Pueblos de Salamanca

Las Jañonas: por Gata en alpargatas

Un año después del incendió que afectó a la sierra extremeña, realizamos una ruta hasta estas dos cumbres que nos permiten disfrutar de la naturaleza

11.08.2016 | 12:41
Las Jañonas: por Gata en alpargatas

Desde Ciudad Rodrigo es difícil localizar Las Jañonas, desde el camino de San Agustín, se divisan en la lejanía, sobresaliendo en la línea del horizonte como los pechos de una mujer tomando el sol en la playa. Y es que llegar hasta estas dos cimas de la Sierra de Gata tiene su pequeño intríngulis, aunque como siempre que se va a la montaña, recoge uno tantas sensaciones, que iremos donde sea con tal de ver el horizonte despejado, como nos lo ofrecieron las dos Jañonas el jueves pasado.
 
Nuestro pequeño grupo de senderismo sigue poco a poco creciendo, y es una alegría subir y trotar por la sierra con un pequeño pelotón, todos del mismo equipo, donde siempre hay alguien dispuesto a tirar dejando un rebufo que a veces se agradece, donde nadie tiene que subir si sus fuerzas se resienten, donde todos disfrutamos de lo mismo: de la belleza de la naturaleza.
 
Llevamos realizando, últimamente, unas rutas donde nos sorprenden incidencias no previstas, pero que sabemos resolver correctamente. Esta vez, en El Bodón nos paró la Guardia Civil, tan sólo le interesaron los papeles, si nos mandan soplar habrían comprobado que nuestro aire puro esperaba ansioso ponerse a prueba en la sierra.
 
Una vez incorporados los chicos de Robleda, bajamos Perales envueltos en un halo de desolación y angustia, lo que justo hace un año era un valle verde, por la sinrazón humana, se ha convertido en un erial, difícil de ubicar en la memoria, parecía que los pueblos habían sido desplazados de su sitio.
 
Precisamente, a Julio de Robleda, le tocó experimentar en sus carnes y especialmente en sus pies, cómo al menor despiste, la sierra no perdona. Llevaba un calzado no muy apropiado para subir donde subimos, aguantaron sus zapatillas la subida hasta el puerto, el tramo de pista, pero la subida y sobre todo las bajadas de las Jañonas le destrozaron el calzado. En un derroche de imaginación y sobre todo sacrificio, consiguió salir muy airoso de la dura prueba a la que esa mañana le puso la sierra.
 
Llegamos a Gata con muchas ganas de subir hacia arriba, enfilando la calle que sale de la plaza, dejamos atrás el charaíz rebosando  agua fresca, empezando  la ascensión hacia el puerto de Castilla. En tierras del sur, suena el nombre de Castilla con un cierto significado peyorativo, como estar en otros tiempos donde los caminos eran válvulas de escape de la miseria hacia un mundo mejor y a veces se encontraban con otra miseria quizás más grande.
 
A pesar que en esta sierra hay bastantes puertas y ventanas naturales con sus majestuosas jambas de granito, esa mañana las encontramos todas abiertas, por lo que las corrientes de aire, campaban a sus anchas, dificultando a veces la ascensión. Los ríos siempre deslumbran al caminante, en la ascensión, el arroyo de San Blas antes de llegar a la ermita, nos permite disfrutar de una pequeña cascada, su puente y sobre todo una vegetación que es la reina de la subida, después de que a ambos lados, el fuego se llevó por delante todos los árboles.
 
Paramos en la ermita, espacio de castaños, robles y madroños con agua, muy coqueto para recibir a los gateños en la romería, me imagino que con un ambiente más frío que hoy, o en sus visitas de vez en cuando.
 
El último tramo, lo hicimos a la brigada de la ladera, a la izquierda la inmensidad del horizonte, ensanchaba nuestro espíritu, haciendo la subida en volandas. Desde el puerto se divisa el enorme bosque del Rebollar, como estaban en mayoría “los robleanus”, nos deleitaron con  una extraordinaria lección de geografía de la zona desde la cumbre.
 
Dejamos la calzada empedrada y una vez que repusimos fuerzas, por una pista-autopista nos dirigimos hacia las Jañonas, nuestro principal objetivo. A lo lejos parecen dos pequeños montículos, pero a medida que están más cerca, la impresión va cambiando, sobre todo cuando tienes delante el cortafuegos vertical que te ha de llevar hasta la cumbre.
 
Las duras rampas, colocaron al pelotón en fila de uno, como antaño los grandes puertos del Tour, pues ahora suben en pelotón  a velocidades endiabladas. Cada uno a su ritmo, subimos muy bien, mejores fueron las sensaciones que todos juntos disfrutamos desde la cumbre. Mirador con un gran objetivo es la primera Jañona, una vista panorámica, te traslada en un momento de Portugal a Extremadura, Castilla y León, desde aquí confirmamos aún mejor la desolación al ver tantas hectáreas que han sido arrasadas por el fuego, siendo despojadas de su verde natural.
 
Bajar de una cima y subir a la otra, es cuestión de mezclar habilidad y sentido de la orientación para coger las veredas de las vacas, que te permiten sortear brezos y retamas. La cumbre de la hermana gemela, está coronada por un monolito natural de granito, que recuerda echándole imaginación, una de las alas del ‘Guggen’ de Bilbao. Las mismas vistas, eso sí más orientadas al este.
 
Bajamos organizados por senderos y veredas, las zapatillas de Julio terminaron de hacer agua, por lo que un grupo cambiamos el regreso, lo hicimos por una pista larga como ella sola, que nos llevaría al castillo de la Almenara, permitiéndonos disfrutar de una vista espectacular del valle de la rivera con Gata al fondo. El encuentro con el coche de Chema, significó un alivio para todos, especialmente para Julio y sus pies.
 
Atrás quedaron más de 20 kilómetros llenos de buenas sensaciones. Cerca de las 4 de la tarde, el agua fría de la rivera de Gata nos recibió con los brazos abiertos, masajeando nuestro cuerpo castigado por el esfuerzo, no tuvimos igual recibimiento en el chiringuito anexo, donde al camarero le costó trabajo servirnos unas cañas. Qué poco hacen a veces los camareros por atraer a los clientes, en un mundo globalizado, donde la misma cerveza te la puedes tomar en cualquier rincón perdido, lo que hace la diferencia es el trato humano, y eso a veces deja mucho que desear.
 
Pequeñas piedras del camino, sorteadas con enorme habilidad por un grupo humano de calidad que disfrutamos de un día maravilloso y de los preparativos de la próxima salida que vinimos planificando en el camino de regreso a  casa.

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