Los retazos de la historia que deja al descubierto la restauración de la fachada de la Universidad

Se ha desvelado el nombre del ´grafitero´ decimonónico que dejó grabada en la piedra de la Fachada la inscripción ´Espedición de 1853´

12.12.2016 | 13:11
Imagen de una inscripción de uno los ´grafiteros´ descubiertos.

Nicomedes de Mendívil es el nombre de uno de los alumnos de tercer curso de la Escuela de Arquitectura de Madrid que en mayo de 1853 subió a la Fachada Rica de la Universidad de Salamanca, como parte de una excursión organizada por el arquitecto Francisco Jareño a la ciudad. De su paso por la Portada dejaron huella, como ya se comprobó en 2012, en distintos puntos del retablo pétreo. En concreto, recuerda Eduardo Azofra, profesor de Historia del Arte de la Universidad de Salamanca, en "uno de los cuarteles del escudo central, y en el escudo de uno de los putti o querubines del friso superior", donde podía leerse la inscripción "ESPEDICION DE 1853".

El desmontaje de la cubierta, durante la presente restauración, ha permitido localizar en un sillar del contrafuerte meridional otro grabado, "N. MENDIVIL 1853", que ha servido al equipo de investigación para rastrear la pista de Nicomedes de Mendívil, a partir del estudio que realizó Antonio Casaseca sobre la expedición de Jareño, basándose en la documentación que sobre el particular se conserva en el Archivo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. No es seguro que fuera Nicomedes quién realizó todas las inscripciones, pero sí al menos una de ellas.

Detalles del proceso constructivo
Desde el primer momento la actuación en la Portada Rica se ha contemplado como una oportunidad para la investigación y el conocimiento. De ahí que durante el proceso de restauración se hayan sucedido las visitas técnicas. Una de ellas ha sido la de la investigadora Alexandra M. Gutiérrez, doctoranda de Historia del Arte de la Universidad, quien está realizando su tesis sobre las monteas, esto es, los trazados que se ejecutaban sobre un tendido de yeso en la piedra o en los solados de la propia construcción, de donde podían sacarse plantillas para facilitar el trabajo de los maestros canteros.

La ascensión al andamio de Alexandra le permitió localizar algunos de estos sillares con monteas en la Portada Rica. Entre otros, uno en el que se ejecutó la plantilla para el trazado de un bocel o baquetón. "Las trazas aquí localizadas vienen a reforzar los estudios que se han estado llevando a cabo en los últimos años sobre estas huellas escondidas en la piedra de nuestros monumentos, como las localizadas en las azoteas de la catedral de Sevilla o las que se escondían en el templo mayor de Santiago de Compostela – apunta Alexandra -. Aquí encontramos algunos ejemplos relacionados con la labor directa del cantero que se llevaba a cabo a pie de obra, lo que demuestra el uso habitual de este sistema en el seno del taller y la eficacia de los canteros en el control geométrico necesario para la ejecución de las fábricas pétreas".

Otras curiosidades de la restauración: tableros de juego
La supervisión arqueológica de la obra ha traído consigo otras curiosidades. Al desmontar la cubierta de la sala de incunables, se halló un alquerque grabado sobre un sillar reaprovechado como material constructivo de la fachada plateresca.

"El alquerque – explica Zoa Escudero, arqueóloga de la Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico – es un tablero de un antiquísimo y popular juego de mesa que se solía practicar en espacios públicos y privados, desde templos, a castillos e iglesias". Se jugaba, según comenta la técnico del proyecto "en bancos, escalones...", para lo que se solía grabar el tablero en la piedra.

El origen del juego parece remontarse al antiguo Egipto, desde donde se fue extendiendo a gran parte del Mediterráneo. El nombre de "alquerque", procede del árabe al-qirkat y los más antiguos, recuerda Zoa, "incluidos los de época romana, son los llamados de tres y de nueve, atendiendo al número de fichas por cada jugador".

El localizado al levantar la cubierta de la Fachada Rica es un "alquerque de 12, es decir, se jugaría con 24 fichas, 12 –negras o blancas- para cada participante" apunta la arqueóloga, para añadir que se trata de "una variedad más moderna, difundida con posterioridad al siglo XIII y cuyas reglas aparecen recogidas por vez primera en el Libro de axedrez, dados e tablas, del rey Alfonso X El Sabio".

La pieza encontrada durante la restauración, se suma a otra similar localizada en el muro lateral norte. Posiblemente ambas se han reutilizado como material constructivo. La primera procede, quizá, "de la antigua puerta de la Universidad o sus inmediaciones, construida en el siglo XV, y sustituida al edificar la plateresca que hoy en día vemos". La afirmación de Zoa se basa en el hecho de que "la Portada era un lugar de paso habitual de estudiantes, un espacio muy propicio para albergar entre sus losas un juego de este tipo, en el que los alumnos pudiesen 'matar el rato'". También era frecuente que los propios canteros realizasen estos tableros en la piedra para entretenerse durante el trabajo y los colocasen, posteriormente, en lugares indeterminados, normalmente en zonas poco visibles, "este podría ser el caso – apunta Zoa – del segundo, el que se sitúa en el muro norte, un área más noble de la construcción y que presenta trazos menos marcados y poco esmerados".

Próximos pasos de la intervención
En los próximos días, antes de retirar definitivamente el andamio
, se realizará una revisión de las tareas desarrolladas en la Portada Rica, consistentes en la limpieza, restauración de los pináculos, eliminación de sales, reintegración volumétrica y armonización cromática del conjunto.

Para combatir la humedad se ha instalado una nueva cubierta sobre la sala de incunables que mejorará la ventilación, estanqueidad e impermeabilización, a la vez que facilitará la evacuación del agua. Además, una vez retirado el andamio, se llevará a cabo una actuación en el zaguán del edificio y en el exterior de uno de sus rondines, destinada a establecer pozos de aireación y a conectar estos a la red de ventilación ya existente. Una intervención que, como el resto de la restauración, irá acompañada del correspondiente seguimiento arqueológico y se llevará a cabo respetando la historia del edificio, utilizando métodos y materiales estables, reversibles y homogéneos y documentando cada paso.

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