Pueblos de Salamanca

Cien años de una obra social sin precedentes (tercera parte)

Es el momento de conocer cómo funcionaba la Asociación del Santo Cristo del Monte de Alaraz y qué requisitos se solicitaban a los que querían formar parte de la misma, entre otras curiosidades

30.06.2016 | 20:20
Procesión conmemorativa del centenario de la asociación.
Procesión conmemorativa del centenario de la asociación.

Conocida ya la fundación de la Asociación del Santo Cristo del Monte de Alaraz y el contexto en el que se produjo, es el momento de profundizar en la actividad de esta agrupación pionera, en su forma de funcionar y en los requisitos que se exigían hace cien años a los que querían pertenecer a la asociación.

Tradicionalmente las obras de beneficencia venían estando asociadas a la religión, en forma de cofradías o agrupaciones caritativas que se encargaban de remediar situaciones extremas de las que se tenía noticia, pero por lo que respecta al asociacionismo corporativista en su doble vertiente, de asistencia y de cohesión social, comienza a aparecer en España en la segunda mitad del siglo XIX.
 
Tímidamente y de forma muy cautelosa La Real Orden circular del 28 de febrero de 1839 daba autorización para que se pudieran crear asociaciones de socorros mutuos, sujetas a inspección de las autoridades civiles, pero los años convulsos que siguieron no fueron favorables al asociacionismo, hasta que en el año 1887 la Ley de Asociaciones vuelve a impulsar su implantación entre las clases populares y obreras.
 
En el año 1904, es decir 12 años antes de fundarse en Alaraz la Asociación del Santo Cristo del Monte, el ministerio de la Gobernación nos habla ya de la existencia en toda España de 1.580 mutualidades clasificadas como Sociedades de Socorros Mutuos. No son muchas, pero son las pioneras, dato éste que muestra por sí solo hasta qué punto el pueblo de Alaraz se había adelantado a los tiempos, incorporándose al movimiento vanguardista.

Todo hacía prever que el reformismo de los liberales daría un nuevo auge al asociacionismo, hasta que un hecho imprevisto, como fue el asesinato de Canalejas a manos de los anarquistas en 1912, vino a cambiar el rumbo en España, abriéndose un periodo convulso presidido por el conservador Eduardo Dato, que tuvo que enfrentarse a un descontento masivo y a una huelga general convocada por los sindicatos, lo que engendraría una gran inestabilidad en todo el país; pero ello no fue obstáculo para que el gobernador provincial por aquel entonces, el Ilmo. Sr. Manuel Ruiz Díaz, como representante de la Administración de D. Eduardo Dato en Salamanca, diera luz verde a la Asociación del Santo Cristo, que tenía a su favor el poder presentase como institución benéfica, sin ningún tipo de connotaciones ideológicas, pensada por las gentes del pueblo y para el pueblo, sin que nadie pudiera sentirse excluido, por lo que no cabía el menor tipo de recelo
 
En la provincia de Salamanca por este tiempo, los mutualismos venían sendo de tipo catolico, básicamente caritativo y benéfico o bien decaracter obrero constituido por trabajadores con orientación básicamente asistencial; también existía un mutualismo popular vertical en el que coparticipaban los obreros con los patrones, mezclándose los ricos con los pobres.
 
En este último tipo de asociación era precisamente en el que se enmarcaba El Sto. Cristo del Monte de Alaraz a pesar de que la denominación pudiera hacernos pensar otra cosa. En ella había dos modalidades de socios: los protectores, que de forma generosa contribuían al sostenimiento de la Asociación y los numerarios a los que se les exigía ser vecino de Alaraz, persona honrada y estar sano en el momento del ingreso, sin que  se tuviera en cuenta condicionamiento alguno de carácter profesional. Bastaba con ser persona y esto era más que suficiente.
 
Todo ello da a enter que el espíritu que inspira a esta asocoaciación es de carácter eminentemente abierto y humanitario, que permita la entrada a todo tipo de personas, fueran de la condición que fueran. Al no existir intereses de clases, ni distinción entre ricos y pobres, se evitaban peligrosos enfrentamientos, al tiempo que se fomentaba una buena vecindad, armoniosa y pacífica, sin que ello fuera en detrimento de las legítimas aspiraciones y justas reivindicaciones de los asalariados, tan frecuentes en esta época, al contrario, frente al abandono y desamparo en que se encontraba este colectivo, asociaciones como ésta no sólo venían a cubrir funciones humanitarias de supervivencia, sino que fueron el embrión del sindicalismo reivindicativo y pacífico, que nos trae a la memoria el llamado verticalismo sindical en la España de Franco de 1940 a 1976.
 
Precisamente, este carácter de convivencia pacífica ha sido uno de los mejores frutos que se recuerda de esta asociación alaraceña. A alguno de sus actuales socios les he oído decir que en las anuales comidas de confraternización que cada Primero de Mayo se siguen celebrando, resulta emotivo ver a los ricos servir a la mesa precisamente a quines en otros tiempos fueron sus servidores.   
 
Ciertamente que el prinicipal objetivo de la Asociación del Sto Cristo del Monte no era otro que el de poder socorrer con una pensión diaria a todos los que por una desgracia quedaban incapacitados o contraían una enfermedad que les impiera seguir trabajando, pero además se pensaba en otras finalidades en el caso de que ello fuera posible, como por ejemplo otorgar préstamos a aquellos que más lo necesitaban, bajo condiciones debidamente reguladas.
 
Para poder crear el capital social que permitiera hacer frente a estas aspiraciones, sus miembros quedaban comprometidos a depositar una parte de sus ingresos. Era una pequeña aportación de todos para que, llegado el caso, se pudieran beneficiar los más necesitados. Incluso sin salirse del plan principal se aspiraba a mejorar las costumbres morales de sus socios. Esto último a mi me parece de singular relevancia y dice mucho a favor de esta Asociación y de su elevación de miras.

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