ECONOMÍA

Gasolineras y bares rurales, en el olvido tras la puesta en marcha de las autovías

El desarrollo y seguridad de las nuevas vías de comunicación contrasta con el descenso de actividad del sector servicios en los pueblos junto a las principales carreteras nacionales

17.04.2017 | 04:45
La gasolinera de Ventosa del Río Almar también se vio obligada a echar el cierre hace un par de años.

La progresiva puesta en marcha de las principales autovías que atraviesan la provincia salmantina como son la A-66, A-62 y A-50 han supuesto una auténtica revolución en las comunicaciones por carretera además de influir decisivamente en un descenso en el número de accidentes de tráfico mortales aunque del lado contrario de la balanza también han repercutido negativamente en los pueblos que vivían "al amparo" de las antiguas carreteras nacionales.

Gasolineras, bares y hostales se han llevado la peor parte al quedar ahora retirados del masivo tránsito diario de vehículos que registran las autovías y son muchos los que se han visto obligados incluso a echar el cierre por la pérdida de clientes.

Vallejera y Cantagallo en el caso de la A-66, Sancti Spiritus, Martín de Yeltes y Gallegos de Argañán en la A-62 y Ventosa del Río Almar, Encinas de Abajo o Calvarrasa de Abajo son algunos ejemplos de localidades que vivieron sus años de prosperidad por el paso de las carreteras nacionales y que ahora luchan por sobrevivir o atraer, al menos, algunos de los cientos de vehículos que paraban en ellos para repostar carburante, tomar un café o incluso hacer noche.

Otro de los ejemplos más significativos se encuentra en Peñaranda, cabecera de su comarca, y que durante décadas fue lugar de paso en el eje Salamanca-Ávila-Madrid con la antigua Nacional 501 como motor de desarrollo socioeconómico de su hoy desaparecida industria del calzado y del sector servicios.

El peligro que entrañaba el intenso tráfico diario por el centro de la localidad peñarandina llevó al Ministerio de Fomento a proyectar una circunvalación que sacara la mayor parte de vehículos, sobre todo pesados, del municipio pero trajo, también, con ello un primer varapalo para los establecimientos que tenían en los visitantes un alto porcentaje de sus ganancias tales como restaurantes, pastelerías y comercios. La merecida fama de la gastronomía y repostería local hizo, sin embargo, que Peñaranda fuera recuperando poco a poco el "tirón" aunque no al mismo nivel de aquellos años por lo que la entrada en servicio de la autovía A-50 tuvo un menor impacto.

Precisamente las obras de la autovía que se desarrollaron durante más de tres años convirtieron a Peñaranda en "centro de operaciones" para los cientos de trabajadores que se encargaron de realizar los distintos tramos y bares y restaurantes servían a diario comidas y cenas además de subir las pernoctaciones e incluso el alquiler de viviendas.

Los cerca de 7.000 habitantes que residen en Peñaranda, de los que unos 6.500 están empadronados en el municipio, son el principal factor a favor de ir recuperando un desarrollo que ha pasado por muy malos momentos pero otros pueblos, mucho más pequeños en población, no tienen la misma suerte y a la pérdida de sus principales negocios suman, también, la de vecinos que buscan otras oportunidades en núcleos más grandes.

Las fórmulas para intentar atraer clientes que se desvíen de las autovías para entrar en el pueblo más cercano tampoco son la panacea para ellos y muchos, como es el caso de Ventosa del Río Almar, se quejan, además, de que no lograron tan siquiera que su gasolinera estuviera señalizada en la A-50.

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