La falta de lluvia deja una campaña de aceituna menor de la esperada
No llovió en agosto o septiembre y las precipitaciones de ahora llenan el fruto de agua
Corresponsales
Salamanca
Domingo, 16 de noviembre 2025, 17:19
El calor del verano y la lluvia tardía han provocado un descenso en la campaña de aceituna de las sierras del sur, como en Lagunilla, donde la lluvia de estos días está retrasando la recogida de la aceituna de almazara que queda en la zona.
Así lo explica el presidente de la cooperativa de la localidad, Damián Tocino, al señalar cómo faltaron las lluvias de agosto y septiembre, que son las que hacen un buen fruto. Y es que para verdeo se ha recogido menos aceituna de la que se esperaba porque el fruto quedó muy consumido por la falta de precipitaciones que permitieran que la aceituna fuera engordando.
Los calores en torno al 15 de agosto y el incendio de Jarilla, en la provincia de Cáceres, se dejaron notar con temperaturas nocturnas que no bajaban de los 27 grados. Y es que desde Lagunilla se veía cómo se extendían las llamas desde la tarde en que se originó. «Estábamos de frente», explica el presidente y el calor venía de allí. La aceituna terminó arrugándose con lo que no servía para verdeo.
Las lluvias de ahora han venido también mal porque el fruto no tiene rendimiento para el aceite. Es mucho agua lo que tiene la aceituna y menos rendimiento graso. Al menos, el primer aceite que se sacó, el que hacen de prensa en frío, ha salido de notable calidad.
Se esperaba un millón de kilos en Lagunilla y se habrán recogido 500.000 de verdeo. En cuanto a la aceituna de almazara, irán por los 200.000 kilos. Ayer apenas se recogió aceituna por la lluvia. Las instalaciones abrieron y recogieron apenas un par de remolques pequeños. El tiempo no acompañaba para salir al campo.
El precio tampoco ha sido bueno este año. Como se esperaba una mejor campaña, los mayoristas establecieron un precio más bajo que luego, al ver que ha habido mucha menos cantidad, no han modificado al alza. Y es que el problema no es único en Lagunilla, ya que, como detalla Damián Tocino, la situación en Extremadura es aún peor, si cabe.
Desde Lagunilla se ha encontrado una empresa en Córdoba donde enviar también fruto. Unas instalaciones que muelen 70 millones de kilos al año y que, en cierta medida, pueden amortiguar la pérdida de esta temporada.
Ahigal de los Aceiteros, una campaña estable condicionada por el tiempo
La campaña también se está desarrollando en Ahigal de los Aceiteros marcada por la climatología. Tal y como explica Loli Sánchez, de la almazara de Aceiteros del Águeda, ubicada en esa localidad, comenzaron la recogida durante los días finales de octubre «y hasta ahora solo estamos elaborando aceituna certificada que se recoge durante el día, se entrega por la tarde y se elabora acto seguido, con lo cual trabajamos con la máxima calidad posible en el aceite ya que el tiempo que transcurre es mínimo y evitamos que se oxide y a menos acidez, mayor calidad», comenta.
Una campaña que «no está siendo mala, lo que pasa es que hemos tenido cinco meses sin lluvia lo que ha propiciado que la aceituna estuviera muy pequeña. Todavía es pronto para hablar de previsiones». Sobre el agua que está cayendo en las últimas jornadas «puede ser perjudicial porque esos días no se puede recoger la aceituna, porque el agua ya no le afecta. El problema es que si la aceituna se sobremadura se cae al suelo y este tiempo hace que el proceso se alargue algo más de lo debido», explica Loli Sánchez.
El calor de octubre también ha condicionado al resultado final. «Esas altas temperaturas han acelerado el ciclo vegetativo lo que provoca que la aceituna se ponga negra antes», pero insiste: «Aún es pronto para valorar cómo es la campaña, yo creo que se mantiene estable en los últimos años». Para esta almazara existe un principio clave y fundamental. «Antes que la cantidad preferimos la calidad, queremos que el aceite se defienda haciendo de ella nuestro sello diferenciador. El consumidor aprecia esa calidad y nosotros somos una almazara sostenible, apostando por el ecosistema, por las variedades autóctonas, recogiendo y elaborando con rapidez y poniendo en valor el territorio», comenta.
En ello juega también un papel vital las visitas guiadas a su almazara que ofrece la propia Loli, acercando este proceso «para que el consumidor pueda entender y valorar la importancia del proceso y cómo trabajamos para ello».