J.L.
Leandro puso la calidad a la último festejo serio del Carnaval en el que apareciò un Juan del Álamo dispuesto, arrebatado, valiente y con aires renovados para atacar. Gustó su disposición, la frescura de ideas y también lo compuesto de sus formas. Transmitió ilusión, conectó con facilidad con los tendidos y se los pasó cerca y de manera comprometida. Porque compromiso fue lo que trajo para presentarse como matador de toros ante sus paisanos.
Se llevó la tarde de calle, dentro de un festejo en el que Leandro derrochó gusto, empaque y buen toreo, ante el torrente de bravas embestidas que llevaba dentro "Cariñoso", el utrero de Domingo Hernández que abrió la función. Por su parte, en el haber de la tarde también se incluye un templado, mecido y cadencioso quite por verónicas y delantales firmado por Leandro a su oponente; al igual que el saludo capotero de Fandiño, que encajó los riñones y menejó la tela de manera soberbia en su primera aparición en público.
Esas fueron las claves de una tarde presidida por el excelente comportamiento de un gran encierro de Domingo Hernández, que en su debut como ganadero en Miróbriga le dio continuidad a la excelente campaña pasada en la que logró cotas casi inalcanzables. Abre el año por los mismos derroteros.
¿Ha llegado Fandiño? Esa fue la pregunta más repetida durante todo el festival, hasta que pasado el ecuador hizo acto de aparición en el rectangular coso. Y mientras llegaba y no, Leandro se hartó a torear. Tras gustare con el capote y paladear las bravas y bondadosas acometidas de "Cariñoso", Leandro se dobló por bajo en poderoso inicio, castigo al que se creció el bravo animal que no se aburrió jamás de embestir. Le costó más cogerle el pulso con la zurda, aunque entre sí y no, le endilgó algún soberbio natural; mientras que con la diestra le exigió mucho más, se lo metió a la cadera, toreó en curva en pasajes de toreo caro. Hasta que montó la espada y se repitió el calvario de siempre.
Muy seguro apareció en escena Juan del Álamo, después de quitar por navarras y aguantar los mil capotazos de una brega que sin ser mala fue excesiva para hacerse con "Caluroso", que tuvo sangre caliente y pedía marcha para demostrar sus muchas virtudes. El mirobrigense se lo pasó muy cerca siempre, tras los dos primeras series se dio cuenta de que la clave era torear por bajo sin la necesidad de aliviar las embestidas; y aquello se convirtió en una fiesta; porque Juan supo conectar muy bien con los tendidos, conjugando el toreo fundamental con afarolados ligados al de pecho y remates con torerísimas trincheras, trincherillas y trincherazos en todas sus versiones, que sirvieron para darle calor al asunto. Arrebatados y con carácter los dos; mientras del Álamo alzó la voz con autoridad.
A Juan Ortega le tocó un novillo menos exigente con similares dosis de calidad. Le duró mucho y bien, y él no fue capaz de conectar con el público. Pecó de frialdad y le costó unirse a la fiesta que había empezado por todo lo alto. Algo similar le ocurrió a Fandiño, que tras el gran saludo capotero, se quedó solo en la plaza para interpretar un quite por altaneras en lo que era el reencuentro con la plaza en la que toreó en su etapa de "capa". Pero todo quedó ahí, se llevó el novillo con menos opciones y menos claro de todo el envío, y el torero se terminó contagiando de la vulgaridad de las embestidas de su oponente. No hubo conexión y sólo se pudo llevar las sensaciones del reencuentro con unos recuerdos de épocas pasadas no tan lejanos.