As Torris: una gran habitación con vistas

Una ruta por el norte de la provincia de Cáceres, junto a la frontera salmantina, lleva al visitante a disfrutar de cumbres graníticas e incomparables vistas

27.08.2016 | 13:15
As Torris: una gran habitación con vistas

Cuando ya estábamos saboreando las rampas que nos llevaban hacia el punto de salida, una señal de obras en la carretera, nos frenó en seco, gracias a dos encantadoras mujeres que volvían de su madrugador paseo “colesteroliano”, pudimos recobrar la marcha con el coche hasta alcanzar el puerto Viejo entre Navasfrías y Valverde del Fresno.

Encontrarte con gente amable, dispuesta a resolver tus dudas, es gratificante, los obreros que trabajaban en la carretera aumentaron las buenas sensaciones que los 4 caminantes llevábamos esa mañana antes iniciar la caminata.

Iniciamos la ruta en la divisoria de las dos provincias, ascendiendo por un camino antipático, donde las huellas de los incendios pasados habían dejado un reguero de “pitronchos” secos que aún resistían el paso del tiempo. Cuando subes sin mirar la vista atrás, porque tienes que ponerla en el suelo, sin darte cuenta, siempre que las rampas no sean muy pronunciadas, en un momento percibes la elevación que has conseguido. Al alcanzar la gran pared que delimita comunidades y provincias, auténtica muralla visible desde la lejanía, nos dimos cuenta que habíamos entrado en la habitación que esa mañana nos recibió con los brazos abiertos: AS TORRIS DE HERNÁN CENTENO.

Se extiende esta sierra más occidental de Gata desde el puerto de Santa Clara hasta el puerto Viejo, formando un paisaje espectacular donde las formaciones naturales de granito, auténticas esculturas, son las protagonistas.

Caminando hacia el este, entre los bloques de granito colocados caprichosamente por la naturaleza, ascendiendo y bajando pequeñas cumbres siempre coronadas por macizos de granito, es un placer disfrutar de unas vistas impresionantes hacia ambas laderas, donde sus grandes puertas y ventanales están abiertos de par en par.

Con el Jálama de punto de mira al fondo y la pequeña muralla construida con el arte de los que no saben que están haciendo una obra de arte, fuimos componiendo en nuestra retina numerosos cuadros abstractos, todos llenos de simbolismo, por donde fueron desfilando pueblos de la raya, este espacio deprimido económicamente, pero con una riqueza paisajística que da rabia ver cómo muy pocos se acercan a disfrutarla.

Guarda, Covilha, Aldeia do Obispo, Foios, Valverde de Fresno, Navasfrías, Eljas, San Martín de Trevejo,..se fueron metiendo en nuestra habitación, a medida que alcanzábamos nuevas puertas y ventanas. Si a ras de suelo las vistas eran espectaculares, no lo era menos el cielo, su azul intenso tan solo manchado por la estela blanca que dejaban los aviones en su constante trasiego, era el perfecto complemento de las bellas estampas.

Alcanzada la máxima elevación hacia el este, el regreso lo hicimos utilizando un nuevo sendero y jugando a desarrollar nuestra imaginación. Teníamos muchos elementos motivadores ante nuestros ojos y tan sólo era cuestión de ponernos a trabajar.

La naturaleza consigue con el paso del tiempo moldear artísticamente las duras rocas consiguiendo esculturas muy conseguidas que nos permitieron ir asociándole tortugas, águilas, leonas, hamburguesas gigantes al borde del precipicio, el cubo de Rubik perfectamente troceado, focas, esfinges con sus ojos perfectos, sombreros coreanos,…Cada uno de nosotros lanzaba la primera impresión y a partir de ahí la imaginación no tenía límites mejorando y ampliando la imagen representada. A partir de la última torre, con el Jálama de testigo, motivándonos para que de nuevo alcanzásemos su cima, descubrimos una auténtica escultura de la loba amantando a Rómulo y Remo, recordándonos que por estas tierras o muy cerca de ellas debió pasar Viriato, iniciando entonces su relación con la historia.

La pared de lanchas nos permitió viajar de vez en cuando, entrando y saliendo de Extremadura y Castilla y León, cruzando de la vertiente del Duero a la del Tajo, todo ello sin necesidad de utilizar medios de transporte.

En un mundo globalizado, donde los vuelos supersónicos de los aviones llevan pasajeros de una punta a otra del mundo, tal como veíamos constantemente con tan solo alzar la vista, en este pequeño rincón del planeta, aún existen pequeñas barreras para delimitar un territorio que es clónico a ambos lados de la pared.

Regresamos ladera abajo con la mochila llena de buenas sensaciones, cargada de imágenes de gran belleza de un espacio tan original como desconocido y olvidado, del que sólo parecen acordarse los incendios.

Este miércoles, cumplimos la promesa del Jálama, subiendo con nuevos caminantes, que escuchadas nuestras aventuras de la sierra decidieron comprobarlas. Subir con un grupo humano especial, muy motivado y disciplinado, es una experiencia enriquecedora. El día luminoso, de viento que nos abanicó de lo lindo llevándonos en volandas a la cima, donde disfrutamos de uno de los mejores horizontes de Gata, deleitándonos y dándonos envidia de su vuelo una bandada de buitres que estaban en su salsa utilizando las corrientes de aire.

No les defraudó para nada la experiencia, tampoco para mí, que de nuevo tuve la oportunidad de fijarme mejor en la espina dorsal de As Torris desde la altura, comprobando que nuestro particular zoológico que montamos la semana pasada seguía en su sitio y que las vacas del Jálama, quizás por efecto del viento, siempre hay alguna con ganas de pelea.

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