¿Debe el Ayuntamiento obligar a derribar casas en ruinas?

La dejadez de los propietarios o las dificultades para localizar a los herederos traen de cabeza a los consistorios por los problemas que generan los inmuebles

11.06.2016 | 04:45
Un edificio en ruinas en Peñaranda.
Un edificio en ruinas en Peñaranda.

La antigüedad de numerosos edificios y la falta de mantenimiento a lo largo de los años los convierten en uno de los problemas más serios a los que se enfrentan hoy en día los ayuntamientos y que generan, además, las críticas vecinales por los problemas y peligros que generan.

Se trata, en muchos casos, de inmuebles que llevan años abandonados por el éxodo o fallecimiento de sus moradores y que prácticamente "duermen" en el olvido de sus actuales propietarios que en su mayor parte ven inviable económicamente rehabilitarlos o incluso derribarlos.

Las dificultades de los consistorios para localizar a todos los herederos e instarles a que tomen medidas en cuanto a la ruina de las construcciones es también tónica habitual y retrasa durante muchos meses los expedientes municipales que se inician como última instancia para dar solución a los casos graves.

La ubicación de algunas edificaciones, principalmente en el casco antiguo de los municipios y en calles de gran tránsito peatonal, supone también un riesgo añadido para los viandantes ya que la caída de cascotes y otros elementos deteriorados suele ser frecuente y obliga a los ayuntamientos a vallarlos para evitar cualquier posible daño.

Peñaranda, Alba de Tormes, Béjar y Ledesma son tan sólo algunos ejemplos de un asunto que trae de cabeza a los responsables municipales. Los expedientes de ruina suponen, además, un largo proceso de papeleo que tampoco asegura el derribo por parte de los dueños por lo que los ayuntamientos tienen que hacer frente a ello y repercutirle los gastos derivados de la demolición. La delicada situación económica de numerosos consistorios hace que tampoco sea fácil adelantar y asumir gastos de derribo de edificios en ruinas hasta que puedan cobrarlos, si es que se logra finalmente.

Localidades como Peñaranda han llegado a tener más de media docena de casos en el Conjunto Histórico de las plazas que se han ido resolviendo con derribos y construcción de nuevos inmuebles, otros con solares que llevan años abandonados y otros como el emblemático Palacio de los Condes de Bracamonte que sigue siendo la "asignatura pendiente" en mitad de las plazas por su lamentable estado.

Los inmuebles en ruinas y abandonados se convierten, además, en pasto de palomas, roedores, insectos e incluso culebras que campan a sus anchas por ellos y por antiguos jardines y patios que hoy sólo son una sombra de lo que fueron en su día.

Los vecinos que tienen cerca uno de estos edificios no dudan, por lo general, en reclamar medidas para no tener que soportar los problemas que generan y se dirigen a los ayuntamientos como administración más cercana al ciudadano pidiendo soluciones. Los responsables municipales coinciden en destacar lo difícil que es resolver este tipo de casos si no cuentan con la colaboración de los propietarios ya que muchos de ellos tampoco dudan en responderles que "prefieren dejar que se caigan".

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