04 diciembre 2021
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El drama de los ganaderos con vacas de leche: “No quiero que mis niñas vivan así”

Pedro Blázquez empieza a trabajar cada día a las 7 de la mañana y no acaba hasta las 9 de la noche, también domingos y festivos

25 nov 2021 / 22:31 H.
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Por cada litro de leche que producen sus vacas y que entrega a la industria, Pedro Blázquez pierde seis céntimos porque a él le pagan 32-33 y el coste de producción está fijado en unos 38-39.

¿Por qué sigue entonces con sus vacas de leche? Este ganadero lo tiene claro: “El ganadero no lo deja hasta que se arruina porque somos de los que seguimos hasta el final, convencidos de que esto es lo que sabemos hacer y que tenemos que continuar. Por lo general en el campo no se hacen cuentas y estamos cada día en la misma rutina, sin dejarla”, dice.

La suya, la de los lunes, martes, miércoles... pero también domingos y festivos consiste en comenzar a trabajar en su explotación de Macotera a las siete de la mañana y no dejarlo hasta las nueve de la noche porque tiene que ordeñar dos veces al día a sus 50 vacas. Él no tiene robot, así que tiene que llevar al ganado hasta la sala de ordeño, colocar a las vacas y luego ocuparse de la limpieza y de dar de comer a terneros y novillas.

Y este último año, aunque siga sin hacer cuentas, llegan las facturas, cada vez más altas, y el ganadero es cuando se da cuenta de que así no se puede seguir. Y eso que él es de los afortunados porque como no se ve apretado como otros ganaderos a pagar al momento cada camión de pienso que recibe. “Ahora mismo no se fían porque nos ven más achuchados. A mí me lo sirve mi cooperativa”.

La solución que le dan sus amigos para mejorar su situación es que aproveche que sus instalaciones son grandes y nuevas para así ampliar el número de vacas y conseguir rentabilizar la explotación ganadera, porque además de leche vende los terneros de sus vacas.

“Me dicen que amplíe y coja a algún trabajador pero me da mucho miedo porque si luego se va y no encuentro a más, me tocaría ordeñar a mi solo las 100 vacas y es algo que no puedo hacer. Tampoco es fácil encontrar gente y, aunque fuera así, su horario nunca será como el mío, como es normal, y yo seguiría con mi trabajo como ahora”.

Así que Pedro tiene cada vez más claro que, si esto sigue así, cuando se jubile no lo hará con vacas de leche porque las habrá dejado antes. Tampoco quiere este futuro para sus hijas. “No quiero que mis niñas vivan así -dice-. No sé qué pasará al final pero si fuera por mí aquí no se quedaban. Yo tengo 53 años y cada vez menos ganas y fuerzas para trabajar”, dice. “Esto es muy esclavo”.

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