28 junio 2022
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Una ganadería única en Salamanca con todos los animales en peligro de extinción

María Teresa Garrido tiene en Topas una de las escasas explotaciones de vacuno de España donde todos los animales son de esta raza en peligro de extinción

18 may 2022 / 07:58 H.
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La pasión ganadera de la familia es la raza berrendo en negro, en peligro de extinción con solo unos 1.000 ejemplares en Salamanca. Fue el abuelo de María Teresa Garrido quien compró las primeras reses de esta raza y su padre quien se quedó con 6 de ellas y decidió convertir la ganadería en exclusiva de berrendo en negro. Nada de toros de otras razas para conseguir becerros con más carne y de mejor venta, como hacen otros ganaderos.

Él, Julián Garrido, apostó por los berrendos en negro hace 40 años y es ahora su hija, María Teresa, la que se incorporó como ganadera para seguir con esta tradición, que continuará probablemente su hijo Óscar -Del Río- porque ha heredado esa pasión.

Ahora tiene 140 ejemplares berrendo en negro en Topas, cuando lo habitual de ganaderos que apuestan por esta raza es mantener una veintena de vacas puras y el resto, ejemplares de otras más productoras de carne. “Posiblemente sea la ganadería que más berrendo en negro tenga de Castilla y León y casi de Extremadura”, dice Julián.

María Teresa siempre cuidó el ganado con su padre y fue hace 3 años cuando dio el paso de mantener así la explotación, al prejubilarse Julián.

Ella reconoce que es una raza de la que se exige estar “enamorado” porque es “antieconómica”. Para obtener la máxima rentabilidad se dedica a la venta de animales para bueyes y del resto, para vida, pero el mercado es muy limitado por las pocas explotaciones que la demandan. Acude a las ferias, como Salamanca, o la de Zafra para promover la raza. “La gente la ve blanca y negra y piensa que es de leche”, cuenta. Y mantiene las dos líneas, la capirote -cabeza negra, cuerpo blanco, patas negras- y la aparejada -cabeza negra, patas negras, y listas negras a los lados del cuerpo y blanco en la superior-. A ella le gustan más las aparejadas “pero tiene que haber de todo para que elijan”.

Según nace el becerro se ve si cumple con la raza “porque si por ejemplo tienen un lunar, no vale o tampoco si se junta lo negro de la espalda con las patas negras”, explica María Teresa. Nada más nacer los castra ella misma -salvo los que quiere dedicar a sementales- y algunos serán cabestros porque María Teresa intenta meter más a esta raza en un mundo, el taurino, más de berrendos en rojo. “Conocen la voz que les guía y van por donde quieres”, cuenta. Uno de sus recuerdos de feria es el de su hijo subido a un “pedazo de toro”. “¡La de fotos que le hicieron porque no se creían que fueran animales tan dóciles!”, recuerda.

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