OLIVOS Y ACEITUNOS

Un buen inicio para un camino nuevo

25.12.2014 | 22:56
El Rey, durante su discurso. | E.P.

Todos esperábamos con expectación el primer discurso navideño de Felipe VI. El de su padre llevaba años sin aportar nada nuevo y se había convertido en un tostón que se ponía como música de fondo en las conversaciones con familiares antes de la cena de Nochebuena. Sólo despertó algo de interés el año en que dijo que la justicia era "igual para todos", aunque luego resultó ser un cuento chino viendo cómo el fiscal Horrach, la Abogacía del Estado y el "manirroto" Montoro comenzaron a comer de su mano en el caso de la infanta Cristina.

La alocución del nuevo Rey fue directa, con un estilo claro y cercano y pasando, sin los tapujos que ponía su padre, por encima de algunos de los temas que más preocupan a los españoles en la actualidad. Sobraron los brindis al sol, las buenas palabras y los deseos de "paz y amor" con los que concluyó el discurso y que lo acercaron peligrosamente a esa clase política que se llena la boca de palabrería para hacer luego lo contrario. También le achaco que no hiciera una alusión más directa al caso de su hermana. Aunque fue contundente en sus palabras en lo referente a la corrupción, faltó un "y la Corona debe ser la primera en mostrar esa ejemplaridad en la vida pública" o "la institución ha sufrido un episodio lamentable que no se puede volver a repetir". Quizá es mucho pedir si rememoramos la tibieza de los discursos de Juan Carlos I, pero en los tiempos que corren, tanto los políticos como el jefe del Estado, deben ir un paso por delante de lo que está exigiendo la sociedad.

En lo referente a Cataluña, no está mal reconocer que existe un problema, aunque la clave es la forma de solucionarlo. Personalmente pienso que el diálogo con un cadáver político, heredero de corruptos y que ha hundido económicamente a su región y se ha saltado la ley a la torera como es Artur Mas, no es el camino. Cierto es que no se puede obviar un sentimiento independentista que ha crecido más de lo que esperábamos, pero eso no implica que haya que seguir teniendo concesiones para fomentar más la desigualdades en este reino de taifas que es el Estado Autonómico. Felipe VI abogó por la unidad y la integración para evitar que haya "desafectos emocionales". Buenas palabras, pero que trasladadas a los hechos son bastante complicadas de aplicar. El problema catalán se resuelve, por un lado, con firmeza y haciendo cumplir la ley, pero al mismo tiempo sin dejar como víctima a un nacionalismo que es el que intoxica a la población generando unos anhelos y deseos de división ficticios. Soy de los que piensa que una estabilidad política y económica en España aplacaría ese espíritu independentista, ya que los catalanes no tendrían la necesidad de caminar hacia el abismo de la secesión.

La parte del mensaje que dedicó a la crisis económica dejó una frase importante que acerca la institución monárquica al pueblo: "la economía debe estar al servicio de las personas". Puede parecer una perogrullada, pero se ha convertido en la clave para que España salga del agujero en el que está metida. Es uno de los lemas de Podemos, pero debería ser la bandera de cualquier partido político que aspire a resolver los problemas de la gente. El sistema actual hace aguas y para rescatarlo, nuestros gobernantes han exprimido más a la población exigiéndole unos sacrificios desorbitados que no se han aplicado en las altas esferas. Una economía como la española no puede permitir que haya niños en la pobreza, que miles de hogares tengan a todos sus miembros en paro, que el desahucio esté a la orden del día y que encima no se ofrezcan alternativas y que las empresas tengan tan fácil acometer despidos y recortar salarios. La frase del Rey no es más que un deseo de que la economía resuelva esos problemas con total prioridad y no se convierta en un yugo que ahogue a los ciudadanos.

Felipe VI es inteligente. Sabe que su padre, con su comportamiento en los últimos años, quemó un cartucho que ha dejado a la Corona en una situación delicada. Por ello es consciente de que debe caminar con pies de plomo para no cometer errores y mostrarse lo más cercano posible a un pueblo que lo está pasando muy mal. También sabe que un discurso en el que exija ejemplaridad a los políticos para que se ocupen de los problemas reales de la población, va a calar y le hará ganar puntos entre los españoles. Algunos le acusarán de ambigüedad, de querer contentar a todos, e incluso del recurrente populismo, pero lo cierto es que se está jugando su supervivencia como jefe del Estado. Por ello el discurso de esta Navidad es un buen comienzo para este tiempo nuevo que nos espera.

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