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Cerezos en Sotoserrano de Isabel Pérez Alonso, a la izquierda. Los de Miguela Romero Blanco están un poco más abajo. TEL
El futuro de las cerezas en la sierra salmantina está en el aire

El futuro de las cerezas en la sierra salmantina está en el aire

El envejecimiento de la población y la dureza del trabajo dificultan su mantenimiento | El fruto de fábrica tiene mejores perspectivas que el destinado a mercado

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Domingo, 16 de abril 2023, 00:24

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“En la Sierra no se puede vivir de la cereza, es un trabajo muy duro”, señala Carmen Alonso, presidenta de la cooperativa de Cepeda, que mantiene 45 socios que entregan cereza, aceituna y ciruela.

Una opinión que comparte Joaquín Camaces, presidente de la cooperativa de Sotoserrano, al explicar que “no hay futuro” para la cereza en la Sierra porque “cada vez hay menos kilos y los jóvenes no lo trabajan porque no compensa”. Si acaso, añade, puede sobrevivir la cereza destinada a fábrica, pero no la de plaza o mercado, que es más delicada y da más trabajo. También opina en términos similares Antonio Labrador desde San Esteban de la Sierra: “Creo que el precio al que se compra no alcanza para poder tener rentabilidad económica. Es una cereza única y de muy buena calidad, pero los precios a los que se pagan no son rentables. Los agricultores están quince días, doce horas sin parar y te salen a 70 euros lo que ganan, pero añade el mineral, los tratamientos, el combustible para desbrozar y arar....” Además, destaca otro de los problemas, el de la climatología, al señalar cómo el año pasado se helaron y se perdió la mitad de la producción. Y es que, añadido a la dureza del trabajo y la poca rentabilidad por los costes, puede llegar una helada o una tormenta y acabar con la producción en pocas horas. Por eso, la mayoría de los propietarios de cerezos los tienen por herencia familiar o complemento a la actividad económica dado que viven de otros sectores, como pueden ser las cárnicas en la zona de Guijuelo o Sotoserrano. “Es que no encuentras a dos o tres que vivan totalmente del campo; tienen otros trabajos”, explica Carmen Alonso, mientras que Camaces corrobora y señala: “El campo que queda es más familiar, hay poca gente que viva directamente del campo”.

Hay tres producciones principales en las sierras que tienen perspectivas muy diferentes. Por un lado, la cereza y los problemas que señalan los productores y, por otro, la vid. El vino ha recibido un notable impulso gracias a iniciativas como la puesta en marcha de la DOP, la creación de la Ruta del Vino de la Sierra o la apertura de nuevas bodegas. En la mitad está el olivo, que ha tenido que soportar también notables costes, sobre todo en el caso de las almazaras, por culpa del consumo energético y del traslado del orujo hasta las plantas de tratamiento.

Floración como impulso al turismo

Pese a estas perspectivas, el cultivo de la cereza mantiene una importante dimensión y repercusión en localidades de la Sierra, “donde sigue representando mucho”, según explica el alcalde de Villanueva del Conde y diputado de Turismo, Javier García Hidalgo. Señala la importancia en pueblos como Garcibuey, Sotoserrano o Madroñal, sin olvidar Cepeda, Villanueva, San Miguel de Robledo o Miranda, entre otras muchas localidades del entorno. Y añade un aspecto positivo y que puede servir de apoyo en el futuro para la zona: la importancia turística del cerezo en flor. “La floración tiene cada año más tirón y se nota porque en las redes se publica y provoca que la gente acuda. No hace falta ir al Jerte con el atractivo de que es una zona más sinuosa”.

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