Pueblos de Salamanca

Pedaleando por la ruta de los molinos del Águeda

Un recorrido que no dejará indiferente a nadie

22.10.2015 | 13:07
Canal La Concha.
Canal La Concha.

Echando mano del archivo de la memoria paternal y aprovechando que el otoño está dorando las riberas del Águeda, decidí recorrer en bici el trayecto que hay entre los viejos molinos que el río tenía a su paso por el término de Ciudad Rodrigo, la tarde era muy ventosa, de cielo gris plomizo, amenazando una lluvia tan necesaria, que una vez más el viento se la llevó.

Llegué hasta el molino de la Caridad, para comenzar a bajar siguiendo el curso del río. Este molino está aún bien conservado, recuerda un tipo bastante original de construcción, alejado del cauce del río, se conserva también la casa del molinero. Siguiendo el curso de la corriente,  el siguiente era el molino de las Chancas, hoy completamente derruido, hace muchos años que dejó de moler; no muy lejos de él, estaba el  molino de la “Ceña”  (aceña es un molino de agua) del que no queda rastro, las máquinas excavadoras se llevaron por delante el molino de Marino Risueño cuando hicieron la autovía.

Muy cerca del casco urbano de la ciudad están la fábrica de harinas de la Concha y la Moretona, edificaciones mayores de los siglos XIX y XVIII respectivamente que aportaron su grano de arena  al desarrollo industrial de la ciudad.


La Moretona

Bastante más abajo, pasado Ivanrey, estaba el molino de Carbonero, el más hacia el oeste; llegar hasta este molino y al puente del Mariego  en mi juventud era una aventura importante, normalmente eran viajes hechos a escondidas. Esta tarde el viento conseguía componer con las hojas de los alisos, fresnos y chopos una original melodía. Por último, justo antes de meterse el Águeda en la trinchera que no dejará hasta que sus aguas pasen a ensanchar el Duero, cerca de La Fregeneda, según mi padre, estaba el molino de Pizarral.


Molino de la Caridad 

Es una lástima que se hayan perdido los molinos, y no hayamos sabido mantener alguno como mínimo, pues durante muchos años formaron parte de la vida rural y urbana, siendo uno de los ejes fundamentales donde se asentaba la vida, el pan era el alimento imprescindible en todas las familias. La molienda era el punto final del ciclo del cereal y aseguraba que por lo menos habría pan en caso de que las cosas vinieran mal dadas, además, la molienda del grano era una actividad importante en la vida rural que suponía almacenar harina y pienso para una larga temporada.

Admiro a los pueblos que han sabido conservar los molinos, incluso en funcionamiento, pues con ellos se puede aprender mucho de la evolución de las faenas agrícolas, del uso de la energía del agua, de la integración de los molinos en el entorno. Mingorría en Ávila, Ribadumia en Pontevedra y Penha García en Portugal son tres ejemplos de poblaciones donde el agua de sus ríos sigue girando las muelas del molino.

El olor tan agradable que desprendía la harina, tercerilla, salvados al subirlos al desván los tengo aún frescos en mi memoria, desde mi óptica infantil me parecía un exceso cocinarle  a los cerdos “el mecido” con los salvados cuando se estaban cebando con el aroma tan  exquisito que desprendía.


Molino Carbonero

Pero no solo se molía el trigo en los molinos; carros cargados con los costales de algarrobas, maíz, cebada, centeno hacían cola para esperar el turno de la molienda, los agricultores debían colaborar echando en la tolva el cereal y cribando con el cedazo y a veces, debían de hacer noche para terminar. La estampa del molinero con su cara y su gorra bilbaína teñida de blanco ponía aún más color a una bella estampa costumbrista.

El entorno de los molinos siempre ha representado un espacio que no deja indiferente a nadie, el arbolado, las pesqueras, los canales siempre con sus reflejos en las aguas estancadas dispuestas a ser un espectáculo visual de calidad… con su pequeño ecosistema, las construcciones, perfectamente integradas en el entorno, humildes, pero no por eso bellas  ¡ese era su mérito!.


Canal La Concha

Ya que no se pudo salvar ningún molino, ha sido un acierto señalizar la ruta de los molinos desde La Concha hasta el molino Carbonero, pues aguas abajo de la Moretona el cauce del Águeda es un gran desconocido de los mirobrigenses, siendo un paraje maravilloso especialmente en primavera donde los nenúfares que han colonizado extensas superficies de los remansos del río florecen. Llegar la primera vez a las ruinas del molino Carbonero produce una agradable sorpresa, el entorno es maravilloso, ya solo falta que el sendero sea más accesible y esté un poco más transitado.

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