Pueblos de Salamanca

Por Candelario

Un vecino de Noreña, Asturias, comparte su experiencia tras visitar la localidad serrana por primera vez

24.05.2016 | 11:47

Fue en 1973 cuando tuve la oportunidad de conocer la preciosa localidad salmantina de Candelario. Tanto había oído hablar de este enclave  colgado en la ladera de la sierra de Gredos a más de 1100 metros sobre el nivel del mar  y de su fundación por pastores asturianos,  que aprovechando un viaje por la Ruta de la Plata, nos desviamos en Béjar a conocer in situ el lugar  elegido como asentamiento por los vaqueiros en tiempos de la Reconquista.

Ascendimos la empinada calle  Mayor y la “enchirrada”  cuesta de la Iglesia que decía Unamuno, incluso vimos a Petra, cocinera de banquetes y la última mujer en utilizar el traje de candelaria a diario. Estaba de luto pero vestida  de verde en el manteo de su traje regional junto al jubón, el mandil, la faltriquera o el mantón y el característico moño de picaporte.

Muchos años después, entablamos amistad con la entonces alcaldesa Carmen Esteban Fonseca, me invitó varias veces a la Noble Villa e incluso ejercí de pregonero para las fiestas de Santa Ana en 1994, así que las visitas se sucedieron y fui enamorándome de tan precioso pueblo y ahora, en cuanto paso un tiempo sin visitarlo, ya lo echo en falta. Necesito volver.

Hay que dormir en uno de los hoteles cercanos a la calle Mayor o por donde discurren las regaderas alimentadas por las once fuentes que hay en el pueblo, como la de Ánimas, la Romana que nace  bajo los cimientos del ayuntamiento; la de Perales, la de la Hormiga o la de la Cruz de Piedra, todas ellas bien dibujadas por la mano del gran artista y amigo Jacinto Sánchez Bayo. El discurrir del agua por las regaderas hace de efecto relajante, así me lo comentó Don Camilo José Cela. Aseguraba el genial escritor que el “clemente, el próximo, el acompañador contrapunto del agua de las regaderas, deleitosamente, atiende al tímido sonsonete, que hace brotar una inmensa paz cerca del corazón”.

Y como hace tiempo que no visito Candelario,  habrá que hacerlo pronto para saludar a nuestros amigos del restaurante la Cuesta de la Romana o de Casa Tolo donde ofrecen unas carnes a la brasa de vaca morucha verdaderamente exquisitas. Si es posible, quiero visitar la villa con el color del otoño que tan maravillosamente plasmó el pintor asturiano Darío de Regoyos. Subiré hasta la plataforma y espero tener la suerte de ver la puesta del sol y disfrutar con los ocres que ofrece el paisaje lleno de  castaños;  contemplar el  horizonte que dibuja la Peña de Francia y los pueblos repartidos por lo que aparenta la llanura charra. Quiero degustar el hornazo, las patatas “volteás” y por supuesto el  calderillo, que es el guiso de patatas con carne que preparan al aire libre, -tal y como lo hacían los pastores trashumantes- y que ofrecen a los amigos, así que además de su sabor a laurel está el sabor de la compañía que es el mejor de todos los sabores. Vinos de Turuñuelo de la Sierra de Francia, chorizo de Candelario que popularizó el rey Carlos IV gracias a los elaborados por el Tío Rico, personaje retratado por Bayeu y que representa al choricero mas popular de toda España y del que dicen las crónicas que era tan rico que en su casa “ataban los perros con longaniza”.
 
Al bajar de Candelario vemos la garganta del río Cuerpo de Hombre y desde el puente de piedra que lo cruza en zig-zag, suenan las aguas procedentes de las regaderas, aguas que servían para lavar  la lana y mover las muelas de  los molinos, hoy prácticamente en desuso, tanto los molinos como las fábricas, pero las once fuentes siguen manando agua, alimentando las regaderas y por supuesto el río.

Cuentan por  Candelario y por Béjar,  que el río Cuerpo de Hombre lo cita García Márquez en una de sus novelas y es coincidente lo que también  cita el escritor colombiano, que en primavera llovían sobre el río las candelas, flores de los castaños que dieron nombre a tan bonito pueblo.

Para terminar el recorrido, pasamos por la ermita de la Virgen del Castañar y visitamos la plaza de toros de Béjar, que es del s. XVII y está considerada como la más antigua de España.

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Fiestas locales 
2 de febrero y 27 de julio 
Dist. Capital 
76 Km. 
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970 habitantes 


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