MÚSICA

Juanma Latorre, guitarrista y compositor de Vetusta Morla: "El Multiusos reúne las mejores condiciones para iniciar la gira"

El grupo nacional más laureado ha elegido Salamanca para comenzar mañana su gira nacional | Las ventajas técnicas del Sánchez Paraíso han sido decisivas

27.04.2018 | 11:49
Juanma Latorre, guitarrista y compositor de Vetusta Morla.

Cumplen veinte años como grupo y diez desde sgu celebrado primer disco, "Un día en el mundo". Sus siguientes trabajos, "Mapas" y "La deriva", les han consagrado hasta la cumbre del rock nacional. Son los reyes de todos los festivales y este año han elegido Salamanca para presentar en España su cuarto disco de estudio, "Mismo sitio, distinto lugar", tras siete conciertos triunfales de presentación por Latinoamérica. Juanma Latorre, guitarrista y uno de los compositores del grupo, explica el momento vital de la banda madrileña.

– Una pregunta obligada como aperitivo. ¿A qué debemos el honor de acoger el inicio de la gira?
–Son varios factores. El primero, más práctico, es que el Multiusos reúne las condiciones para probar durante varios días aspectos como las luces y la escenografía y ajustar detalles. Y luego es que hacía muchísimo que no íbamos a Salamanca, una ciudad a la que tenemos mucho cariño y nos encanta. Y aquel concierto en la Plaza Mayor en 2009... ¡fue increíble!.

 -¿Qué sensación han recibido en las primeras presentaciones en América?
–Muy buena y en muchos sentidos. Era una incertidumbre saber cómo iban a comportarse unas canciones grabadas de una manera tan alejada de lo que es una interpretación en directo. Los arreglos del disco tenían que estar ahí. Y hemos comprobado que funciona genial.

– ¿Cómo afrontó Vetusta Morla la composición de su cuarto disco?
–Las letras de "Mismo sitio, distinto lugar" hablan de transformación, de la búsqueda de tu verdadera identidad. Nos encontrábamos en un momento en que necesitábamos un chute de ilusión, de reto. Esta vez hemos utilizado instrumentos que no controlamos muy bien, Las canciones llegaron al estudio de grabación deliberadamente sin terminar. Eso nos provocó muchísima ansiedad e incertidumbre, pero nos ha permitido llegar a sitios increíbles.

–Les preocupa sentirse estancados y huyen de su ´zona de confort´. ¿Diría que esto les diferencia de otras bandas actuales?
–No lo sé. Habrá gente a la que le pase, mi opinión aquí es irrelevante. Cada uno tiene que sentirse a gusto con lo que hace, porque eso es lo que transmite. En nuestro caso, ponernos a prueba todo el rato es uno de nuestros rasgos diferenciales, y es lo que nos emociona e ilusiona. ¿Que hay otros artistas que no quieren salir de su zona de confort? Pues sí, pero eso no es necesariamente malo, su propuesta puede estar bien así.

– Estaba pensando en algunos nombres, pero mejor lo dejamos, ¿no?
–Sí (risas), vamos a llevarnos bien con todos, que luego me los encuentro por ahí.

–¿Cómo será el espectáculo que veremos mañana en Salamanca?
–Traemos un propuesta escénica muy basada en lo visual. Estamos muy contentos con nuestro escenógrafo Maxi Gilbert, con el que ya trabajamos en "La deriva". Traduce muy bien el carácter de la sensaciones al lenguaje visual. Y tenemos una artista en nuestras filas, Begoña Aróstegui, que dibuja de manera muy artesanal las imágenes que ocupan el escenario junto a nosotros. Más allá de eso, lo descubriremos juntos mañana en Salamanca. ¡Cruzamos los dedos!

–Se cumplen diez años de su exitoso primer trabajo, "Un día en el mundo". ¿Qué diría hoy al Juanma que ese año decidió dejar su trabajo en Radio 3 y dedicarse profesionalmente a la música?
–Al Juanma músico estaría tentado de darle ocho mil consejos de padre, pero mejor no le diría nada porque los acontecimientos desde entonces se han dado de una forma inmejorable, con todas sus palmadas, sus frustraciones, tristezas y desesperaciones. Pero hemos llegado a donde estamos por algo y no querría que cambiase nada. Y_al periodista que dejó la radio le animaría. Aquello era mi vocación, me gustaba mucho, pero le diría que lo que iba a venir sería muy hermoso y que merecía la pena la renuncia.

-¿Y en qué ha cambiado desde entonces el panorama musical? ¿Se ha difuminado la frontera entre el manido término "indie" y la música más comercial?
–Han cambiado muchas cosas y varias veces en estos diez años. Esa frontera entre el indie y el mainstream para mí se ha difuminado y ha sido para bien, porque la música es música que nos emociona, nos gusta y está bien hecha, o no, solo en  función de que sea capaz de motivar a la gente. Pero luego se ha abierto otra brecha diferente, que es casi una mutación genética en el modo de entender y consumir la música. Por un lado, estamos los grupos que vamos a festivales y que sacamos discos físicos, que miles de personas tienen la generosidad de comprarlos, que nos gastamos mucho dinero en estudios de grabación,  y luego están otros artistas que están en el streaming, en la música digital, que no hacen álbumes sino canciones sueltas y que apenas dan importancia a la música en vivo porque a la gente que les escucha tampoco les importa. Ojo, yo no juzgo. Solo creo que este cambio es un fenómeno para que estemos atentos para ver cómo evoluciona.

–¿Una especie de música fast food?
–Yo no le adjudicaría un término que suena peyorativo. Prefiero no hacer juicios de valor. Cuando sucede lo que esta pasando con el trap, el reggaeton y todo este mogollón, con millones de escuchas en Spotify y YouTube, a mí más que indignarme me despierta mucha curiosidad. Esa gente consume música de otra manera, pero está interesada en la música. ¿Cómo hacer para atraer ese interés hacia un ámbito como el nuestro? Y no me refiero a que Vetusta Morla haga reggaeton, sino a que hay cosas que podemos aprender de todo eso.

-¿Fue el fenómeno de los festivales masivos lo que hizo estallar la etiqueta ´indie´?
–Bueno, así lo creo. Los festivales han sido muy positivos en España. Hace más de una década surgió un interés creciente por escuchar música con cierta falta de prejuicios sobre estilos y géneros, y mucha música también de nuestro país. Los festivales supieron capitalizar muy bien esta demanda y coserla a una propuesta de ocio veraniego que va más allá de la música .
 
– Cuando oyen mencionar a Vetusta Morla como banda de referencia en el rock nacional y ven las expectativas que despierta cada disco, cada gira... ¿sienten vértigo? ¿Cómo se vive día a día esta autoexigencia?
–Yo procuro no pensar mucho en ello. Si te paras un poco a pensar, sí que da vértigo. Nuestro trabajo se mueve en un contraste muy fuerte entre lo íntimo y lo público. Lo que hacemos nace de una habitación en la que contamos una emoción, algo que sentimos, una historia que nos apetece contar y que nos sale del corazón. Pero, por otro lado , se proyecta a un nivel que en nuestro caso y afortunadamente es un poquito masivo. Si piensas en los 6.000 que pueden estar mañana en Salamanca, piensas que habrán sacado dinero de donde no tienen para comprar la entrada, y que nuestras canciones ya forman parte se su vida. Y tú les entiendes porque en su día hiciste lo mismo para ir a ver a REM; a U2, a Radiohead.... Por eso cuando me acuerdo de que a la gente le pasa eso mismo con nosotros, me da tal responsabilidad que me puedo caer redondo (risas).  Así que procuro no pensarlo.

– Llevan juntos 20 años y en alguna ocasión se han referido a sí mismos como ´un matrimonio de seis´. ¿Qué importancia concede a esta amistad para que siga funcionando la creatividad?
–En nuestro caso es fundamental. Nosotros nos somos músicos virtuosos ni una banda que tenga un líder. Pucho lo es en los directos, lleva el peso de transmitir la emoción d e las canciones, pero él no las compone. Por otra parte, el líder del ritmo es David... Tenemos un esquema de grupo bastante horizontal, por decirlo así, muy basado en la química entre nosotros y no precisamente en que seamos grandes músicos. Eso hace que la relación entre nosotros esté bien y que tengamos ganas de seguir viviendo aventuras juntos.

– Y si se produjera un divorcio de este matrimonio, ¿podría sobrevivir Vetusta?
–Creo que sería otra cosa. Pero bueno, nadie se imaginaba a La Oreja de Van Gogh sin Amaya Montero y luego mira... No ha habido muchos casos, pero quién sabe, podría suceder. En todo caso, habría que cambiar el nombre del grupo. Nuestro equilibrio es muy particular, se alimenta de cómo somos cada uno de nosotros y de nuestra relación.

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