20 abril 2019
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Carvalho, problemas de identidad

12 feb 2019 / 05:00 H.

No debe de ser fácil aceptar el reto de meterse en el personaje de otro. Y más sabiendo que hubo quien lo hizo desde la garantía de su nombre, como el gran John Banville, que recuperó a Philip Marlowe en "La rubia de ojos negros" y casi se descalabra. Para un referente del Noir español como Carlos Zanón, también existían los riesgos al revivir al mítico detective de Vázquez Montalbán en Carvalho. Problemas de identidad. Aunque, según parece, el escritor catalán, primero poeta y letrista de canciones, le puso música a su respuesta a la semana de recibir el encargo y dijo que era como "si los Stones te piden que subas a hacer una canción con ellos. Puedes acojonarte o salir a competir".
A Zanón le sobraban arrestos y calidad literaria así que se lanzó al escenario con la tranquilidad nerviosa de los grandes creadores. Ni los Carvalhianos más puristas, ni los colegas envidiosos consiguieron que le temblara el pulso mientras construía ese relato poderoso e incontestable que ya va de edición en edición. El éxito que muchos le auguraban mientras otros, agazapados en las esquinas se empeñaban en asegurar que no sobrevendría, tiene mucho que ver con que Zanón ha sabido mantener su esencia y su manera de contar inalterables, sin caer en la tentación de imitar al inigualable Vázquez Montalbán.
En realidad, el propio Zanón tiene un estilo irrepetible que ha jugado a su favor. Y eso que debutaba en hacer un policial, en contar en primera persona y en reconstruir un personaje ajeno, que volvió suyo con un inteligente giro metaliterario: incorporar a su inventor a la narración, como vecino del detective. Una idea con la que jugó en vida, en sus artículos de Interviú, el propio Vázquez Montalbán.
El resto fue pan comido para Zanón, experto conocedor del género negro, que alguna vez ha descrito como un "Galdós con dos hostias", y poseedor de un alma oscura que ya había mostrado y demostrado en novelas del calibre de Yo fui Johny Thunders, No llames a Casa, o Taxi. Zanón hace literatura con lo que le duele. Y lo de menos son las tramas de prostitutas miserables, hombres que pretenden cuidar a las mujeres pese a ellas o casadas infieles atrapadas por sí mismas que aparecen en esta novela.
Lo vital en esta historia, como en toda su obra es esa radiografía de una sociedad decepcionada, que en el caso de Carvalho, problemas de identidad, navega entre Madrid y Barcelona sorteando la incertidumbre del Procés y esquivando los zarpazos de un mundo inhóspito, donde a nadie le resulta sencillo encontrar su lugar.