Pueblos de Salamanca

El caño de Zorita

Repasando cómo ha cambiado la vida de los vecinos del pueblo desde la llegada del agua corriente

22.10.2015 | 17:24
Albarda con las aguaderas.

Alguien en algún foro de los medios de comunicación a la pregunta "¿Qué es el progreso?" contestó: "Cuando abres el grifo de la ducha sale agua caliente". Este hecho al que actualmente no damos la menor importancia y ahora es normal incluso en los pueblos, en los años cincuenta no era así.

No había agua corriente en ninguna de las casas de los pueblos, y Zorita de la Frontera no podía ser menos, en esta carestía de un bien tan preciado, incluso el agua de la bebida debía ser traída de los caños o fuentes situados en algún punto distanciado del pueblo.

Había dos medios de transporte de los cántaros de barro desde "el caño" (nunca en Zorita la llamábamos fuente), que estaba situado a un kilómetro del pueblo aproximadamente: Con el burro al que colocábamos la albarda con las aguaderas de cuatro senos o la carretilla manual, que tenía una rueda de hierro, una plataforma con dos agujeros para colocar los cántaros y las dos varillas laterales para manualmente moverla sobre la rueda.

En algunas ocasiones había mujeres, que llevaban el cántaro sobre un rosco de tela en la cabeza, y otras veces sujeto con al brazo y apoyado sobre el hueso de la cadera, cuando las recuerdo aún siento sorpresa y admiración.

Recuerdo, por las muchas veces que fui protagonista de esta actividad durante mis años de juventud, que no era oficio para niños, por lo duro que resultaba mover la rueda de hierro o de madera de la carretilla con los cántaros, sobre un camino de tierra. Suponía un esfuerzo importante, al tener que recorrer la distancia hasta llegar a casa, y en algunas ocasiones en pleno verano, con un calor de justicia como es el de la estepa castellana en esta estación del año.

 Cuando llevábamos el burro con las aguaderas, el transporte era más llevadero, pero la dificultad estaba en colocar en los senos de las aguaderas los cántaros, que pesaban de lo lindo, había que tener habilidad y fuerza para subir un cántaro y sujetar las aguaderas, para que no se dieran la vuelta hasta colocar el otro en el seno opuesto, esta operación había que repetirla dos veces. Para realizarla con seguridad y garantía, había que tener la colaboración de otra persona, que sujetaba las aguaderas mientras se colocaban los cántaros. En algunas ocasiones la colaboración del burro dejaba mucho que desear, y no era raro que no le hiciera gracia el peso que debía soportar y transportar y con un movimiento brusco e inesperado, éramos testigos de cómo las aguaderas con los cántaros terminaban en el suelo; siempre debíamos estar atentos a las reacciones inesperadas del animal, para evitar el hecho que acabo de describir.

Cuando llegábamos con el agua a la casa, había que repetir la misma operación en la descarga de los cántaros, para llevarlas a la cantarera, que estaba en la despensa de la cocina. La cantarera es un mueble de madera  bastante rústico y estaba omnipresente en el trabajo diario de las cocinas y de las casas. Aparecen documentos en la literatura, nada menos que desde el siglo XV y como su nombre indica "se usaba para colocar los cántaros". La que había en la casa de los abuelos, que era de madera, estaba junto a la pared y tenía una altura importante con dos filas; la superior no facilitaba el vertido de agua del cántaro sobre la jarra, que había que llevar a la mesa durante las comidas, había que tener cierta habilidad para realizar esta operación.

También recuerdo que el manantial del caño, situado en el camino de Palacio frente al Cementerio Municipal, no tenía suficiente flujo para atender las necesidades del pueblo. Sobre todo en el verano, debíamos esperar algún tiempo a su recuperación para llenar los dos, colocando una goma por el tubo de salida de la pared y aspirando, para terminar el llenado el recipiente. Muchas horas de espera he pasado en el caño de Zorita, para llevar agua a la casa de mis abuelos.

"En la historia desde la época romana, está descrito el oficio de" azacán o azacanes", palabra de etiología árabe, también se les llamaba aguadores, que realizaban la labor de abastecer de agua a las casas, llenando los aljibes o pozos con cántaros cargados a lomos de sus asnos. Para esta labor, se desplazaban a las afueras de la ciudad y cargaban el agua en los manantiales. Aquellos que no tenían asno, debían hacerlo con una carretilla, convirtiéndose ésta en el único medio para trasportar los pesados cántaros que llenaban en las fuentes, que estaban más cerca que los anteriores. Nosotros en los años cincuenta en nuestros pueblos hacíamos esta misma labor, con la diferencia de que no estaba remunerada económicamente, era una más de las actividades que debíamos realizar, en beneficio de la familia en la que vivíamos.


Carretilla con los Cántaros

Ahora el caño de Zorita del Camino de Palacios ya no está, ha desparecido; las hierbas y la maleza que todo lo cubre cuando algo se abandona, ha tomado posesión del rectángulo donde estaba ubicado el manantial, con las tres paredes que le daban forma (en la frontal, estaba el grifo de salida) y la entrada con un pequeño desnivel de bajada. Como ahora tampoco se pasea por este camino, nunca se llega a ver que ha sido de él; el personal hace estación de parada en el Chiringuito.


Albarda con las aguaderas

Me imagino que alguna historia de amor surgió en el camino del caño, en la espera de que el manantial tuviera agua para llenar los cántaros; en otros casos menos afortunados serían desilusiones, porque la chica que te gustaba no te hacía demasiado caso, sabía que estabas por ella y no te prestaba la más mínima atención. Más de un cántaro, por causas desconocidas, la mayoría de veces por juegos de juventud, ha dado con el barro en el suelo; y ¿quién era el majo que se presentaba en la casa, tratando de explicar cómo se había roto, para evitar la regañina o algún pescozón del que no te libraba ni el santo de tu devoción?.

Ahora en cualquier casa de Zorita, nada más tienes que abrir el grifo y sale agua, para lavarte las manos, ducharte incluso si quieres con agua caliente, se dispone de suficiente agua; para los oficios de la casa, la preparación de los alimentos y regar el jardín del corral de las casas, donde antes estaban los animales de cada agricultor.

Será imposible que las jóvenes generaciones (nuestros hijos y nietos) entiendan lo del caño, las aguaderas, la carretilla, la cantarera, etc., y que sucedió hace no más de cuarenta años. Ahora se abre el grifo y hay agua en abundancia, bendito progreso, no exento de la nostalgia del recuerdo de haber ejercido durante nuestra juventud el oficio honrado de "Azacán".

Dr. David Rodero Rodero

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

Si quieres enviar una noticia para publicarla en este pueblo, pulsa aquí.
Si prefieres seleccionar otro pueblo, pulsa aquí.

También puedes suscribirte a nuestra newsletter pulsando aquí.

El Ayuntamiento

Alcalde 
José M. Partearroyo Rodero 
Dirección 
Plaza, s/n 37408 
Teléfono 
923 53 31 05 

El Municipio

Fiestas locales 
28 y 29 de septiembre 
Dist. Capital 
54 Km. 
 Población 
202 habitantes
 
 
La Gaceta de Salamanca On-line Modif.
© Grupo Promotor Salmantino, S.A.
Avenida de los Cipreses, 81. 37004 Salamanca (SALAMANCA).
Tlf: 923 125252 Fax redacción: 923 256155 Fax admon. y publicidad: 923 258404
Aviso legal  |  Política de cookies