DÍA DE LA MADRE

La lucha de las madres en tres historias: cuando lo imposible es posible

Tres mujeres relatan sus experiencias de lucha para ser madres a pesar de las difíciles

01.05.2016 | 11:13
Nieves, Esther y María José junto a sus hijos.
Nieves, Esther y María José junto a sus hijos.

Hay madres que merecen un espacio aparte. Por su coraje, su espíritu de superación ante las adversidades o por su solidaridad altruista. Cuatro mujeres dan testimonio de su experiencia y las barreras y obstáculos que tuvieron que atravesar.

MARÍA JOSÉ SAN PEDRO
Tras una nueva vida sin drogas, ha recuperado el cariño de sus 2 hijas

Recuperar el tiempo perdido. Los cafés no tomados, las confidencias que nunca llegaron. Cada mañana manda un WhatsApp a sus dos hijas para desearles un buen día. Una motivación inimaginable solo hace cuatro años. En Proyecto Hombre ha recuperado la vida en un itinerario que aún no ha terminado. "Ya me había dado por vencida tras perder a mi familia y mi vida", rememora ahora que sí es consciente del "declive diario". "Me acostaba con la culpa, pero por la mañana el síndrome de abstinencia podía más", recuerda como si fuera ayer. De aquella etapa, perdió la custodia de su hija pequeña y el cariño de la mayor que "maduró tan rápidamente que tuvo que hacer las veces de madre conmigo".

Cuando el horizonte estaba completamente desdibujado, María José ingresó en Proyecto Hombre. Empezó a volver a la vida. "No era ni la sombra de lo que es ahora, tenía miedos, inseguridades, carencias afectivas y emocionales y un temor a confiar en sí misma", describe Manuel Muiños, presidente de Proyecto Hombre. Tras años de distanciamiento en las edades más complejas -en plena adolescencia de sus hijas-, el acercamiento fue poco a poco. "Al principio sentía dolor, tristeza y angustia por todos los momentos perdidos, pero descubrí por primera vez la emoción de tomarme un café con mis hijas, observar los escaparates, que me cuenten sus chismes", explica emocionada.

María José está en la última fase antes del alta terapéutica y no quiere mirar más allá de disfrutar cada momento con sus hijos. "Quiero vivir cada momento. Todos los que me he perdido como madre. Emocionarme con ellas ahora es mi principal motivación para seguir adelante", concluye. Hoy será un Día de la Madre diferente. Comerá con sus hijas con un mensaje imborrable: "Te quiero". Manuel Muiños, visiblemente orgulloso, le emplaza a continuar el camino para tener un futuro diferente al pasado que ha tenido.

NIEVES JIMÉNEZ
Ser familia numerosa no le impide ser madre de acogida

El llanto de un bebé de cinco días fue la primera experiencia para Nieves como madre de acogida. Ser progenitora de una familia numerosa no le impidió ser fiel a una premisa: "Tenemos que saber la suerte que tenemos de haber nacido en un sitio que nos quieran. Los niños merecen ser queridos y sentirse así, por lo que nosotros somos un puente en el tiempo". Nieves aún recuerda los nervios antes de recorrer el pasillo de neonatos para recoger al bebé, -del que prefiere no decir el nombre para garantizar la confidencialidad- que sería un miembro más de su familia durante cuatro meses y medio tras la renuncia de la madre biológica. "En aquel momento me sentía muy triste por el sufrimiento que debía estar pasando una madre para renunciar a tanto cariño", recuerda. Con una antelación de un día, Nieves recuperó los biberones e inició un álbum de fotografías para que los futuros padres no se perdieran ningún momento de la infancia.

La experiencia se repetiría de nuevo con un bebé de tres meses tras una renuncia y una niña que permaneció tres años en su casa tras pasar por un centro de menores: "Cuando llegó tenía dos dientes y salió de nuestra casa hablando y riéndose, porque la sonrisa es lo que mejor le define".

A diferencia de los casos de los bebés, el momento de entregar a los padres adoptivos una niña que había pasado tanto tiempo con ellos fue diferente. "Hicimos un acoplamiento con los padres adoptivos durante quince días que estuvieron en casa para todo, salvo para dormir". Nieves es consciente de la situación de la familia de acogida. Se define como un "puente".

ESTHER DOMÍNGUEZ
Un embarazo joven que le permitió descubrir un nuevo horizonte

"Fue una oportunidad y el mejor regalo de mi vida". Esther define así el nacimiento de su hijo Miguel Ángel frente a las dificultades que veía en un primer momento de ser madre con 24 años. "Me costaba aceptar que estaba embarazada y hacer oídos sordos a todos los que me decían que no siguiera adelante", recuerda. Frente a ello, Esther optó por apoyarse en Red Madre y encontrar la oportunidad de finalizar sus estudios en Secundaria. "Si no hubiera sido por Miguel Ángel nunca me lo hubiera planteado", incide. Desde el nacimiento, se apoyó en la familia más cercana, el Colegio Mixto de Pizarrales. Frente a la "valentía" que aún escucha por la opción de ser madre soltera, ella reivindica una "pasión" de una madre por un hijo y una maternidad sin condicionantes.

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