OLIVOS Y ACEITUNOS

Justos por pecadores

16.04.2015 | 11:41
Mariano Rajoy.

Nervios, intranquilidad, desasosiego, miedo, expectación? Estos son sólo algunos de los estados de ánimo que experimentan nuestros políticos en estos momentos ante lo que se avecina. Estamos en año electoral, pero no en cualquiera. Nos encontramos ante el momento más convulso y cambiante desde la Transición. Los que sólo hemos conocido la alternancia de PP y PSOE asistimos a un escenario diametralmente diferente a tenor de lo que nos dicen las encuestas. El temor a un Congreso de los Diputados, unos parlamentos regionales y unos ayuntamientos fragmentados e ingobernables planea sobre nuestras cabezas, pero especialmente provoca un quebradero de cabeza para los candidatos que han ostentado el poder hasta la fecha.

El votante es soberano y más tratándose de un país maduro con una democracia consolidada como la nuestra. Pero este dato no impide hacer un análisis crítico de determinados comportamientos a la hora de depositar la papeleta en las urnas. Por desgracia, las elecciones municipales y autonómicas se convierten a veces en una plataforma de castigo para el Gobierno central de turno. Sin merecerlo, un sinfín de alcaldes que han realizado una buena gestión en sus municipios se ven lastrados por las torpezas de sus superiores de Madrid. Aunque en numerosas localidades sigue imperando el voto a la persona por encima de sus siglas, en otras no ocurre lo mismo y el voto de castigo castiga (valga la redundancia) a quienes menos lo merecen. En definitiva, pagan justos por pecadores.

La nefasta imagen que tiene actualmente Mariano Rajoy después de casi cuatro años de promesas incumplidas, recortes en los servicios básicos y aniquilación de las clases medias, pueden pasar factura injustamente a candidatos municipales del PP que han hecho todo lo contrario que su presidente. Hay Ayuntamientos que, sin subir impuestos, ni recortar en el ámbito social e incluso haciendo nuevos proyectos y obras, han saneado las maltrechas cuentas que heredaron hace cuatro años. Eso hay que aplaudirlo y desligarlo por completo de las ansias de castigar al Gobierno del PP.

Ese voto de represalia ya se produjo en las municipales de 2011. Aquel año el Ejecutivo de Zapatero alcanzó cotas de desprestigio mayúsculas merced a una caótica gestión de la crisis que casi lleva al país al rescate. El PSOE recibió un soberano varapalo en aquellos comicios perdiendo numerosas alcaldías. De nada sirvió que esos regidores hubieran hecho una brillante labor en sus municipios, porque la losa de ZP les mandó a la oposición. Ahora el tiempo ha demostrado que el cambio político en algunos de esos pueblos y ciudades fue negativo.

Cierto es que hay alcaldes del PP que podían haber alzado más la voz contra algunas decisiones del Gobierno central, pero eso no es motivo para que el castigo del votante a Rajoy se extienda a las personas que no han sido partícipes de las polémicas decisiones de Mariano y su equipo. Además, en noviembre previsiblemente habrá unas elecciones generales. Ese será el momento en el que el pueblo tendrá que decidir si condena al presidente y sus políticas o, por el contrario, valora la mejora de los grandes índices macroeconómicos y le da su respaldo. Todo tendrá su momento, y adelantar al 24 de mayo las ansias de venganza puede ser a la larga un error de bulto.

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