19 marzo 2019
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La bonita historia de la escultura que homenajea a los vecinos de esta localidad salmantina

El artista Marcos Rodríguez Maíllo elabora la obra que presidirá la plaza de Garcibuey en tan solo unos meses

14 ene 2019 / 09:18 H.

Una pulidora, fresolines, radiales y las manos de un artista como herramienta principal. Estos son los ingredientes básicos para trabajar un bloque de pizarra originario del municipio de Valero de casi 10.000 kilos de peso, la pieza sobre la que Marcos Rodríguez Maíllo talla sin prisa pero sin pausa una escultura muy especial.

"Con esta obra queremos homenajear a todos los vecinos de Garcibuey que participaron en la construcción del estanque de La Palla y las conducciones de agua, un reconocimiento a toda esa gente que las pasó muy estrechas y que consiguió crear una red completa de abastecimiento en el pueblo en un momento en el que no había hormigoneras y se amasaba el cemento en el suelo", explica el artista de Villanueva del Conde.

Fue en los años 40, una época en la que los vecinos de los pueblos tenían que solventar sus necesidades con sus propios recursos, sin ayudas ni subvenciones, y en la que el interés común primaba sobre todas la cosas lo que impulsó a los garcibueños a trabajar codo con codo con sus conciudadanos para conseguir un sistema de riego para los huertos y el ganado que eran el sustento de todos.

Como si quisiera emular las dificultades que hace 70 años vivieron estos modestos obreros serranos, Marcos García ha comenzado su colosal obra que entraña una serie de dificultades: "Es peor para trabajar la piedra que la madera porque hay que pulverizar y quitar el polvo, además la pizarra no se puede golpear, hay que ir con cuidado", aunque la elección de este material no ha sido casualidad: "Aunque en la Sierra es más característico el granito en sitios como Valero abunda la pizarra, de hecho este bloque es de ahí, se ha desprendido de una roca de forma natural por la erosión y hemos tenido que transportarla con una grúa", asegura Marcos.

El pico, la pala, el martillo, el legón y hasta el botijo quedarán perpetuados en esta gran piedra en el centro del pueblo, por ser éstas algunas de las pocas herramientas y enseres que se emplearon en la construcción del estanque y las conducciones de agua de más de cuatro kilómetros de largo, aunque no faltarán representaciones típicamente serranas para adornar los instrumentos de trabajo que posibilitaron el regadío en el pueblo: "Tengo pensado tallar una parra y diferentes animales situados entre las herramientas, además en la parte posterior de la pizarra intentaremos hacer referencia de alguna manera a los que participaron en la obra".

Al aire libre trabaja Marcos Rodríguez Maíllo, como lo hicieron en su día los garcibueños responsables de La Palla por los que el artista siente sin duda una gran admiración: "La gente no valora la esencia de la obra, lo que significa a nivel de subsistencia captar agua totalmente natural para regar su pueblo y que ese estanque siga ahí después de 70 años".

El estanque de La Palla no sólo sigue ahí, sino que además con el paso de los años se han encontrado más usos para él, que ahora además sirve de depósito para que los efectivos contra incendios de la Sierra de Francia puedan captar agua para combatir el fuego que cada vez más protagoniza los veranos de la provincia.

En unos meses, si la meteorología lo permite, estos modestos peones verán su recompensa convertida en piedra, presidiendo la plaza del pueblo como reconocimiento a su gran arrojo.



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