Pueblos de Salamanca

El carro agrícola, un medio imprescindible

Hablar de este instrumento fundamental para la gente del campo es hacerlo del 'Tío Paco', el carretero del pueblo, un oficio no exento de dificultades

16.05.2016 | 14:06
Fotografía tomada en Zorita en 1927.
Fotografía tomada en Zorita en 1927.

Era el fiel aliado del agricultor y el elemento imprescindible para los trabajos del campo, en verano para el acarreo  de los haces de las mieses, colocados en los estacones para dar altura y más capacidad de carga y  después sujetados  con las maromas,  desde las parcelas segadas, la descarga en la era para la formación de la parva o el acumulo en las hacinas. Era el medio que transportaba a las paneras los costales de trigo , cebada  o algarrobas,  y  la paja al pajar, colocando las barcinas o redes de cuerda  que aumentaban la capacidad encalcando o apretándola, aunque los encalcadores bajaban del carro hechos unos zorros, llenos de paja y polvo hasta los ojos.
 
Debajo de su sombra, en la era, descansábamos durante la hora de la siesta, tendidos en una manta, y siempre acompañados por él o los perros que aprovechaban la única sombra que había en toda la superficie de la era. A veces, cuando les veía, me daban una cierta envidia porque disponían de tiempo de estar a la sombra, cosa que nosotros no podíamos hacer, ya que trabajábamos desde la  madrugada,  durante todo  el día y  a veces parte de la noche.
 
En la sementera, en el carro se llevaban el grano encalado la noche anterior para sembrarlo a mano en los surcos, y taparlo por las yuntas de mulas o bueyes con el arado, detrás del sembrador.  Era el medio de transporte para llevar la basura, que se formaba con el excremento de los animales, desde el corral de la casa hasta las tierras, para descargarla  desde el carro, primero en montones y después esparcirla por  el barbecho, como abono para la próxima cosecha.
 
Yo lo recuerdo como medio de transporte,  cuando  desde Salamanca bajábamos la familia en la estación del ferrocarril del Villar de Gallímazo, en la línea Salamanca Madrid,  el carro agrícola  con alguno de mis tíos esperándonos, para llevarnos a la casa de Zorita. Era un  viaje que de niño le recuerdo como si fuera un día de fiesta. El carro disponía de algunos elementos de confort, así  cuando hacía  calor en los días tórridos del agosto castellano, mis tíos colocaban dos o tres arcos de hierro en semicircunferencia ,  fijadas en las paredes laterales del carro y cubiertas con una manta, que daba una estupenda sombra en el interior, donde estaban colocadas unas sillas bajas (que  nunca faltaban en la casa del pueblo para uso de la cocinera). Los niños  y mujeres  íbamos sentados y los hombres  de pie.
 
Otra de las actividades del carro era el transporte de los costales de grano, trigo, algarrobas, al molino del pueblo, para la molienda. Con el primero se hacia la harina para la masa del pan que se cocía en el horno del pueblo y con las algarrobas  se hacia “la panija” al mezclarla con agua, que era el alimento para el engorde de los cerdos para la matanza.
 
Frente  a la casa de los abuelos estaba el talles de carpintería que todos  en el pueblo conocíamos  y llamábamos el del “Tío Paco el Carretero”. Por su proximidad, han sido muchos  los ratos y las vivencias junto a esta persona, a la que ahora quiero recordar. Era mayor, al menos a mi me lo parecía comparándolo conmigo, que  tenía  ocho o nueve años, constitucionalmente gordo y barrigudo, el cinturón del pantalón por debajo de la curva de la felicidad,  era sordo y este defecto creo que le permitía concentrarse aun más en su trabajo. Casi nunca hablaba con nadie y siempre estaba arreglando carros , también los hacía nuevos,  todas las múltiples piezas que le dan forma, las hacia el Tío Paco y además a mano. Todo el taller, que  era grande, estaba lleno de madera de distintos tamaños y clases, además de los artilugios de carpintería como la garlopa  y  los cepillos para alisar  la superficie de la madera que, colocada horizontalmente, se va adelgazando a medida que van saliendo las virutas y el serrín; el cincel  para dar forma a las  partes de la madera como si fuera un escultor;  la azuela, los escoplos y los formones para rebajar el volumen de la pieza .
 
Siempre llevaba en la oreja el lapicero de carpintero y en el bolsillo de atrás  el metro que abría como una tijera. Las barrenas y las limas formaban también parte de su arsenal de trabajo, así como las sierras y los serruchos, puesto que las eléctricas no existían.
 
Yo cuando entraba en su carpintería, con cierta reserva, porque  decían en el pueblo que el Tío Paco tenía malas pulgas,  veía como a medida que pasaban los días, las distintas piezas del  carro, se iban acoplando en su lugar correspondiente.
 
La viga, de unos cuatro metros de longitud, soportaba el tiro de los animales desde el yugo para mover el carro, con el dentejón, como la parte delantera donde se apoya la viga cuando se desenganchan los animales. Dos tentemozos  uno debajo de la viga  y  otro posterior impiden, que el carro caiga adelante o  detrás. La caja del cuadro, con dos paredes laterales,  en algunas ocasiones decoradas  de forma artística, con motivos, como flores o pájaros de vivos colores, que le daban elegancia y realce  al carro.
 
Las ruedas es el elemento fundamental del carro y la pieza más difícil de realizar, con un diámetro de longitud de un metro y sesenta centímetros. Había que  hacer las pina , piezas semicirculares que, encajadas, daban forma a la rueda y sujetas  desde fuera por la llanta de  hierro, los radios que desde las pinas terminan encajadas en la maza, que tiene centrado el buje por donde pasa el eje de hierro que une las dos ruedas. Externamente están las arandelas que  le dan sonoridad y repiqueteo, cuando el carro se mueve por la carretera bajo la orden del mulero que maneja la yunta de las mulas con seguridad y experiencia.
 
La colocación de  la llanta de hierro  de la rueda  había que hacerla dilatándola con el fuego en la fragua y entonces poderla aplicar alrededor de todas las pinas, para que quede ajustada cuando la llanta se enfría.  Esto descrito así parece  fácil, pero he  visto  al Tío Paco  ‘el Carretero’ con algún ayudante que necesitaba sudar la gota gorda hasta  conseguir, después de más de un intento, colocar la llanta correctamente. Se decía que un buen carretero necesitaba dominar el funcionamiento y manejo de la fragua.
 
Pero también he visto el carro terminado y la sonrisa socarrona del Tío Paco y  su orgullo interior, que nunca exteriorizaba, cuando  le veía salir de la carpintería, era su obra, que pocos  carpinteros con los mismos medios que el tenia eran capaces de hacerlo. 
 
Sea  este el pequeño homenaje a su memoria, como otro de los recuerdos  de hechos pasados hace más de medio siglo, pero que aún mantengo para mí. 

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