23 abril 2019
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Los cazadores ilustres que han pasado por Salamanca

El rey Juan Carlos, Manuel Fraga, Baltasar Garzón, Esperanza Aguirre y los reyes Carlos Gustavo y Silvia de Suecia han visitado la provincia para disfrutar de su pasión

11 feb 2019 / 08:47 H.

Los privilegiados cotos con lo que cuenta Salamanca se han convertido en el mejor reclamo para cazadores con un alto poder adquisitivo. Aristócratas, políticos, jueces, empresarios o incluso reyes han encontrado en la provincia el lugar ideal para practicar la caza mayor.

La última visita del rey Don Juan Carlos (al menos conocida) tuvo lugar en marzo de 2004, cuando se alojó en la finca "Las Ahijaderas" de Las Veguillas. Allí participó en una jornada de caza de perdiz al ojeo invitado por Alfonso Sánchez Fabrés. El día anterior se soltaron 6.000 perdices, de las cuales el monarca abatió 162. En otra de sus visitas a la provincia, el ahora rey emérito tuvo además el privilegio de cazar uno de los famosos machos monteses de Las Batuecas en una jornada que se llevó con absoluto secretismo.



También los reyes Carlos Gustavo y Silvia de Suecia han disfrutado en Salamanca de días de caza, igual que en su día lo hicieron el entonces Príncipe Felipe y Eva Sannum.

Junto a la realeza, han recalado en Salamanca políticos como Manuel Fraga o Esperanza Aguirre y jueces como Baltasar Garzón, otro gran aficionado a este deporte.



Desde hace años el turismo cinegético se ha convertido, además, en un rentable negocio que está atrayendo a la provincia a un turista extranjero de lujo. De la mano de empresas que se encargan de organizar estos tours por las fincas y procedentes principalmente de Estados Unidos y Europa, estos cazadores pagan elevadas sumas de dinero por disfrutar de su afición favorita.

En la provincia existen una decena de grandes fincas que se dedican a este negocio que va a más y que les aporta importantes ingresos. No en vano, por matar un jabalí pueden llegar a pagar hasta 800 euros, más de 1.000 euros por un corzo o superar los 1.500 si se trata de un ciervo.
Las empresas cinegéticas encargadas de organizar estos viajes se ocupan de todo, desde tramitar las licencias hasta contratar a los ojeadores. Este tipo de fincas suele garantizar un mínimo de capturas a cada cazador, previo desembolso de importantes cantidades de dinero.



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