TERCERA DIVISIÓN

El Unionistas apela otra vez a la épica para ganar a la Arandina (2-1)

Los goles de Chamorro y Cristo le dan la vuelta al tanto inicial de Lucho

07.10.2017 | 22:20
Oskar Martín pelea con Kali. | morgan

Siete veces "¡Cristo!", le dedicó a coro Las Pistas al jugador extremeño con ese tonillo que emplea el Bernabéu para despedir a sus cracks. Un calco. Había ya acabado el partido y la grada se arrancaba los correajes cantando. El desarme general. Astu mandaba hacer piña en las inmediaciones del círculo central, los tres puntos estaban ya en la buchada. Seis de manera consecutiva. Uno detrás de otro... y todos ellos conquistados de la misma manera: casta. Dos veces casta en el caso de este sábado. Casta para dar y regalar, como resumen.

Las Pistas como talismán inapelable. Pasan por encima de cualquier estado de depresión. Las alarmas más que encendidas: la pretendida vuelta de hoja en la segunda mitad en el limbo... La Arandina no levantaba la vista del guion trazado desde la banda por su míster, que era, a la postre, el de los dos conjuntos. La primera mitad como muestra: el conjunto burgalés engatusó al Unionistas, le quitó la pelota y le forzó, luego, sin pausa, a tenerlo. En un visto y no visto el conjunto de Astu pasó de defenderse y bascular de acá para allá, a tener que mandar, al ritmo que imponía, eso sí, el rival. El control del choque en diferido. Era un ahora esto y después aquello. Y así llegó el tanto de Lucho: un pim, pam, pum en jugada de estrategia. Desde el córner —se discutió quién fue el último en tocar el balón...—, para ser más precisos. La puso Rodri muy pegadita al primer palo. La peinada hacia atrás, y la defensa del Unionistas con el molde ante la carambola. Viéndola concluir. El extremo de la Arandina remachó a placer con el ecuador del primer tiempo cumplido. La jugada le salía, entonces, redonda a la Arandina. A los de Astu le pasó obligada factura. Más que flaqueza, desazón: medio equipo persiguiendo a Kali: Chuchi y Chamorro offisde... Hasta el minuto 56. Pese a que el arranque del segundo tiempo fue pura dormidina —otra vez el rondo del embobe—. La pareja de mediocentros se las cobró todas juntas: la falta desde el costado derecho, a unos cinco metros del córner. La línea recta del balón en busca de la cabeza de Chamorro. El capitán sobre todos; y el empate. La maquinaria de la remontada, en marcha. Tambores de guerra.

Los cinco minutos siguientes fueron de locos. El Unionistas desbocado: la asociación en corto y en largo. Los centrales sacando ahora el balón jugado. El centro del campo al fin plantando cara y saliendo airoso un lance sí y otro también. El diapasón del partido era ya frenético. Y, lo más importante para el Unionistas, el guion de la Arandina hecho añicos. Ni trasto del dominio... A Piña se le fue el pie cuando Cristo merodeaba la salida del balón y de ahí salió un latigazo para el 2-1. El derechazo rasante y pegado al palo. Un misil. Mediavilla revolcado por los suelos...
El crono cambió de bando: media hora de partido por delante. La Arandina se enrabietó para nada. La defensa del Unionistas formó una coraza que no solo repelía balones, sino que, además, generó un par de contras que pudieron matar el choque. El punto de mira se desajustó por completo. La última de Cristo, la picadita sobre el portero en la media salida, hizo las veces de epílogo.

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