OLIVOS Y ACEITUNOS

La memoria ´histérica´

19.02.2012 | 05:45
El Valle de los Caídos.
El Valle de los Caídos.

Considero de suma importancia que los españoles conozcamos bien nuestra historia y nunca la perdamos de vista. No sólo para aprender de los errores, también para ser capaces de entender lo que somos en la actualidad. Pero una cosa es esa y otra bien distinta usarla para confrontar, generar odio e intentar mover el foco de los problemas de hoy en día a un pasado que es el que es y ya no se puede cambiar. La izquierda, especialmente la actual, es experta en reabrir viejas heridas y buscar una venganza contra no se sabe quién.

Parecen olvidarse de que la Transición, si algo bueno tuvo, fue que supo cerrar sin enfrentamiento y sin rencor un periodo triste de nuestra historia para dar paso a una convivencia democrática. Si en aquel momento los comunistas y socialistas no reclamaron venganza, es incomprensible que sus herederos del siglo XXI la pidan.

Siempre defenderé el derecho que tienen las familias de las víctimas de ambos bandos de la Guerra Civil a recuperar los restos de sus antepasados. Creo incluso que se les tiene que facilitar esa labor al máximo, pero eso no significa que haya que hacer de este asunto una cruzada política. Un ejemplo lo hemos tenido con el absurdo informe que encargó el "difunto" Gobierno de Zapatero a unos expertos para que resolvieran el futuro del Valle de los Caídos. En una España azotada por la crisis es un insulto a la inteligencia que nuestros gobernantes se preocupen de si deben estar allí o no los restos de Franco. Los únicos autorizados a tomar esa decisión son sus familiares, por lo tanto cualquier debate sobre este asunto no tiene ningún sentido.

Cuando se producen noticias como ésta, al igual que cuando Garzón inició su quijotesca cruzada contra el franquismo, algunos "progres" saltan como un resorte vomitando toda su bilis. No comprendo que políticos que no vivieron la Guerra Civil y que, incluso nacieron en los últimos años de vida de dictador, guarden tanto rencor acumulado. A veces pienso que esta gente tiene más ganas de que resucite Franco que los propios franquistas, para poder tener un blanco de sus iras, aunque al mismo tiempo estoy seguro de que la mayoría no tendrían arrojo para toser ni una sola de sus decisiones. Dentro de esta "fauna" nos encontramos a otros tipos que tienen un pasado familiar y personal claramente ligado a la dictadura (Juan Luis Cebrián, por ejemplo) pero que intentan ocultarlo vertiendo odio y más odio contra la derecha. Incluso algunos —como bien apuntó en su columna del pasado 1 de diciembre una de las mejores plumas de LA GACETA, Juan Carlos García-Regalado— se inventan una historia falsa que les coloca como destacados antifranquistas cuando se plegaron totalmente al régimen. Curiosamente los que de verdad lucharon contra Franco (el recordado José Luis López de Lacalle o Carlos Martínez Gorriarán, por poner dos ejemplos) son los que menos intentan remover la historia y no sacan pecho de su labor durante aquellos años.

Los españoles tenemos que tener claro que si queremos progresar y salir de la crisis es imprescindible preocuparnos de los retos que tenemos por delante y no perder ni un minuto en darle vueltas a la Guerra Civil, debatir sobre el Valle de los Caídos, intentar quitar el medallón de Franco de la Plaza Mayor, pedir el certificado de defunción del dictador y otro sinfín de ocurrencias propias de los que se niegan a aceptar que estamos en una democracia que se basó en una sencilla palabra: reconciliación.