OLIVOS Y ACEITUNOS

El cuento de Navidad del Rey

10.12.2013 | 13:22
El Rey, la Infanta Cristina y Urdangarin.

Como cada año, el Rey volverá a asomarse nuestros televisores el día de Nochebuena para mandarnos un mensaje que cada vez escuchan menos españoles y que cada año que pasa suena más a ficción. Más que un mensaje, la charla del monarca se podría calificar como cuento ya que a estas alturas de la película sólo unos cuantos ilusos se toman en serio las cosas que salen de la boca del "cazador de Botsuana".

En el año 2011, con el ´caso Nóos´ recién nacido y con Urdangarin en la picota (a la Infanta Cristina en aquel momento no le salpicaba nada) don Juan Carlos soltó una lapidaria frase en su mensaje navideño: "La Justicia es igual para todos". Todo el mundo lo interpretó como un mensaje rotundo de que el duque de Palma iba a ser tratado por los jueces y fiscales como un ciudadano más y algunos se lo creyeron. Dos años después, su querida hija Cristina está tan metida en el fango del trinque como su marido y ahora me pregunto: ¿La Justicia sigue siendo igual para todos? Está claro que no, porque mientras los ciudadanos de a pie sólo tendríamos una defensa –o dos a lo mucho- en un proceso judicial (nuestro abogado que pagaríamos religiosamente y el fiscal si se da el caso), la Infanta Cristina tiene tres y encima de postín (su influyente abogado que pagamos todos, la Fiscalía con mayúsculas y la Agencia Tributaria). Sólo falta que el juez se rinda a sus encantos y tenemos el pleno, aunque por suerte José Castro no se deja amedrentar de momento por tanta presión indecente.

Esta rocambolesca situación en la que Gobierno y Fiscalía compiten por ver quién tapa mejor la mierda de la hija del Rey ha provocado que todo lo que diga el monarca en su discurso muchos lo tomaremos a pitorreo, a auténtico cuento chino. Para que la escenita de Nochebuena no resulte tan aburrida propongo que este año el cuento lo lea el ministro Montoro. El manirroto que dirige Hacienda ya es uno más de la Casa Real si tenemos en cuenta que está hipotecando su puesto para salvaguardar el enfangado honor de la duquesa de Palma. A este paso lo vemos contrayendo matrimonio con la otra Infanta, Elena. Sin duda alguna sería un buen sucesor de Marichalar.

Ironías al margen, la democracia española no sería tal si al final la Casa Real se sale con la suya y la Infanta Cristina no es imputada a pesar de las pruebas tan concluyentes que hemos conocido. Pero lo más grave es que Gobierno y Fiscalía están haciendo el más absoluto de los ridículos al tratar de evitar que el juez Castro consiga que la duquesa se siente ante él. La Agencia Tributaria encadena chapuza tras chapuza y el fiscal Horrach y su jefe Torres-Dulce ya no saben qué decir para seguir poniendo piedras en las ruedas del magistrado cordobés. Deben pensar que los españoles somos completamente idiotas y no nos damos cuenta de semejante teatro. Un patético teatro que da más argumentos para acabar de perder la confianza en los políticos y la Justicia, o más bien en la "polijusticia" que es lo que se lleva en este país.

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