26 mayo 2020
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El testimonio de dos ganaderos de ovino salmantinos: “Es un crimen no esquilar las ovejas”

Agustín Sánchez y José Pérez Donís hablan de la difícil situación del sector

08 may 2020 / 09:35 H.

Agustín Sánchez, ganadero desde hace 20 años y que cuida su rebaño en Los Santos, tiene claro dos cosas: que nunca había vivido un momento tan malo como este en su oficio, y que por muy mal que le vaya, ahora mismo no puede abandonar, porque dice que ya supera los 50 años.

Si la venta de los corderos le lleva preocupando desde que se comenzó la crisis por la pandemia del coronavirus, ahora la imposibilidad de encontrar esquiladores también le quita el sueño porque, mantiene, “es un crimen no esquilar a las ovejas”. “Los animales luego no se cubren bien y encima hace mucho calor en julio y no se pueden llevar a sitios frescos, porque no los hay”. En su caso trabajaba con dos esquiladores de Marruecos a los que el confinamiento ha pillado en su país y a los que ahora mismo les resulta imposible entrar en España. También descarta esquilar las ovejas él mismo porque “tenemos ya años y ni queremos ni podemos aprender” y además, “tenemos muchas vacas”. “Dejarlas sin esquilar es un crimen pero...”

Encontrar esquiladores españoles es ahora mismo un imposible porque esas cuadrillas trabajan con los ganaderos que ya eran clientes en los años atrás y él sabe que si al final se levanta el Estado de Alarma y entran en España los dos esquiladores desde Marruecos, quizás ya sea demasiado tarde. Ellos tienen su ruta marcada y ahora en abril ya estarían en Extremadura y Andalucía, algo que tendrán que hacer en esta ocasión a partir de mayo.

¿El fin del rebaño de ovejas negras?

José Pérez Donís y Faustino Seronero.
José Pérez Donís y Faustino Seronero.

José Pérez Donís mantiene en Cantalpino un rebaño único de unas mil ovejas castellanas, todas negras, que comenzó a formarse hace casi 90 años y que ahora cree que puede ser el momento de vender porque las ovejas “no son rentables”. “Y si no lo son para mí, que encima tengo pastos y de todo...”

Su rebaño es uno de los más completos de castellana de la Región, de los pocos que hay, y desprenderse de él supone romper con lo que ha sido parte siempre de su familia. Se encuentra con el problema de la venta de corderos por la crisis y ahora también con la del esquileo, porque contrataba cada año a unos polacos que ahora tienen imposible la entrada. “Este año tendrán que dejarse sin esquilar”, dice, a pesar de que sabe que no es nada bueno.

A la falta de esquiladores le suma que el pastor está a punto de jubilarse y “el campo es muy esclavo y nadie quiere estar en él”. Y luego, el bajo precio de los corderos en general y la penalización de las ovejas por ser negras, algo que ocurre con la venta de las pieles. Afortunadamente los exportadores de corderos a países árabes no discriminan por el color, aunque sí por el sexo: solo quieren machos porque las hembras engrasan más. Y ese es otro problema porque antes todos, machos y hembras se vendían igual para lechazos pero por el cierre de la hostelería se ven obligados a cebar más hembras. De ovejas su peso no es alto, por lo que el precio, tampoco. “Nada más que salga comprador, vendo”, anuncia.

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