05 diciembre 2019
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Chorizo a mucha honra

28 feb 2013 / 12:38 H.

Un claro ejemplo de esto que relato es Luis Bárcenas, que cada día nos deja alguna perla que lo hace digno de aquel eslogan publicitario: soy chorizo "porque yo lo valgo". En primer lugar justificó ante el juez que los 38 millones de euros que llegó a tener en Suiza eran fruto de su "buen hacer". Eso mismo podría decir El Dioni ya que hace falta tener poca vergüenza para llamar al robar "buen hacer". No contento con esto, el tesorero más famoso de este país denunció al PP por despido improcedente en una maniobra que tiene muchas más sombras que luces. Sin el menor pudor no duda en pedir una indemnización al partido que le permitió -consciente o inconscientemente- amasar una ingente cantidad de dinero en el país de los Alpes. Y lo que rebasa todos los límites de la indignidad es la intención de Bárcenas de apuntarse al paro para cobrar una prestación de 1.000 euros mensuales. Todo este cúmulo de provocaciones dejan algo claro: este señor pretende cachondearse del ciudadano y especialmente de los que no llegan a fin de mes.

Con este panorama lo mínimo que ha podido hacer el juez es retirarle el pasaporte ya que el colmo era ver al chorizo del pelo canoso engominado viajar a Canadá para hacer montañismo como el que se va a pasar el domingo a La Alberca. Una democracia supuestamente consolidada como la nuestra no puede permitir que gentuza así se ría del ciudadano. No sé si la solución es un pacto anticorrupción, una reforma del Código Penal o unos jueces como Dios manda, pero nadie duda que estos comportamientos son intolerables.

A esto se le añade que el español tiene más paciencia que el santo Job ya que en estos momentos Bárcenas no debería salir a la calle sin sentir miedo. Si el extesorero tuviera el convencimiento de que si asoma su caradura a la puerta de la calle se la pudieran partir o al menos que sufriera los merecidos insultos de una población indignada con razón, a lo mejor las cosas cambiarían. Chorizos así no pueden tener sensación de impunidad, y si la tienen judicialmente, que al menos no la tengan en la sociedad.

La degradación moral que sufre este país hace que una persona ya no se pueda sentir orgullosa por ser un reputado investigador, por ganar una olimpiada de matemáticas o por salvar vidas a diario. Los que de verdad llevan muy a gala sus logros son los chorizos, corruptos o trincones y todo debido a que en pleno siglo XXI imperan unos valores putrefactos que van más allá de la picaresca que siempre nos ha caracterizado.