Pueblos de Salamanca

Análisis de la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción

Los datos más importantes sobre la historia y estructura de esta edificación de Colmenar de Montemayor

27.01.2016 | 12:11
Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción

La Iglesia parroquial de Colmenar de Montemayor, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción es de planta basilical, de una sola nave,  muros de mampostería de granito con algunos lienzos revocados y de  sillería en las esquinas.

Tiene dos entradas laterales en arcos de medio punto. La principal al Sur y al Norte la otra, con contrafuertes exteriores. Se observan dos alturas, la más elevada corresponde al ábside del Altar Mayor, siendo más baja la de la nave, ambas con tejado a dos aguas. El  ábside se cierra en forma poligonal, con ventanas en arcos conopiales y mixtilíneos entre los contrafuertes y torre a los pies, con seis aberturas para campanas y puerta tapiada de acceso exterior.

En la zona del Sur se eleva un gran pilar  y los basamentos con molduras de otros pilares desaparecidos. Son los restos de un portal que  cubría todo ese  lateral, y que hoy ha quedado reducido a un pequeño tejadillo a tres aguas sobre la puerta principal, soportado por dos columnas de granito  posiblemente reutilizadas, con basamento y capiteles.
 
Su construcción data del siglo XV o XVI.En el siglo XVI. En esta época hubo conflictos entre la  villa de Montemayor y las aldeas, prohibiéndoseles a éstas entregar suelo comunal, obligándoseles a pedir licencia  a la villa para ello.  Se inicia un pleito entre las aldeas y la villa. En la denuncia presentada, un vecino de Colmenar, Pablo Martín, dice que: hay costumbre de dar terreno a los casados o nuevos vecinos para sus casas y para labranza, e incluso lo vio hacer con la iglesia en Colmenar”. No obstante el profesor D. Julián Álvarez Villar sostiene que podría haberse iniciado hacia el siglo XIII-XIV, reformándose en los siglos posteriores. En su obra “La villa Condal de Miranda del Castañar” Salamanca Centro de Estudios Salmantinos. CSIC.1980.-  Refiriéndose a la Iglesia de Miranda, dice:
 
..tanto los arcos y sus molduraciones como la puerta del lado de poniente de arco apuntado sin clave, atestiguan un gótico de los siglos XIII-XIV sin refinamientos, muy unido a la tradición serrana, pues los mismos detalles de los apoyos se repiten en lo que queda de lo antiguo en la ermita de La Cuesta en Miranda y en la parroquia de La Alberca, así como en Colmenar de Montemayor, casi todas reformadas con posterioridad, pero conservando estos vestigios.

  

 
El atrio es un espacio bastante amplio, en forma escalonada a modo de bancales, separados por líneas de piedras o pasos de escalera. Tiene dos puertas de acceso,  la principal al  Oeste (a la calle Larga)  y otra al Sur, ambas con pilares salientes laterales que rematan en forma de diamantes  con labra en cada una de sus caras. Todo el recinto se cierra con grandes piedras colocadas perpendicularmente cerrando el espacio (la citara), y hacia el interior tiene asientos de granito en todo su recorrido.

El portal de la Iglesia  ha sido siempre, por su amplitud y ubicación, un espacio abierto a múltiples actividades. Allí se celebraban antiguamente juegos de bolos y argollas; se hacían transacciones comerciales, pregones, reuniones de concejo etc., tanta debió ser la actividad que a finales del siglo XVI fueron prohibidas por la autoridad eclesiástica.

Más modernamente se utilizó como lugar para jugar a la pelota-mano (usándose la torre como frontón), también era el lugar de juegos de los niños, de charla de los mozos al caer la tarde; ahí se celebra el ofertorio y la  subasta de productos; se hacían  bailes, comidas,  etc. Siempre ha sido un lugar de encuentro.



El interior presenta tres espacios bien diferenciados: la tribuna, la nave,  y el presbiterio.
La tribuna, desde la que se accede a la torre de las campanas, tiene balaustrada y canecillos labrados, el  piso es de madera y está sostenida por una columna central de piedra con basamento y capitel. A los pies, y bajo la mole de la torre de las campanas, soportada por un arco rebajado,  se halla una estancia con la pila bautismal.

La nave posee techumbre de madera a dos aguas y vigas de tirantes como refuerzos, tiene dos grandes arcos fajones y uno más pequeño  que da acceso al ábside. En el lienzo norte, entre los arcos fajones, frente a la portada principal, un retablo lateral del siglo XVI dedicado a San Blas, cuya talla lo preside, con pequeñas tablas pintadas, columnas estriadas.
En el presbiterio, adosado al arranque del arco, a la izquierda del acceso, -lado del Evangelio- está el púlpito, en piedra de granito labrada, pero sin tornavoz.



El techo es de bóveda de horno, enmarcado por una cornisa  con arcos de medio punto sobre ménsulas, a modo de nervios trasversales al eje, y esgrafiado en la zona superior, cercana a la cabecera, en forma de casetones, cobija el Altar Mayor y el  Retablo, al que se accede mediante unos pasos de escalera. Pero antes de describirlo, fijémonos en algunas piezas interesantes que se hallan ahí.

A la izquierda del Altar Mayor, según el punto de vista de los fieles, es decir el lado del Evangelio, hay un pequeño retablo labrado en piedra granítica. En la parte inferior, un arco de medio punto a modo de arcosolio con pilastras adosadas a los lados,  decoración con roleos y clave saliente, y en la superior, dos pergaminos a los lados y pequeñas columnas abalaustradas, con una hornacina con escultura policromada y una doble cornisa labrada. En el arco inferior se ha colocado actualmente un grupo escultórico del siglo XVI, (que anteriormente se hallaba en un altar a la izquierda de la nave)  formado por Santa Ana, la Virgen y el Niño, que es, junto al de Palencia de Negrilla, el mejor de toda la provincia.
En el otro lado, a la derecha, en el de la Epístola, se colocó en 2001 un cuadro donado por la pintora catalana Carmen Valverde, representando la resurrección y Ascensión del Señor.

Antes de colocarse el actual retablo mayor, hubo otro, del que nada se conserva. Así se desprende de documentos encontrados y citados por Miguel Sánchez  González en su obra: “Montemayor, del concejo medieval a los Ayuntamientos contemporáneo” donde se dice que en 1578 se contrata a Juan de Auñón para la realización de una imagen de San Roque para la Iglesia, y en 1597 se encargó de pintar y dorar el retablo:
“...a Juan de Auñón pintor vecino deste lugar para en quenta de la pintura que hizo sobre el retablo del altar mayor çien reales para quando compró oro e colores e otras pagó veinte e ocho reales...”   que hasta  1605 no se acabaron de pagar.
Puesto que hasta 1619 no se encarga la custodia, y unos años más tarde el Retablo actual, es fácil deducir que antes de su realización había otro retablo, que debió de ser desmontado para colocar el actual.



El retablo Mayor actual es una obra barroca muy interesante del ensamblador salmantino Antonio González Ramiro, quien realiza primero la custodia en 1619 y entre 1631 y 1635, año en el que se acabó, el resto del retablo.
La custodia, una bella pieza, tiene forma de templete, con una parte inferior para el sagrario y la superior con cúpula.
En cuatro años, de 1631 a 1635, se construye y ensambla el Retablo, de dos cuerpos y un gran  ático, con columnas clásicas dobladas, marcando las verticales y alternándose en cada cuerpo el orden toscano, corintio y compuesto, rematado con un frontón curvo partido.

Posee relieves en los pedestales, estatuas en las hornacinas y un gran ático con grandes aletones y frontón curvo partido con el relieve policromado del Padre Eterno. Las estatuas de las hornacinas son realizadas, casi con seguridad, dadas sus características, por el escultor Pedro Hernández, y son, de arriba  abajo: en lo alto El Calvario compuesto por Cristo crucificado, San Juan y la Virgen María; en el segundo cuerpo en el centro la Asunción de la Virgen rodeada de ángeles, el Ángel de la Guarda a su izquierda, y a su derecha San José y el Niño, y en el primer cuerpo las  tallas de San Pedro y San Pablo.
Todas ellas magníficas en su estilo, pero sobresale la de San José y el niño por la maestría con la que el tallista consigue la sensación de movimiento en el andar equilibrado y arrogante  de San José y tambaleante y gracioso del Niño Jesús.

En la zona del ábside,  a la derecha de los feligreses, lado de la Epístola, hay una puerta que da acceso a la sacristía, una estancia pequeña y abovedada en la que se hallan unas interesantes cajoneras  para guardar los de hábitos talares.
Hay tallas diseminadas por distintos lugares de la iglesia, posiblemente procedentes de antiguos retablos o ermitas desaparecidas.
 
 
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