30 octubre 2020
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El secreto del mejor vino de Salamanca

Cualidades como las variedades de uvas autóctonas, el clima mediterráneo y el suelo hacen que la Denominación de Origen Arribes del Duero sea de gran calidad

En Arribes del Duero se dan unas condiciones ecológicas especialmente favorables para el cultivo de la viña: suelos dotados de fertilidad y frescura, formados por granitos pizarrosos, un clima diversificado por efecto del relieve conformado en dos grandes unidades morfoestructurales: la penillanura y las laderas propiamente dichas del gran cañón diseccionado por el curso del río Duero y sus afluentes (Tormes, Uces, Huebra y Águeda) en el zócalo granítico.

La estrecha y alargada zona de producción comprende 47 municipios en el suroeste de la provincia de Zamora y el noroeste de la provincia de Salamanca, presentando en toda ella un paisaje de encajados cañones graníticos y espectaculares desniveles de hasta 500 metros, producidos por un discurrir torrencial del río Duero a lo largo de 140 kilómetros, donde en sus valles beneficiados por unas especiales condiciones climáticas se encuentra la viña. La delimitación geográfica de la Denominación de Origen Arribes comprende una superficie total de 4.800 hectáreas, de las cuales actualmente 300 hectáreas están inscritas en el Consejo Regulador, explotadas por 190 viticultores.

En el año 2002, la comarca fue declarada por alto valor ecológico Parque Natural de Arribes del Duero, reconocimiento que se extiende a tierras portuguesas buscando la cooperación en la protección y conservación de un paraje rico, tranquilo y mínimamente alterado por la mano del hombre.

El camino de Las Arribes: desde un territorio agrario colonizado hasta la Denominación de Origen

Existen una serie de hechos que nos inducen a pensar que Arribes del Duero ha sido un espacio agrario colonizado desde muy antiguo por el cultivo de la viña, hasta el punto que, quizá, se trate de una de las primeras y más antiguas zonas vitivinícolas de la cuenca del Duero. Ya que existen dos hipótesis de trabajo en este sentido, una que hace coincidir la entrada del viñedo en el Duero por su nacimiento con la colonización romana y otra que sitúa la llegada de la viña mucho tiempo antes, con las rutas comerciales de los fenicios y el puerto natural que se forma en la desembocadura del río Duero, en la actual ciudad portuguesa de Oporto, por donde ascendería hasta este singular espacio la vid y aquellas incipientes técnicas de vinificación. Lo más probable es que ambos planteamientos puedan ser compatibles, y por tanto podría considerarse esta zona de auténtica transición por lo que ha podido ser precisamente un punto de fusión de ambas penetraciones, de ahí que este territorio como sus contiguos del noroeste peninsular, estén considerados como reservorios varietales por su gran riqueza y diversidad en clases o castas de uvas, como correspondería a una zona de paso.

Hemos de remontarnos al año 1988 para buscar el inicio de la Denominación de Origen “Arribes”. Fue en aquel momento donde se realizan los primeros pasos con la administración para obtener la Denominación de Origen. Habría que esperar diez años, hasta el 24 de septiembre de 1998, para que fuera otorgado el calificativo de “Vino de la Tierra Arribes del Duero”, que, tras años de esfuerzo, unificaba dos zonas de gran tradición vitivinícola localizadas entre Zamora y Salamanca, y vinculadas geográficamente por el recorrido fluvial del magnánimo Duero.

En el año 2004 se consigue dar un paso hacia delante y es entonces cuando comienza a ser “Vino de Calidad de Arribes”.

El 27 de julio de 2007 se publicó en el Bocyl la orden que daba aprobación V.C.P.R.D. Denominación de Origen Arribes, por la que aprobó su reglamento y vino a reconocer la tradición vitivinícola de la comarca, impulsando, de esta manera, la conservación de variedades autóctonas minoritarias y la reactivación de la zona cuya población sigue manteniendo la ilusión por el cultivo de esos viñedos arraigados en bancales, legado histórico de sus antepasados.

Los exhaustivos controles y procesos de calificación de los vinos

El control y proceso de calificación de los vinos se realiza con los máximos criterios de calidad contemplados en el Reglamento de la Denominación de Origen Arribes. De manera que los vinos que deseen llevar al marchamo de calidad de la Denominación de Origen deben estar localizados en depósitos o partidas de botellas de características homogéneas. La toma de muestras se realizará en la bodega y será practicada por los Servicios Técnicos del Consejo Regulador, cuando el vino esté preparado y previamente a su salida al mercado.

Todos los vinos para su calificación precisarán del correspondiente análisis físico-químico que será realizado por la Estación Enológica de Castilla y León, siempre buscando las características óptimas en los vinos. Además, estos vinos, deberán superar el correspondiente análisis organoléptico, es decir deberán ser sometidos al examen de nuestros cinco sentidos, para estudiarlo, analizarlo, describirlo, y finalmente si supera los parámetros preestablecidos, calificarlo, como apto o no. El Comité de Cata estará formado por un mínimo de cinco expertos, procedentes de todos los sectores implicados en el vino: viticultores, elaboradores, administración, enólogos y consumidores.

Las producciones de la D. O. Arribes del Duero

La variedad más característica es la “Juan García”, una variedad de uva autóctona y mayoritaria que goza de todas las condiciones para abrirse un hueco importante en un mercado que cada día demanda más vinos con personalidad claramente diferenciada. Otras variedades tintas que ayudan a potenciar los vinos, utilizadas en la Denominación de Origen Arribes son Tempranillo, Rufete, Bruñal, Garnacha, Syrah y Mencía.

Como uva blanca la variedad principal es Malvasía Castellana o Doña Blanca, perfectamente complementada con Verdejo y Albillo. En la actualidad trabajan en una modificación del Pliego de Condiciones para incluir variedades autóctonas como la Puesta en Cruz (Blanca) o Gajo Arroba, Bastardillo Chico, Tinta Jeromo o Mandón (Tintas).

Las 18 bodegas inscritas en el Consejo Regulador producen todos los tipos de vino: blancos (jóvenes y fermentados en barrica), rosados y tintos (jóvenes, robles, crianza, reserva y gran reserva).

La principal diferencia con el resto de zonas, y que se traduce en los vinos son las variedades autóctonas de la zona, el clima mediterráneo y el suelo formado por granitos y pizarras.

Los vinos blancos están, mayoritariamente, elaborados con la variedad Malvasía Castellana o Doña Blanca. Se trata de vinos brillantes, de color paja con matices verdosos, en general pálidos. Los vinos fermentados en barrica presentan mayor intensidad de color, siendo amarillo dorado. La intensidad aromática es media alta, caracterizándose por las frutas de pepita, las frutas exóticas (piña, maracuyá) acompañadas de suaves notas cítricas. Aparecen recuerdos florales (jazmín, rosa) y algo de tomillo y paja mojada. Algún recuerdo de pan tostado y torrefacto, así como un toque de yogur. Son vinos secos, de acidez equilibrada, con delicado amargor que les confiere persistencia, ligeros y a veces algo picantes.

En los fermentados en barrica se aprecian mayor intensidad y complejidad aromáticas, con un adecuado ensamblaje entre variedad y madera, meloso, persistente.

Los vinos rosados son limpios, de intensidad media, de color grosella con matices fresa. En nariz tienen intensidad alta, con aromas a fruta roja (fresa, frambuesa) cítricos (pomelo, naranja) florales y algo vegetal. Se aprecian notas lácteas y un recuerdo mineral. Boca, melosa, equilibrada, algo amarga, picante y cálida, equilibrada y persistente.

Los vinos tintos son limpios, de intensidad media, cerezas con matices granate. De intensidad media en nariz, agradables y carácter personal. Aromas a frutas rojas (ciruela, grosella) y negras, recuerdos a pimiento. Especias como vainilla y regaliz, y en alguno se aprecia un toque de madera. Recuerdos balsámicos (incienso, eucalipto), ahumados. Algo de frutos secos y mineral. La boca presenta vinos secos, de acidez media, levemente amargos, algo ligeros y persistentes. Gran estructura, cuerpo y prolongado paladar en su paso por la boca. Muy apto para el envejecimiento en barrica.

Las armonías más recomendables:

Los blancos son fragantes y aromáticos, por tanto el maridaje es muy amplio (pescados, aves, foie ligero,...)

Los rosados son intensos y estructurados: arroces, pastas, ensaladas, aves,...

Los tintos con cuerpo, afrutados y elegantes: carnes, caza, asados, quesos curados...

Contenido patrocinado por Denominación de Origen Arribes.