceta.
 
Fue una faena larga, no importaron los avisos que nos dieron, quizás nos devolvieron el toro, pero es que para lidiar a Conrado y su vida hay bregar mucho. Cuando salía, me fue a despedir, como se despiden a los toreros de la plaza, siempre tan educado. Seguía recogiendo discretamente el menaje ya utilizado, antes de regresar a su aposento caminando y sorteando el devenir del día a día, para seguir  atesorando su preciosa libertad. Gracias Conrado.