Pueblos de Salamanca

Zamarra, donde la primavera es especial

Un recorrido desde Ciudad Rodrigo hasta el pueblo vecino

05.04.2017 | 13:34
Zamarra, donde la primavera es especial

Desde que mi calendario está desbocado, recurro de vez en cuando a determinadas citas o rutinas para tenerlo controlado. Una de ellas es subir a Zamarra cuando cambia la estación. Ha llegado la primavera, en la hoja de calendario mental, hay una nota recordándomelo.

Es la bicicleta un hermoso artilugio para viajar. Subido en ella, a la espalda la mochila con el avituallamiento y mi cámara, mi fiel compañera, la sensación de libertad que tienes es difícil de describir. El viento frío golpea en la cara provocando una sensación agradable, despejando la mente para que esté al tanto del viaje.

Recorrer las huertas en primavera, con la sinfonía de colores de los frutales en flor es un espectáculo que nadie debiera perderse. Son los primeros 8 kilómetros de un paseo, con la mirada perdida a izquierda y derecha, luchando cuerpo y espíritu para avanzar y absorber tanta belleza. Las primeras rampas del pantano, cambian la hoja de ruta, a pesar de conocerlas bastante bien, hasta que no comienzas a subir no te mentalizas del esfuerzo extra a que debes enfrentarte.
Todos los esfuerzos tienen recompensa, el reforzamiento fijo de esta subida, según los  psicólogos  del aprendizaje, sería la impresionante vista de la sierra al coronar el puerto y por supuesto visitar el pueblo de Zamarra.

Durante dos kilómetros tuve que luchar para perder de vista a la presa del Águeda y en el siguiente anhelé recuperar su vista. Entre una cosa y otra, estoy en la entrada del pueblo, donde me recibe Goyo, un vecino encantador que a sus 90 años está cavando su huerto, labrándolo para sembrar patatas.

Para nada delata su edad, como todos los vecinos de este pueblo, se muestra encantado de conversar, pronto me comunica su pesar por el cierre definitivo del bar. El pasado domingo, se ha convertido un día triste para la vida de este pueblo, donde el bar era una pieza importante para la convivencia de los vecinos.

Como otra vecina me dijo, ya no era rentable, y por supuesto no se puede mantener un negocio donde las pérdidas mandan. La señora Águeda, barría con gran decisión, con su escoba ecológica 100%, la entrada a su corral. Simpática vecina, con la que actualicé mi GPS antes de perderme por caminos que no pasa nadie.

Es Zamarra un pueblo verde, de grandes huertos entre las casas lo que hacen de él un gran jardín, que en la primavera florece, ofreciendo una preciosa imagen. Cerezos, manzanos, melocotonares, ciruelos, nabos sobresalen por las tapias llenos de colores. Los últimos hielos, han hecho mella en las flores, la vecina se mostraba un poco triste por la posible pérdida de la fruta.

Después de dar una vuelta por las calles del pueblo, me dirigí hasta el río Agadón, donde está la toma de agua. Si ya en el pueblo es una suerte encontrarte con algún vecino, a partir del momento que dejas atrás la tapia del cementerio de un blanco andaluz, estás solo en medio de una inmensidad, dentro de un espacio natural de gran belleza, donde reina el silencio y la soledad, todo ello perfumado por el tomillo, el azahar castellano.

Al llegar al huerto, con una gran encina, gira a la derecha, -me dijo el último vecino- bonita  y segura indicación en estos tiempos donde las indicaciones (por lo general) que damos son tan impersonales. No había pérdida, el camino transcurre entre encinas centenarias, el cielo entreverado de nubes, se reflejan en los charcos del camino. Al terminar el encinar, ya sólo el matorral ocultando la pizarra, permite una vista panorámica de 180º de toda la sierra, las cumbres más altas inusualmente con nieve.

Es el depósito de agua que abastece al pueblo una construcción singular, desde la lejanía, encumbrado en lo alto de un cerro, mirando hacia la pendiente ladera, asemeja un monolito construido para conmemorar algún hecho histórico. Pensándolo bien qué mejor acontecimiento para Zamarra que llevar el agua cristalina hasta las casas del pueblo. Sólo hay que ver cómo está el camino que lleva hasta el río en comparación al camino que baja hasta el puente de Lerilla. ¡Y es que el agua en estos tiempos es oro puro!

Bajé en un plis plas por el camino que lleva hasta el río, para ver el abrazo de los dos ríos, desde arriba se veían venir por valles distintos separados por un montículo. Excelente enclave natural donde han construido una pequeña presa para captar el agua, la mezcla de las dos corrientes le dará al agua una suma extra de propiedades.

En la subida se cumplieron los malos augurios de la señora Águeda, las empinadas cuestas me obligaron a poner el pie en tierra. Así pude disfrutar más lentamente de las pequeñas cascadas que formaban los riachuelos de la margen izquierda al caer al río y las geométricas pizarras bajo un cielo azul a la derecha.

Las charcas con la llegada de la primavera, se convierten en ecosistemas dignos de tener en cuenta, es un espectáculo el trabajo de las plantas acuáticas cuando florecen, formando un anillo circular perfecto alrededor de ellas. La imagen merecía un descanso antes regresar al pueblo. Sentado a su orilla reflexionaba sobre el despoblamiento al que está sometida esta zona de Salamanca.

Después de haber estado recientemente en la Costa del Sol y Madrid, con carreteras y autovías atascadas de coches, ¿no habría posibilidad de utilizar estos parajes preciosos para que fuesen contemplados por ciudadanos estresados?. Mi humilde cerebro, no me dio muchas alternativas, quizás la más válida, sería regalar un pen-drive con imágenes de estas tierras con fines relajantes.

Paré de nuevo en el pueblo, la siesta había dejado sin un alma las calles. Hice fotos, los efectos de los hielos en los frutales eran palpables. Al verlas, tuve que rescatar alguna foto del archivo del año pasado, comprobando que el burro seguía en el mismo prado.

Cargada la mochila de bellas sensaciones tanto humanas como paisajísticas, con mi pen-drive actualizado, enfilé la salida del pueblo, donde los frutales me despiden hasta la próxima estación: ¿Habrá fruta?

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