Pueblos de Salamanca

Jesús Portilla, un ejemplo de superación de un ledesmino de 'pro'

Este vecino de la villa llegó a luchar con la División Azul en Rusia pero, de vuelta a España, sufrió un grave accidente que le obligó a demostrar toda su fortaleza

12.08.2016 | 13:55
Jesús Portilla, un ejemplo de superación de un ledesmino de 'pro'

Jesús Portilla Serrano es un ledesmino de Los Mesones merecedor de ser galardonado con un reconocimiento de los más altos, y a título póstumo, pues esta historia de su vida, bien daría para escribir un libro y llevarlo a las grandes pantallas. Jesús nació en 1919, hijo de Bartolo Portilla "El lobo"y de Ángela Serrano, a la que no recordaba, puesto que murió de parto cuando él tenía muy pocos años.
 
Dejó 8 hijos y Bartolo volvió a casarse con una sobrina, Higinia y tuvo otros tantos. Como se pueden imaginar, en una casa con tantos hijos, hacían falta manos para sacar adelante a toda la prole.
 
Jesús, que es el protagonista de ésta historia, apenas pudo ir a la escuela y a los 8 años cuidaba cerdos por la Samasa, la Samasita, Moreras, Cuadrilleros, etc. Un poco más tarde, con su padre, trabajaba en lo que salía, que casi siempre era hacer paredes de piedra. También ponía la dinamita para hacer saltar las rocas y empezar a construir el nuevo puente, pero sabía que en su casa había pocos recursos y como era un hombre con inquietudes y ganas de cambios, a los 17 años contó que vio una fila de gente que se estaba apuntando a algo, todo decidido, se apuntó a la legión.
 

Debió ser un buen soldado pues los mandos querían que permaneciese en el cuerpo, pero dijo que no. Estuvo en el frente de Talavera durante la Guerra Civil y terminado el conflicto, ese ‘culo inquieto’ y espíritu guerrero le hizo apuntarse a la División Azul. Mucho sufrimiento debió pasar al ver como caían muertos entre la nieve muchos compañeros en aquellas estepas rusas.
 
Terminada esta etapa se casó con Manuela Herrero Gonzalez a los 25 años y tuvieron una hija a la que pusieron Carmina. Quiso probar suerte en su pueblo, además vivir en su barrio de Los Mesones, pero nada había cambiado, entre esto y el apego que tenía su mujer a la familia en Salamanca, decidieron mudarse.
 
Entre lo poquito que aprendió de su padre y su afán de superación, consiguió con pocos años ser encargado de obra en una empresa importante pero no le duró mucho. Estaban haciendo el edificio de la Gran Vía, concretamente el número 4-6 y cuando se disponían a subir con cuerda esos balcones de forja, al advertir a los compañeros que tuvieran cuidado de no caer, cayó desde el último piso. Mientras caía de cabeza, al saber que eran sus últimos segundos, pensó en su única y pequeña hija “!!Ay de mi hija!!” y este suspiro hizo que diera la vuelta y cayera de pie.
 
Veintisiete fracturas entre las dos piernas, “cortar una y a ver si podemos salvar la otra” dijeron los médicos aquí, pero el ledesmino luchador no se imaginaba ese final y luchó con un ahínco sorprendente. Le aceptaron su solicitud en una clínica para accidentes del trabajo en Madrid, la clínica Reina Victoria, entre operación y operación, injertos, clavos... Tres años hasta que le dieron el alta a este hombre, todo un ejemplo de supervivencia, superación y nobleza.
 
Durante el tiempo que estuvo en la legión, aprendió todo lo que no había aprendido en la escuela y durante los tres años que duró la recuperación del accidente se empapó a leer revistas de Real Digest y se apuntó a un curso de maestro de obras, todo por correspondencia. El resultado fue que le ofrecieron un contrato al final de su recuperación para trabajar con ellos. Por supuesto que lo rechazó, éste ledesmino amaba su profesión. También le ofrecieron una pensión vitalicia de ‘inutilidad total’ y por lo mismo dijo que no, con sus pies planos, clavos, placas y lleno de cicatrices quería seguir trabajando y siguió, vaya que siguió.
 
Después de salir de la obra hacia horas extras y a veces llegaba a casa a las doce de la noche, pero jamás se lamentaba ni protestaba ni añoraba unas vacaciones. Nunca se fijó si uno u otro tenía o vivía mejor que él. Tuvo solo una hija y en una ocasión le dijo al abuelo Bartolo que solo una  porque no quiero que pase las miserias que yo pase.
 
A finales del 72 llegaron unos señores a su casa para ofrecerle un trabajo, los Moneo habían comprado bastantes terrenos en una playa de Huelva, habían empezado a construir y necesitaban a una persona que se hiciera responsable de todo aquello, habían oído hablar de él y querían llevárselo. “Cuánto quiere cobrar?” “Son ustedes los que han venido a buscarme, a sí que díganmelo ustedes, si me interesa me voy y si no, no” contestó.
 
A la semana siguiente, junto a su mujer y cuatro cosas más, ya que también tenían el apartamento amueblado, se fueron a esa playa de Huelva. Cuatro grandes edificios de apartamentos y chalets construidos bajo su responsabilidad, pues los Moneo iban y venían de vez en cuando y a veces hasta cien personas trabajando a su cargo. El compraba, contrataba... hacía de todo.
 
Jamás acepto ninguna comisión, tan solo aceptaba alguna muñeca por navidad para sus nietas, todo el mundo le respetó y le quiso. En alguna ocasión el arquitecto dijo que, estando él, no se necesitaba arquitecto porque sabía de planos también.
  
A este ledesmino, mesonero, le encantaba imitar a su paisano Rafael Farina y allá por donde iba siempre le salía de su boca una copla de este ilustre salmantino, y se ve que no lo hacía mal el señor Jesús. También se enfadaba cuando le decían que era del pueblo de Ledesma, a lo que él contestaba que Ledesma es una villa y orgulloso de ser de esta villa y mesonero, casi nada.
 
Tenía un capricho por cumplir y se hizo realidad y es que quería celebrar su cumpleaños, ya un poco mayor, en Las Fernandicas y también tenía desde hace tiempo en la cabeza visitar en su barrio, o mejor dicho Arrabal de los Mesones, a su primo Jesús Serrano el Moño. Y así fue, y no mucho después esta gran persona falleció de un aneurisma el 26 de Agosto del 2004 a los 84 años.
 
Vaya, pues, para él nuestro agradecimiento por el ejemplo de superación y tesón con que afrontó la vida que Dios le tenía reservada. Hasta siempre Jesús.

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