06 diciembre 2019
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El antiguo método de predicción meteorológica que corre peligro en Salamanca por el CO2

El único especialista salmantino todavía no tiene claro qué tiempo hará en 2020 por culpa de la contaminación

13 ago 2019 / 20:41 H.

Desde que era niño a Manuel Briz le enseñaron a interpretar el cielo. Fue su padre, cuando apenas tenía ocho años, el que le metió en el cuerpo el gusanillo de las cabañuelas, el antiguo método de predicción meteorológica con el que cada mes de agosto tratar de descifrar cómo será el tiempo del año siguiente.

Desde el pasado día 2 está inmerso en el estudio de las cabañuelas de ida, analizando los fenómenos meteorológicos que se producen cada jornada, y asegura que todavía no tiene nada claro de cómo vendrá el año. Por culpa de la contaminación esta vez le tocará esperar a lo que ocurra con las ‘retorneras’ desde mañana hasta el día 25.

Desde que se levanta a las siete de la mañana, el trabajo de Manuel estos días es mirar al cielo y lo primero que hace es fijarse en el sol. “Miro si tiene ‘cejo’ (una especie de círculo que suele rodearlo) o ‘moraña’ (neblina) y lo anoto todo”, cuenta.

A continuación, pasa a comprobar la dirección del viento, que es otra de las claves. “Si no lo tengo claro lo que hago es tirar un papelito (vive en un séptimo piso) y ver de dónde viene”. En las cabañuelas, si el viento viene del este se le conoce como ‘solano’ y “es indicativo de sequía y frío porque es el que llega de Siberia”. Al que llega del oeste se le llama ‘poniente’ y generalmente le acompaña alguna nube porque procede del océano Atlántico. “Me fijo en lo que pasa con esas nubecillas en las siguientes horas. Si crecen significa que habrá un frente de lluvias y si se diluyen, lo contrario”, explica.

LOS DETALLES

Maestro. Manuel Briz aprendió gran parte de lo que sabe de un experto de Toledo que era, además, el encargado de coordinar al resto de entendidos que antiguamente había por toda España. “Todos los años le teníamos que enviar un informe con las predicciones que cada uno hacíamos de la zona que nos correspondía. Con todas ellas hacía un libro que vendíamos y con el que recaudábamos dinero para obras benéficas”, cuenta. Su contacto con la gente del campo, primero como maestro y luego como empleado de banca, también fue fundamental.

Carnet de cabañuelista. Hace años los expertos en este antiguo sistema de predicción meteorológico contaban con un carnet que les distinguía. Con los años acabó desapareciendo, aunque Manuel lo guarda todavía con mucho cariño.

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