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Llegó la pandemia y los agricultores y ganaderos se convirtieron en héroes. Eran los que nos alimentaban. Y muchos lo pasaron muy mal con el cierre de restaurantes. Y los ganaderos se encontraron con el gran problema de no poder vender sus animales porque no había a quién y casi los regalaban. Pero eran héroes. Y, como héroes, aguantaron.

Llegó la invasión rusa de Ucrania y volvió el llamamiento a esos mismos héroes porque teníamos que comer. En este caso, porque Rusia y Ucrania son actores principales en producción de cereales y oleaginosas y el riesgo era el de quedarnos desabastecidos.

En marzo de 2022, Bruselas autorizó incluso a los agricultores a sembrar tierras que iban a quedar en barbecho porque era necesaria una mayor producción. Y los agricultores volvieron a sacar su capa y, a pesar de que gasóleo, luz o fertilizantes estaban altos, se subieron a los tractores.

La guerra sigue y con los costes más caros que nunca, los agricultores volvieron a sembrar cuando en muchos casos hacerlo con las condiciones de la nueva PAC, lo desaconsejaba. Y sembraron con esa capa. Y la cosecha fue pésima. Y en toda España. Y cuando la oferta es escasa, como ocurrió al empezar la invasión rusa, el precio del cereal se supone que sube. Pero ahora que la oferta es escasa en España, hace meses que el cereal no deja de bajar.

Y ese agricultor que era un héroe y alimentaba a su población, se encuentra con que no se alimenta ni a sí mismo porque el cereal entra de otros países y el suyo vale bastante menos de lo que le costó producirlo. Y no entiende nada. Y parece que a nadie le importa que no lo entienda porque el objetivo de los países es bajar la inflación a nivel mundial con la subida del precio del dinero y el descenso de la materia prima.

Y al agricultor, a quien también le han vendido que existe una Ley de la Cadena Alimentaria que garantiza que cobre al menos el coste de producir, no le salen las cuentas.

Y el ganadero, que lo pasó tan mal en pandemia, ve que el cereal está por los suelos y que, en cambio, el pienso baja despacito. Y que la paja está imposible mientras se produce con ella energía y sin que el Gobierno tenga intención de frenarlo. Yvuelve a envidiar al francés y su apoyo al campo. Y como el ganadero no puede con tantos costes, quita animales. Y como hay poco ganado, baja la oferta. Y como el coste es cada vez más alto, debería subir el precio. Pero no. El precio del vacuno sube muy despacio porque si aumenta, el consumidor no puede pagarlo. Entonces el ganadero pierde.

Y el tostón sube porque cuesta producirlo pero si es mucho, no se vende y también se lo queda el ganadero. Y el ganadero ve que pierde cuando vale y cuando no. Que cuando está barato allá se las arregle y si está caro, traemos de fuera, como ahora los lechazos. Y si el consumidor que quiere comprar producto español, aunque le cueste más, no se entera, pues mejor. Como pasa con la miel. Y las organizaciones agrarias han dicho que basta ya. Y los héroes, hartos de ser héroes caídos, están en que pase el siguiente que a mí ya me da de todo menos la risa.

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