El concejal de Cultura del Ayuntamiento de Salamanca, Julio López, acompañado de la directora de Exposiciones del Instituto de Cultura de Fundación Mapfre, Nadia Arroyo, y de los comisarios de la muestra Carlos Sánchez y Javier Piñar, ha presentado este lunes la exposición "Una imagen de España. Fotógrafos estereoscopistas franceses (1856-1867)", que se podrá visitar en la Sala de Santo Domingo de la Cruz hasta el próximo 8 de abril.
La exposición reúne 83 piezas, entre imágenes originales, reproducciones ampliadas de las fotografías y visores que permiten al espectador experimentar la tercera dimensión.
Con la llegada de la fotografía, los experimentos para obtener la sensación de relieve en la observación de imágenes encontraron el medio más adecuado. Durante la exposición universal de Londres de 1851 la reina Victoria mostró su fascinación por un visor estereoscópico y, a partir de ahí, el éxito comercial del nuevo invento traspasó rápidamente las fronteras. Además, esta nueva manera de observar imágenes se adaptaba especialmente a la visión del paisaje y de las ciudades, en un momento en que la literatura de viajes vivía su máximo esplendor y España se consideraba un destino ineludible.
Cuando la estereoscopia se incorpora a esta literatura, profundiza en una senda que ya había sido abierta. La novedad, más allá de la temática, radicaba en la mayor amplitud con la que se abordaba el tratamiento gráfico sobre el país por parte de los editores franceses. La fotografía estereoscópica sobre España fue realizada, fundamentalmente, por profesionales y empresas activas en el mercado parisino, acometiendo expediciones por cuenta propia, encargando colecciones a terceros o adquiriendo imágenes realizadas por fotógrafos "locales" residentes en el país. Entre 1856 y 1858 las expediciones realizadas o promovidas por Carpentier, Gaudin y Ferrier ponen en el mercado más de 500 imágenes de España; ya en la década de los sesenta, una nueva serie promovida por Ferrier y las colecciones de otros fotógrafos y editores, como Lamy y Andrieu, suponen otras 600 vistas adicionales.
La exposición se divide en tres ámbitos temáticos
La exposición se divide en tres ámbitos temáticos que introducen al espectador en el contexto del viaje fotográfico, en los artificios y la explotación de la visión espacial y en la imagen de España difundida a través de la fotografía estereoscópica.
En el espectáculo de la imagen descubrimos como más que un mercado de venta, España fue en las décadas centrales del siglo XIX un yacimiento de imágenes que enriquecían el imaginario de los consumidores europeos. La gestación de este patrimonio iconográfico y el fenómeno del voyage en Espagne, en su versión fotográfica, se produce en los primeros años de la década de 1850. Este primer ámbito contextualiza, por tanto, la producción de fotografía estereoscópica sobre España en el momento de máximo auge de la literatura de viajes.
El ámbito denominado el artificio y la explotación de la visión tridimensional muestra los esfuerzos e investigaciones que dieron como resultado la obtención de la visión tridimensional y su aplicación a la fotografía. El artificio técnico se conseguía mostrando al espectador no una, sino dos imágenes fotográficas ligeramente diferentes que habían de ser visualizadas a través de un aparato óptico. Este apartado nos muestra cómo lo tridimensional se mostró como un camino especialmente adecuado para difundir con mayor realismo las vistas de ciudades y paisajes de España.
La exposición se cierra con la sección una visión de España compuesta por un nutrido repertorio de imágenes elaborado por los fotógrafos Joseph Carpentier en 1856, Enerst Lamy, 1863, y Jean Andrieu, 1867, y las empresas editoriales de los Hermanos Gaudin (1857) y Ferrier-Soulier (1857 y 1863). Un mosaico de imágenes donde no está todo el país, sino lo que juzgaron más emblemático o lo que era más accesible. Importa el mundo urbano, pero no están todas las ciudades; importa el monumentalismo, pero la mirada enfatiza el Medievo cristiano y el recuerdo de Al-Ándalus; importan los escenarios del poder político –palacios reales, palacio de las Cortes, ayuntamientos- pero no se presta atención a los emblemas del poder económico y a los espacios de trabajo. Hay una especial predilección por las puertas urbanas y por los puertos de mar, tan vinculadas al hecho de viajar y a la sorpresa de entrar a descubrir, pero es poco el mundo interior que se muestra tras los muros y los mástiles. Abundan, en cambio, las visiones globales de las ciudades, capaces de mostrar la realidad en una sola mirada, o sucesivas cuando se recurre a la composición de panoramas.