30 octubre 2020
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La influencia del COVID en los trastornos de conducta alimentaria

USTA (Unidad Salmantina de Trastornos de la Alimentación) trabaja las 24 horas con los grupos de apoyo y con las terapias individuales aun en confinamiento

E L COVID-19 está teniendo un gran impacto y muy negativo en nueve de cada 10 personas con trastorno de conducta alimentaria.

Los síntomas pueden exacerbarse por la interrupción de sus actividades diarias, terapias, grupos de apoyo, comedores terapéuticos. Todo esto queda suprimido por aislamiento social. También los cambios en el sueño, la actividad física y miedo al contagio.

Los enfermos mentales a veces no conocen bien su enfermedad y se les hace difícil comunicar sus emociones por lo que pueden retrasar la búsqueda de ayuda. Esto es más relevante cuando el TCA coexiste con otras patologías mentales.

El aislamiento repercute en el estado de ánimo. Las noticias y redes sociales sin límites no ayudan a nada en un escenario de exceso de información.

En las familias donde se tiene un trastorno de conducta alimentaria (TCA), las situaciones han sido muy variadas. En algunas, la propia familia es un elemento de control y cuidado: en otras, la conflictividad ha provocado ansiedad con la comida. Y tambien hay situaciones en las que la soledad también se ha regulado con la comida.

Uno de los principales puntos de angustia y es estrés ha sido la reducción en la prestación de servicios de salud y la discrepancia para su acceso. Las altas en las unidades de hospitalización se adelantaron, las terapias se suspendieron, se dejaron a los pacientes sin ningún recurso ni se les desvió a áreas donde sí se seguía trabajando.

La peor carta de presentación de un enfermo es ser “enfermo mental”, y si eres adolescente “padecer un trastorno de conducta alimentaria”. ¿Cuándo cambiaremos esto?

Contenido patrocinado por USTA

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