A.B.
"Imagínense un ladrido eterno durante toda la noche. Si le sumas escucharlo llorar y que ese sonido atraviese la doble contraventana, se podrán hacer una idea del calvario que pasamos cada noche”. Este sentimiento es el que Benjamín Blázquez, un vecino de la calle Abraham Zacut experimenta cada vez que la Policía Local recoge un perro callejero y lo deposita en unas jaulas situadas en el exterior de las instalaciones destinadas a los agentes municipales.
Ante esta situación, Blázquez, al igual que otros vecinos de la zona denuncia que esta situación no se da todos los días, pero sí varias veces al mes, lo que provoca que en esos días “la familia no pega ojo”. “No creo que sea tan costoso habilitar una dependencia, aunque sea de forma provisional por la noche para que no se moleste a los vecinos”, incide.
Los vecinos ya han presentado una reclamación al Ayuntamiento, por medio del formulario que existe en su página web, con el objetivo de que no se repitan más estos incidentes.