Pueblos de Salamanca

Así se divertían los niños en los años 50 (primera parte)

Hace medio siglo las calles y las plazas eran los escenarios principales donde se desarrollaban los diferentes juegos infantiles

20.03.2016 | 20:09
El burro, un juego muy popular hace medio siglo.
El burro, un juego muy popular hace medio siglo.

En estos tiempos de televisión, donde la tecnología todo lo domina, es difícil imaginarse cómo jugábamos los niños de los años cincuenta e incluso antes. No necesitábamos más que espacio en las calles o plazuelas y con imaginación y el compañerismo, disfrutábamos de los juguetes que en la mayoría de las ocasiones habíamos fabricado y así pasábamos las tardes, entre risas y diversión con los amigos del barrio.
 
No pasábamos apenas tiempo sentados en el sillón de la casa (por otro lado entonces no había sillones en las casas), el frío, el calor o la lluvia no eran más que procesos estacionales que en ningún caso impedían  el jugar en la calle. En el caso de la lluvia, no era más que agua y no pasaba nada si se mojaban los pies, nadie salía corriendo para no mojarse, claro que después, al llegar a la casa, quien mas o quien menos recibía la consiguiente regañina de los padres.
 
Hoy comenzamos esta serie de relatos que nos llevarán a recordar algunos de los juegos más populares de hace medio siglo.
 
Las tabas: Un simple hueso de la pata trasera de la oveja, podía ser el equivalente al hueso de la rotula en los humanos, constituía la taba. Este hueso tiene cuatro caras, que reciben nombres distintos: hoyos con un pequeño agujero, panza, que como su nombre indica tenia forma de barriga, y dos caras laterales, lisas, que recibían los nombres de cara y lis
 
Se jugaba con cuatro tabas y una pita (canica). El juego consistía en lanzar la pita al aire y tenías que conseguir colocar las tabas en la posición que hubieras dicho de antemano, caras, barriga, cara o lis, en el tiempo que tarda la pita que habías lanzando al aire en recogerla con la mano. Si no te daba tiempo a colocar todas las tabas mientras la pita estaba en el aire, perdías y  pasaba el turno a otro. Se jugaba en la plaza o en la calle, sentados en el suelo, que por aquel entonces era de arena o tierra, porque todavía las calles no estaban asfaltadas.
 
El pique: Era un palo que medía unos 40 ó 50 centímetros, con un extremo terminado en punta, a modo de lapicero. Cada uno de nosotros tenía  el suyo, identificado y con un montón de barro, lógicamente más abundante en el invierno, pues era un juego de esta época del año.
 
El juego consistía en lanzar el palo o pique para clavarlo en el montón de barro, con la intención de quitar el de alguno de los compañeros. Cuando esto sucedía el jugador quedaba eliminado y el juego continuaba hasta que uno de los competidores se quedaba solo. Era un juego divertido, por decirlo suavemente, un poco brusco, había que lanzar el pique con fuerza y con una determinada inclinación para  lograr desclavar el pique  de los  demás. Al final, nuestro calzado y pantalones  tenían más barro que el propio montón. En mi pueblo, Zorita de la Frontera, a este juego, quiero recordar, que lo llamábamos “trinquete”.
 
Saltar al burro: Era un juego de niños, las niñas nunca jugaban. Uno de los participantes se colocaba agachado, haciendo de “burro” manteniendo la estabilidad con las manos apoyadas en las rodillas, los demás compañeros saltaban sobre él con las piernas abiertas, para pasar al otro lado. Recuerdo que algunos de los participantes más habilidosos eran capaces de propinar un golpe con la parte interna del pie en el trasero del “burro” en el momento del salto. Así podíamos recorrer la plaza o la calle, formando una cadena, pues el primero que saltaba, se agachaba para continuar con la rueda, el último del grupo saltaba a todos y así sucesivamente. En resumen, era saltar y agacharse.
 
Escondite: Entre los niños participantes se sorteaba uno que tenía que buscar a los demás, se iniciaba el  juego cuando, después de haber contado de espaldas a la pared con los ojos cerrados, debía encontrar a los demás que se habían escondido. Cuando terminaba de contar decía “¡qué voy!” y a medida que encontraba algún compañero debía correr hacia la pared y decir “por fulanito”.
 
Si el participante que había sido descubierto corría más que el que buscaba y llega antes a la pared, tenía que gritar: "Por mí" y de esta manera, quedaría salvado. Así sucedía con todos los jugadores, hasta que sólo quedaba un participante por pillar; si éste se salvaba, en vez de gritar "por mí" grita "por mí y por todos mis compañeros y por mí el primero". De esta manera, se salvaba él y todos sus compañeros.

Con esta frase se acababa el juego y se volvía a empezar, quedándose otra vez el mismo niño que estaba buscándoles, porque había perdido, al salvar a todos los jugadores el último participante. Si el que busca logra encontrar a todos sus compañeros, tocando él primero la pared, ganaría y le tocaría a otro ponerse a buscar.
 
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