OLIVOS Y ACEITUNOS

El miedo a perder la mamandurria

27.05.2014 | 13:31
Una persona introduce su voto en una urna. | Barroso

Tras conocerse los resultados de las elecciones europeas del pasado domingo los cabezas de lista de los dos grandes partidos comparecieron ante la prensa con el gesto en su rostro de quien ha visto un fantasma. Por primera vez en democracia, PP y PSOE han experimentado el miedo a perder la mamandurria, es decir, los suculentos sueldos, dietas y complementos de los que gozan; los cargos de confianza y asesores que colocan a dedo; las pensiones vitalicias que les garantizan una vida placentera, etc. Obviamente es difícil acabar con todos estos males, pero al menos han visto las orejas al lobo y eso es satisfactorio para una población esquilmada, estafada y cansada de una clase política que ha considerado que sólo los ciudadanos debíamos asumir los sacrificios de la crisis.

Las primeras reacciones a la debacle del bipartidismo no han tardado en llegar: Rubalcaba tira al fin la toalla y el PP pondrá en marcha un "plan de dinamización" para recuperar a los votantes perdidos. Ojalá me equivoque, pero todo me suena a un lavado de cara para dar la impresión de un cambio que no cambiará nada.

Esa es sin duda la parte positiva de unos comicios que también tienen su lado negativo. El sorprendente ascenso de Podemos y su populismo no es la solución a los males del bipartidismo. Es cierto que algunas de sus propuestas son compartidas por gran parte de la población porque suenan muy románticas, pero ellos mismos saben que ponerlas en práctica requeriría un cambio del sistema de arriba abajo. Eso implicaría salir del euro y de la UE y convertirnos en una especie de república aislada con muy buenas intenciones, pero sin un duro para llevarlas a cabo. Sería algo parecido al "jodidos pero contentos". La UE es el origen de muchos de nuestros problemas, pero tenemos que considerarlo un mal necesario. Hay que asumir que fuera de ella está el abismo y por lo tanto tenemos que luchar por cambiarla para que deje de ser ese lastre que ha agravado los problemas de la crisis.

Otro de los peligros del partido liderado por Pablo Iglesias es que su aliado natural es IU, una coalición crecida por los últimos resultados que reforzarán su discurso radical y trasnochado. Un país en manos de personajes que no creen en España, que denostan a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, que apuestan por las puertas abiertas a la inmigración y que guardan aún el rencor por haber perdido una Guerra Civil que no vivieron, es un país abocado al desastre.

Pero los resultados son los que son y hay que respetarlos. Sinceramente hubiera preferido que el voto del descontento con PP y PSOE hubiera ido a parar a UPyD, Ciudadanos e incluso a Vox. Tres partidos con planteamientos sensatos y realistas que quieren acabar con la mamandurria, pero que no caen en el populismo utópico de Podemos.

Las europeas han sido un toque de atención, pero dudo mucho que en las próximas municipales y autonómicas se repita la ecuación. Y más si cabe si la situación económica del país se va enderezando aunque de momento esos efectos no lleguen ni por asomo a la población. Al menos al Gobierno se le quitarán las ganas de seguir exprimiéndonos con sus medidas de "ajuste". Es una buena señal que la CEOE ya esté triste porque da por seguro que los resultados electorales frenarán la agenda "reformista" del Ejecutivo. En este caso su tristeza es nuestra felicidad y tranquilidad.

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