OLIVOS Y ACEITUNOS

Amonestación verbal y tarjeta amarilla al PP

26.05.2015 | 11:57
Urnas electorales.
Urnas electorales.

En un partido de fútbol cuando un jugador hace una falta un poco dura, pero no merecedora de tarjeta, el árbitro suele tirar de una amonestación verbal para advertirle de que a la próxima sí que le enseña la cartulina. Si esa segunda falta se produce, no se libra de la amarilla, y a la tercera no le queda más remedio que marcharse a vestuarios con una roja. El PP está en la segunda fase. Recibió la amonestación verbal en las elecciones europeas del pasado año y en estas autonómicas y municipales ya ha visto la primera amarilla. Si Rajoy sigue empecinado en hacer el avestruz y convertirse en el líder de una secta destructiva, en las generales de noviembre se expone a que los ciudadanos le muestren la cartulina roja.

El líder del Partido Popular está mostrando una actitud de pasotismo insultante cuando él es el único responsable de la crisis de su formación. No dio la cara tras el fracaso de las elecciones europeas dejando que Arias Cañete quedara herido de muerte y tampoco fue capaz de salir en la noche del 24M a la palestra para dar explicaciones. En este caso los quemados han sido numerosos alcaldes y presidentes autonómicos que, a pesar de realizar en muchos casos una buena gestión, han sufrido las consecuencias de los errores cometidos por el presidente del Gobierno. Como pronostiqué en mi anterior artículo de este blog, han pagado justos por pecadores.

Sí es cierto que muchos de esos barones autonómicos y municipales deberían haber alzado la voz antes, pero el PP suele castigar duramente a los díscolos salvo que se llamen Esperanza y se apelliden Aguirre. Ahora al menos parece que la paciencia se ha agotado y resulta esperanzador ver cómo Cristina Cifuentes reconoce que el resultado del 24M a nivel nacional es un fracaso y el propio Juan Vicente Herrera, con la fuerza que le da haber sido uno de los líderes autonómicos mejor parados, asegura abiertamente que Rajoy no debería ser de nuevo candidato a La Moncloa.

No voy ser yo el que niegue la recuperación económica, pero Rajoy debe cambiar radicalmente de actitud. No se puede fiar todo a una mejora que no llega al ciudadano y que ha dejado demasiados cadáveres. No se puede insistir en que no podemos dar marcha atrás a las reformas cuando la sanidad y la educación han quedado tocadas, la reforma laboral crea empleo precario, los impuestos siguen asfixiando a los más humildes y los autónomos siguen maltratados. Ese es el gran error de Mariano, negarse a aprovechar la recuperación para apostar por unas políticas que combinen la mesura en el gasto de la Administración con la recuperación de los derechos sociales y laborales. Mientras el presidente no vea eso, la tarjeta roja está empezando a asomar por el bolsillo de los españoles.

Entretanto, los alcaldes, y en menor medida los presidentes autonómicos, que sí han apostado por las ayudas sociales y la atención a los más desfavorecidos mientras hacían encaje de bolillos para cuadrar las arcas, tendrán ahora que fajarse en el difícil tablero de los pactos. Ese es el flaco favor que le ha hecho Rajoy a su gente. Incluso ha conseguido que el PSOE, teniendo un resultado electoral vergonzante, saque pecho como si fuera el ganador de los comicios.

El presidente del Gobierno está a tiempo para tomar la decisión más beneficiosa para los suyos: marcharse a su casa.

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