24 enero 2021
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Lavandín con olor a Nueva York cultivado en Salamanca

A Jesús le gusta emprender, quizás por sus años en Estados Unidos. Ha llegado a Salamanca con un cultivo nuevo y aparca su carrera de arquitecto por el campo

Nació en Nueva York, vivió en Madrid donde estudió Arquitectura para luego regresar a Nueva York. Después de su vuelta a España y de ejercer como arquitecto, Jesús Aparicio -31 años- decidió dar un giro a su vida y dedicarse a emprender en el campo y en Salamanca. Tenía familia nacida aquí y un terreno que le ha permitido innovar con un cultivo, el lavandín, que ha llegado con él a Salamanca. El año pasado plantó casi 5 hectáreas para probar y este, después de comprobar el buen resultado, su objetivo es crecer para alcanzar su objetivo de llegar a las 50 para incluso destilar aquí, algo que requiere una inversión más elevada.

“Siempre tuve vinculación con el campo, con familiares que eran agrónomos y creo que conocer otros sitios ha hecho que me lanzara a emprender”, explica.

Eligió el lavandín -híbrido entre la lavanda y el espliego- por distintos motivos: vio que era rentable, buena alternativa para secano y su terreno parecía adecuado porque drenaba bien y el ph medio no era bajo. Hasta el año pasado se dedicó a visitar otras explotaciones que han apostado por el lavandín en Soria, Zaragoza, Guadalajara, Murcia, Barcelona ... y ha tenido, dice, la suerte de que muchas personas le han ayudado a entender este cultivo. Está muy agradecido, por ejemplo, a la organización agraria ASAJA y en concreto a la técnico Rebeca Bustillo, que le ha prestado todo su apoyo. Después de muchos viajes interiorizó el proceso de producción del lavandín e incluso el de destilación, aunque de momento no dará ese paso.

“Es una alternativa buena para los jóvenes por su rentabilidad”

Jesús tiene claro después de su búsqueda que si alguien necesita su ayuda para iniciarse en este cultivo, la tendrá, porque además está convencido de que el lavandín tiene futuro.

Se destina a elaboración de productos de limpieza y de cosmética y mantiene que la rentabilidad puede estar en torno a los 2.250 euros por hectárea, después de una inversión de unos 2.500-3.000 euros por cada una de ellas. Este dinero va destinado sobre todo a plantas -cuesta unos 20 céntimos cada una y se necesitan entre 10.000 y 12.000 por hectárea- y es necesario disponer de una plantadora. La planta tiene un ciclo de 12 años de vida útil, con máxima producción a partir del tercer año.

Para cosechar hay maquinaria específica pero se puede adaptar una picadora de maíz. Hay dos tipos de lavandín, el súper y el grosso -uno con más calidad y otro con mayor producción- y él apostará por dar la mitad de extensión a cada uno de ellos. “Es una alternativa buena para los jóvenes”, dice en relación a esta planta aromática que suele confundirse con la lavanda y florece de julio a agosto.

Pero Jesús no se queda solo con el lavandín en su inmersión en el campo. Ahora también ha empezado a comprar ganado -ha apostado por la raza limusín- y tiene previsto cultivar cereal y forraje también en su explotación.

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El lavandín es muy demandado porque su aceite se utiliza como base para fijar esencias en cosmética, jabones... Pueden obtenerse según las variedades unos 80-100 litros de aceite por hectárea, con un precio de entre 20 y 30 euros por litro.

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