OLIVOS Y ACEITUNOS

La gran farsa del 11-M

19.02.2012 | 05:45
Monumento a las víctimas del 11-M.
Monumento a las víctimas del 11-M.

Casi ocho años después de los atentados más sangrientos que ha sufrido España, una parte de la opinión pública prefiere olvidar los sucedido, el PSOE acepta la versión oficial porque ellos mismos la impulsaron y el PP opta por no hablar del tema porque si lo hace le acusan de conspiranoico aunque sus dirigentes no se traguen la sentencia. A pesar de todo, hay muchos españoles que estamos convencidos de que no se sabe toda la verdad como así lo viene demostrando el diario "El Mundo" en una labor de investigación encomiable que dignifica esta profesión llamada periodismo.

Creo firmemente que el Gobierno de José María Aznar no mintió tras el 11-M a pesar de que estoy igualmente convencido de que ETA no tuvo absolutamente nada que ver con los atentados. Me explico. Algunos mandos policiales "políticos" que había en 2004 eran heredados del anterior Gobierno de Felipe González. Aznar cometió el gran error de no mandarlos a sus casas cuando llegó al poder en 1996 y esas personas se dedicaron a trasmitir informaciones erróneas a Ángel Acebes mientras filtraban otros datos muy diferentes a Rubalcaba, entonces portavoz socialista. Esa es la única explicación de las supuestas mentiras del Gobierno y de lo "bien" informada que estaba la oposición.

En la vertiente judicial del caso, las informaciones de "El Mundo" y de periodistas incansables como Luis de Pino me han convencido de que el juicio se sustentó en pruebas falsas que aparecieron por arte de birlibirloque como la mochila de Vallecas, el vídeo y la furgoneta Kangoo. Con las "pruebas" en la mesa había que pillar a un cabeza de turco que pagara el pato, y ese fue Jamal Zougam. Los españoles no podemos estar orgullosos de un sistema que permite que un hombre inocente como es él se vaya a pasar toda la vida en la cárcel. La justificación de esta condena a más de 40.000 años de cárcel la explica el juez Gómez Bermúdez en sólo 17 líneas. Insólito. Elucubra sin pruebas sobre la supuesta relación de Zougam con Al Qaeda y asegura que las tarjetas de los móviles que se usaron para activar las bombas se vendieron en su tienda del barrio madrileño de Lavapiés. Algo estúpido de todo punto ya que nadie es tan tonto de poner unas bombas en unos trenes y activarlas con unos móviles cuyas tarjetas las ha vendido en tu propia tienda. Para rematar la farsa, el juez asegura que tres testigos rumanos (un hombre y dos mujeres) vieron a Zougam en los trenes la mañana del 11-M. Uno de ellos sólo lo reconoció tras verlo en una foto en Barajas, otra lo inculpó para cobrar la indemnización como víctima del atentado a pesar de no haber estado en ningún tren y la última engañó a la Policía, inventó datos y cambió de versión. Vamos, unas joyitas.

Si la Justicia de este país quiere salvar su honor y si la democracia española quiere considerarse como tal es imprescindible que se repita el juicio contra Jamal Zougam. De lo contrario, muchos dejaremos de creer en un sistema que permite que un hombre inocente sea condenado a más de 40.000 años de prisión y pague por la masacre más atroz que ha sucedido en Europa.

Nadie de los que no nos creemos la versión oficial estamos lanzamos acusaciones, sólo ejercemos nuestro derecho a hacernos preguntas y pedimos que se siga investigando. Creo que eso no puede hacer nunca daño a nadie salvo a los que tengan que ocultar algo y la verdad les sea incómoda.