Pueblos de Salamanca

La importancia del almendro en Saucelle

La recolección de este fruto ha ido cambiando con el paso de los años, al igual que la forma de tratar las almendras una vez recogidas

11.09.2016 | 17:45
Almendros en flor junto a Saucelle.
Almendros en flor junto a Saucelle.

Decía Cicerón: “La agricultura es la profesión propia del sabio, la más adecuada al sencillo y la ocupación más digna para todo hombre libre".
 
En este sentido, las actividades tradicionales de la Villa de Saucelle han sido siempre la agricultura y la ganadería, las cuales constituyen la base de su economía y dentro de este ámbito destaca la explotación del almendro, aunque esto ha variado como detallamos a continuación.
 
Este artículo es el primero de una ‘trilogía’ en la que trataremos la evolución de la explotación de los almendros en Saucelle, el fruto y el árbol y los productos derivados de la almendra que, de forma artesanal, se elaboran en Saucelle.
 
En este primer escrito nos centramos en la evolución coyuntural referente a su explotación. La parte dedicada a cereales en Saucelle era muy amplia y estaba organizada por zonas llamadas hojas”, que eran porciones de terreno labradío (campo de secano que se labra), que se sembraba un año y se dejaba descansar otro u otros dos. Esas zonas eran las Hojas  del Sierro, el Monte Perero, Valdecodorno,  Valdebarco y “la de Abajo”. A ambos lados del arroyo de la Ribera de las Casas y a la izquierda y derecha de la carretera  que va a Vilvestre se extendía la parte de la penillanura  destinada principalmente a cereales.
 
Los almendros tenían su importancia en el ámbito de la agricultura, junto con el olivo, estos se cultivaban en la zona de Valdecodorno, Valderramiro, Valdebarco, Ermitas viejas, El Pilón, Garabato, La Casilla, La Molinera y en pequeñas parcelas (cortinas) al lado del pueblo. El resto eran plantaciones en la zona de los arribes y entre los olivares, con las dificultades que, estos sitios entrañaban. Para hacer productiva la tierra se construían calzadas o bancales de piedra.
 
El trabajo de cultivo de la tierra, darle una o dos vueltas en las fincas de las plantaciones, (arar los almendrales se decía), se hacía con arado de madera o de hierro, llamado arado romano, tirado por yuntas de mulos compuesto de mancera, orejeras, “pescueño” o pescuezo, reja, garganta, timón y clavijero.
 
Más tarde, en el siglo XIV aparece el de vertedera, seguido de otros ya más modernos, hasta que finalmente aparecerá el tractor con toda su gama de aperos de labranza. El arado romano con determinadas modificaciones se siguió usando en pequeñas parcelas debido a las dificultades del terreno, pero ha desaparecido. En las calzadas y bancales se empleaba una sola caballería tirando de un arado conocido con el nombre de “varas.”
 
Mondar o podar los almendrales
 
Tiene cierto arte esta labor. Una vez recogido el fruto, cuando el invierno se acerca, consiste en quitar las partes secas y ciertas ramas verticales que no llevan ni dan fruto y se suelen llamar “mamones” y darle forma al árbol.                                                           
 
En la actualidad, las parcelas dedicas a almendros han disminuido por varias razones: una, la ya expuesta, la dificultad del terreno y que han desaparecido las yuntas (mulos) para estas labores, sin olvidar la falta de mano de obra; otra, al hacer la concentración parcelaria, las parcelas son más grandes y se dedican a la ganadería, abandonando en muchos sitios los cultivos de almendros.
 
 
En cuanto a la recolección de las almendras, con anterioridad se vareaban las ramas con varas largas, normalmente de álamo, y a mano, en cuclillas o de rodillas, se recogían las almendras; En terrero pendiente era muy laborioso, a las que se habían ido más lejos se llamaban las “salteadas” y había que cogerlas al final. Posteriormente aparecieron las redes, mallas que, se colocan debajo de la planta cubriendo el suelo  alrededor del árbol y la cosecha cae sobre ellas, estas se van moviendo una vez vareadas, si es posible con la ayuda del tractor; hoy hay unos sistemas mecánicos adaptados a este que disponen de un tipo de paraguas invertido o tolva, que facilita la labor.
 
El escascar (quitar la cascara exterior, el pelado) era otra labor. Se hacía a mano y si estaban duras de pelar se rallaban con una piedra plana. Seguidamente aparecen las maquinas peladoras, que se utilizan en la actualidad (en la época de recolección se oye por las calles el ruido de esta actividad)
 
El partirlas para separar la semilla o fruto (lo que llamamos “chicho”) de la cascara, también se hacía a mano y por la noche o tarde con la ayuda de vecinos o amigos se hacia la faena conocida como “escoger”, seleccionar lo que hemos llamado “chicho” de las cascaras. Hoy se comercializan sin partir.
 
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